los invisibles

"Soy un renacentista de chichinabo; hago de todo, bien o mal, pero lo hago"

  • Antonio Rueda Román. Hijo de cristalero, sigue la tradición desde 1983 en el entorno de calle Feria. Le apasiona la historia oculta de la ciudad que aparece en lápidas e inscripciones

El cristalero Luque, en el nuevo local al que se trasladó en enero en la calle Guadiana. El cristalero Luque, en el nuevo local al que se trasladó en enero en la calle Guadiana.

El cristalero Luque, en el nuevo local al que se trasladó en enero en la calle Guadiana. / josé ángel garcía

Se mudó de la Cruz Verde a la calle Guadiana. Un giro de noventa grados junto al Jueves de Antonio Rueda Román (Sevilla, 1967), Luque en su cristalería.

-¿Conoce la historia de los ojos del Guadiana? Suenan a reflejo de un cuento de Borges...

-Ha habido clientes que con el cambio se han ido a la calle Guadalquivir o Guadalete.

-En su libro Viaje a Portugal, Saramago dice que el río es un espejo en el que se reflejan Alcoutim y Sanlúcar de Guadiana, unidos por un barquero...

-(El barquero sigue, apunta un cliente). Vamos mucho a Burguillos del Cerro, un pueblo de Badajoz, y pasamos a Portugal.

-Dicen que además de cristalero es músico...

-Yo soy un renacentista de chichinabo. Hago de todo, peor o mejor, pero lo hago. La música es para mi hija Julia, que estudió violonchelo. Mi mujer se apuntó al Conservatorio y así entré en el coro. Empezamos con villancicos y hemos llegado a hacer el Aleluya de Häendel.

-La casa donde nació Cernuda terminó siendo una cristalería. ¿Piensa en el camino inverso, de la cristalería a la poesía?

-Por aquí vienen muchos artistas y se te impregnan su arte y sus indecisiones. Son muy indecisos cuando no están consagrados. Después, les cambia la personalidad. En eso, son todos iguales. El artista es un tipo clavadito.

-¿A Sevilla le gusta mirarse en el espejo?

-Más que en el espejo, en el ombligo. Aquí cerca tiene su estudio Andrés Marín, bailaor. Es un innovador y dice que Sevilla no es receptiva a las cosas nuevas.

-Con la cantidad de cosas nuevas que llegaron a la ciudad...

-Pero parece que la novedad asusta.

-¿El cristal es más escaparate o profundidad?

-Para mí tiene más de escaparate, es demasiado diáfano. Parece que el cristal es de fundación griega o romana. Nadie ha podido mejorarlo y mucha gente lo ha intentado: el polivinilo, el metacrilato. Más caros, pero no consiguen superarlo. El único defecto del cristal es la fragilidad, pero si no se rompiera de qué vivía yo. Si los cristales no se rompieran a mí me duraría esto dos meses.

"Más que en el espejo, a Sevilla le gusta mirarse en el ombligo, es muy poco receptiva a lo nuevo"

-¿Qué hace cuando sale del espejo?

-Estoy escribiendo anécdotas de la posguerra. Mi abuelo decía que no era sevillano, sino macareno. Me gusta la genealogía y estoy buscando a mis ancestros.

-Es lo que decían los trianeros...

-Para él, el bar Plata y la calle de don Fadrique eran otro mundo.

-Ha escrito sobre inscripciones funerarias y las columnas de la Alameda. ¿En qué anda ahora?

-Estoy haciendo un trabajo sobre placas de la ciudad. De Cernuda hay unas cuantas, y de la ruta de la ópera. A veces encuentras nexos curiosos. Hay una placa en la calle Villegas, junto al Salvador, que está relacionada con el Hombre de Piedra y su leyenda de que se quedó de piedra por no arrodillarse ante una imagen.

-¿Con qué maderas trabaja?

-La samba, como el baile, el ramín. Vienen de África y América. Poco pino porque se dobla.

-¿Cristalero por familia?

-Cuando murió, mi padre tenía una empresa de aluminio, un taller de marquetería, de cristalerís, una empresa a medias de reparto de papel. Elegí la cristalería porque puede hacer todo el proceso una sola persona.

-¿Su primera mudanza?

-¡Qué va! Siempre persiguiendo artistas. En Palacios Malaver, abrí en 1983 junto al bar Hermanos Núñez en un taller de un hombre que hacía faroles granadinos y se los suministraba a la duquesa de Alba. En la Cruz Verde había una peletería artesana y aquí el taller del imaginero Bejarano. Es una zona de artistas.

"El único defecto del cristal es la fragilidad, pero si no se rompiera de qué vivía yo, el taller me duraba dos meses"

-Su patio está lleno de cruces sin cruces. ¿Perfil cofrade?

-Relación amistosa y profesional. Aquí viene con un encargo el prioste de Montesión o el hermano mayor de los Javieres.

-¿Dónde se inspira?

-He sido devorador de novelas, pero el ensayo te da mucha más información.

-¿Cambiaron los tiempos?

-Mis padres se conocieron en un corral de la calle Arrayán. Había que casarse pronto, salir de casa y trabajar, porque la esperanza de vida era menor que ahora.

-¿Hay muertos muy vivos?

-He encontrado cien tumbas nuevas. Los muertos dicen mucho y se mueven demasiado. Viajan más que nosotros.

-José Agustín Goytisolo le dedicó Palabras para Julia a su hija Julia...

-Un día vi en Sevilla a Juan Goytisolo. Estaba en el taller de Mesón del Moro de Ben Yessef, le había ilustrado un libro de poemas.

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