EL TIEMPO
Aviso amarillo por lluvia en Sevilla

Con el otoño les llegó la primavera

Calle Rioja

Reencuentro. Los alumnos de la promoción 1959-1964 de Filosofía y Letras, sección Historia, se unieron medio siglo después para recordar vivencias comunes

Los alumnos de la promoción 1959-64 de Filosofía y Letras, en el restaurante en el que se reunieron.

24 de septiembre 2012 - 05:03

EL brindis coincidió con la llegada del otoño, pero se habían reunido para celebrar su particular primavera. No conmemoran nada, pero tienen mucho que celebrar: en primer lugar, que la inmensa mayoría están ahí para contarlo, para contarse que formaron parte de la promoción 1959-1964 en la Facultad de Filosofía y Letras de Sevilla, sección de Historia. Aunque las bodas de oro las harán dentro de dos años, licenciados de 1964, el año del gol de Marcelino, el sábado se dieron cita, una cita a ciegas con mucha vista, en el restaurante 5 Jotas de la calle Castelar.

En los comensales, como entonces en las aulas cuando empezaron a conocerse, había un curioso equilibrio paritario, armonías numéricas de este tiempo de lo políticamente correcto. Más de medio siglo después de verse por primera vez en la Fábrica de Tabacos, aparecieron las chicas: Felisa Angulo, Emilia Caracuel, Amparo Florencio, Soledad Miranda, Adela Perea, Enriqueta Quesada, Cristina Royo, Teresa Sánchez de la Cuesta y Asunción Zapata. Y también los chicos: Teodoro Falcón, Juan Manuel Nieto, Francisco Luis Ortiz, Juan Manuel Rodríguez Gordillo y Rafael Sánchez Mantero. "Arbide también es de nuestra promoción, pero con lo del teatro él entraba y salía".

Llegaban a la Universidad desde sus respectivos colegios y en la mayoría de los casos, al licenciarse, regresaron ya como docentes de Historia a diferentes institutos. Sus alumnos a partir de mediados de los sesenta, en la ahora denostada enseñanza de esa década, se beneficiarían de la llegada a sus centros de un joven profesorado que atesoraba el impagable bagaje de las clases de José Luis Comellas, Juan de Mata Carriazo, José Antonio Calderón Quijano, Agustín García Calvo, Antonio Blanco Freijeiro, Octavio Gil Munilla, Francisco López Estrada o Jesús Arellano.

"García Calvo era para nosotros don Agustín", recuerda Adela Perea, "despertaba admiración, se estuviera o no de acuerdo con él, y te hechizaba cuando recitaba en clase el griego clásico". El legado de los seminarios de Comellas, todos en torno a una mesa, o las excursiones científicas a algún yacimiento con el profesor Carriazo. "Hay quien se cambió de ciudad por un suspenso de Carriazo". El viaje de fin de carrera lo hicieron a Alemania; contaron con apoyo logístico del Instituto de Emigración, gracias a la gestión del futuro catedrático Miguel Rodríguez-Piñero, entonces novio de una de las alumnas. Fueron a Munich, a Nuremberg, pasearon por el Rhin, y pasaron unos días menos académicos en París.

Teodoro Falcón y Rafael Sánchez Mantero se convertirían con el tiempo en dos destacados catedráticos de Historia de la misma Universidad a la que llegaron como alumnos. De la misma quinta es José Manuel Rodríguez Gordillo, que vivió su particular semana de gloria: el miércoles, su hermano Luis, el pintor, inauguró una exposición en la galería Rafael Ortiz; el jueves, se presentó en los Pinelo el libro Carmen. Biografía de un mito con el que Rodríguez Gordillo ha ganado el premio Antonio Domínguez Ortiz de biografías. Y el sábado se dio este baño de nostalgia.

Siempre hubo puentes, y no sólo académicos, entre Filosofía y Derecho. "Ellos fueron más políticos que nosotros", cuenta Adela Perea. "Yo recuerdo a Felipe González esperando en el patio de la Facultad a su novia, que estudiaba Filosofía. Había mucha relación, entre otras cosas porque Derecho tenía bar y nosotros no". Eran dos cursos comunes hasta las especialidades de Historia General o Historia de América. Los que eligieron otras se fueron a otras Universidades: Madrid, Granada o Salamanca si optaban por Clásicas.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último