El origen sacro de algo muy pagano
Afluencia masiva de público en la XX Fiesta del Mosto y de la Aceituna Fina del Aljarafe en Umbrete
"Bienvenidos a Umbrete, Ciudad del Mosto". Este es el lema que recibe al visitante en la entrada de la localidad del Aljarafe sevillano. Una villa que tiene que ahondar en los tiempos de la conquista, cuando los arzobispos fomentaron el cultivo de la vid en estas tierras, para conocer el origen de lo que unos siglos más tarde se ha convertido en una consolidada tradición: la Fiesta del Mosto.
Todas la previsiones de asistencia se superaron y en la que ayer fue su XX edición 35.000 personas pudieron degustar de forma gratuita el mosto del lugar, un vino que siempre se tomó acompañado de la que es la otra protagonista de la fiesta: la aceituna fina del Aljarafe.
Dos carpas cobijaron a 46 stands que mostraban lo mejor de Umbrete. A los 2.500 litros de mosto que las Bodegas Salado ofrecieron para la degustación y a los 3.000 kilos de olivas de Aceitunas Escamilla, se sumó una amplia zona gastronómica, donde los restaurantes, asociaciones y peñas también exhibieron sus productos, a un módico precio (1 euro la bebida, 2 euros la tapa y 6 la ración).
Allí se encontraba Paqui Arcos, propietaria de Restaurante Rufino, -un clásico por sus pavías, croquetas caseras y migas, entre otras especialidades-, que ayer recordaba la historia de una fiesta que se ha celebrado de forma intermitente a lo largo del tiempo pero que surgió de forma modesta en 1968: "Cuando la fiesta se hacía en la plaza y las chavalas vendíamos el mosto en unas cestitas".
En este nacimiento mucho tuvo que ver el que fuera alcalde y propietario de las Bodegas F. Salado, Francisco Salado, promotor de la fiesta que ayer no quiso perderse la celebración.
Entre las entidades sociales, el AMPA Educando del CP Ruperto Escobar que participaron vendiendo sus tapas con el fin de recaudar fondos para realizar una cubierta en el patio del colegio. Tras la barra, todos se involucraron en preparar una fiesta que esperaban les saliera rentable y que ya miraban con positivismo "porque el año pasado llovió y no se recaudó casi nada", explica Yolanda, madre del AMPA.
Que esta localidad deba gran parte de su desarrollo turístico y económico a la fabricación y comercialización del mosto es una realidad, aunque los viñedos sean escasos dentro de sus fronteras y dos las bodegas dedicadas a su explotación (Salado y Antonio Herrera). Ayer, en el stand de Bodegas Salado (empresa familiar fundada en 1845), Eduardo Cabrera describía la calidad de un vino "único" cuyas vides se encuentran en Carrión de los Céspedes y Huévar.
"Desde que se pisa la uva hasta su consumición pueden pasar unos 40 días. Con el tiempo el mosto va perdiendo el azúcar y va ganado en alcohol. Él solo se convierte en vino", reseñaba Cabrera, quien añadió la multitud de variedades que fabrican: "Espumoso, fina, solera, de pasas, joven o el vinagre de yema".
También de principios del siglo XX y de origen familiar es la empresa Aceitunas Escamilla. Fundada en 1930, Carlos Arcos Escamilla aclaraba como además de los 3.000 kilos de degustación (de gordales verdes aliñadas y de manzanilla fina del Aljarafe) en el expositor se concentraban unos 300 kilos más .
Entre los productos que se vendían ayer en el expositor de Escamilla destaca la modalidad de la aceituna al mojo canario "que comercializamos con éxito en Canarias", explicó este joven empresario que también reseñó como la modernidad no esta reñida con la calidad y como el cuidado al medio ambiente se ha convertido en una necesidad con la producción industrial. Por ello, "hemos incorporado una depuradora pionera en el sector".
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