Lucía Medina pone rostro a la cirugía fetal de espina bífida número 19 en el Virgen del Rocío: "Mil millones de veces lo volvería a hacer"

La mujer abrió su embarazo al mundo a través de TikTok, narrando el dolor y la esperanza mientras su bebé se sometía a una intervención de la que el hospital fue pionero en España

Nuevo hito en el Virgen del Rocío de Sevilla: nace un nuevo bebé intervenido de espina bífida durante el embarazo

Lucía Medina arropa en sus brazos a su bebé, en una imagen reciente enel hospital.
Lucía Medina arropa en sus brazos a su bebé, en una imagen reciente enel hospital. / M. G.

Lucía Medina no imaginó que su embarazo acabaría convirtiéndose en una conversación abierta con miles de personas. Entró en el Hospital Universitario Virgen del Rocío con miedo, con un diagnóstico que pesaba como una losa y con apenas 500 seguidores en TikTok. Hoy, mientras su hijo se recupera en neonatos tras una compleja cirugía fetal por espina bífida, casi 10.000 personas han llorado y reído con ella al otro lado de la pantalla.

Porque Lucía no ha contado solo el avance médico. Ha contado la morfina, las contracciones tras volver a introducirle el útero en el cuerpo, las noches sola en una habitación de hospital, la Nochebuena lejos de sus hijos, el miedo cuando los médicos le dijeron que su vida estaba en riesgo. Y también ha contado la fe, la culpa por haber preguntado "¿por qué a mí?" y el instante exacto en que vio la cara de su bebé y supo que todo "había merecido la pena".

Su perfil de Tik Tok donde ha contado todo el proceso.
Su perfil de Tik Tok donde ha contado todo el proceso.

Su hijo se ha convertido en el bebé número 19 intervenido con cirugía fetal abierta por espina bífida en este hospital público andaluz, referente en esta técnica. Detrás del dato hay un equipo coordinado por el doctor Guillermo Antiñolo que perfecciona un procedimiento capaz de cambiar el pronóstico de una de las malformaciones congénitas más complejas del sistema nervioso. Pero, más allá de la técnica, Lucía ha puesto voz, y rostro, a lo que significa atravesar ese proceso desde dentro.

"Me dijeron que me podía morir"

El diagnóstico llegó con palabras difíciles de asimilar: mielomeningocele, ventrículos inflamados, líquido en la cabeza, médula anclada. En Córdoba, donde reside la familia, le hablaron de la gravedad. En Sevilla le ofrecieron la posibilidad de intervenir dentro del útero.

"Me preguntaron si quería interrumpir o operarme", recuerda. "Yo quería saber los pros y los contras. Me dijeron que no cura la enfermedad, pero que podía evitar que fuera a más", añade.

La operación no era menor. "Me dijeron que me podía morir. Que mi vida estaba en riesgo. Que mi vida era antes que la de mi hijo y que eso tenía que quedar claro", relata. La intervención consistía en extraer el útero con el bebé dentro, reparar microquirúrgicamente la lesión en la espalda del feto y volver a introducirlo para que la gestación continuara.

Lucía lo cuenta sin dramatismos impostados. "Los tres primeros días estuve con morfina y epidural, con mucho dolor", explica. Aun así, lo repetiría. "Mil millones de veces. Igual que lo haría por cualquiera de mis hijos".

La ciencia que cambia el pronóstico

El programa, coordinado por el profesor Antiñolo, reúne a especialistas en medicina materno-fetal, neurocirugía pediátrica, anestesia y neonatología en un modelo multidisciplinar.

La cirugía fetal abierta para la espina bífida no es una promesa milagrosa. Tiene riesgos, exige una selección rigurosa de los casos y solo puede realizarse en centros con experiencia acreditada. Pero está transformando el horizonte de muchas familias.

"El defecto no tiene cura a día de hoy", explica el doctor. "Lo que hacemos es reparar la lesión dentro del útero, antes de que el líquido amniótico y los traumatismos intrauterinos sigan dañando la médula".

En el caso de Lucía, la cirugía se realizó en la semana 25. Rompió la bolsa en la 31. Lograron prolongar el embarazo hasta la 33, cuando nació por cesárea programada con algo más de dos kilos. "Treinta y tres semanas es mucho más que veinticinco. El feto estaba estupendo", subraya el especialista.

Tres meses en el hospital

Si la técnica es compleja, el posoperatorio no lo es menos. Lucía pasó casi tres meses ingresada. Decidió que su pareja se quedara en Córdoba para cuidar de sus otros dos hijos, de 13 y casi 6 años.

"Entre semana estaba sola. Daba paseítos por el pasillo, hablaba con las enfermeras… pero hay veces que la soledad pesa". Pasó la Nochebuena sin sus hijos. El Día de Reyes, los regalos se amontonaron sobre la cama del hospital. "Ha sido duro. Y eso también quiero que se cuente. No sólo lo bonito", insiste.

Hoy su bebé sigue en neonatos, cicatrizando la herida de la espalda. Aún no saben cuál será la movilidad de sus piernas. "Las rodillas parece que sí las mueve algo. Las piernas todavía no lo sabemos", cuenta. Pero cuando lo mira, no hay duda. "La gente me dice que yo le he dado la vida a él. Él me la ha dado a mí", sentencia.

En mitad de ese aislamiento abrió una ventana inesperada: TikTok. Entró en el hospital con 500 seguidores; hoy roza los 10.000. Empezó subiendo vídeos sencillos, directos contando cómo se sentía, cartas escritas a su hijo. "Si tenía que llorar, lloraba. Si tenía que reírme con la gente, me reía", afirma.

Su relato ha conectado porque no es épico ni edulcorado. Es crudo y luminoso al mismo tiempo. Y demuestra que, detrás de cada avance médico, hay una madre que decidió arriesgarlo todo para darle a su hijo más posibilidades desde antes de nacer.

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