Los Reyes de la Cabalgata son los niños
Un gran aguacero sorprendió en la salida de la carroza del rey Baltasar en una tarde donde los caramelos triunfaron y la calle Asunción volvió a ser el lugar de fiesta para los jóvenes
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La tarde del 5 de enero vuelve a demostrar que los sevillanos aprovechan cualquier oportunidad para vivir en la calle y que, si como decía Manu Sánchez “nada es más verdad que Melchor, Gaspar y Baltasar”, se puede añadir que nada une más que la espera del paso de la Cabalgata. Hay reglas inquebrantables: los niños en primera fila, los caramelos son de quien lo coge y se grita a todo volumen, se canta y se aplaude toda música que suene de las bandas del cortejo. Palillos y panderos, Bajo el Mar, Ya vienen los Reyes Magos, Ni más ni menos, Será por qué te amo, Mi gran noche... El caso es divertirse y bailar con los niños, que disfrutan al ver a los mayores dejarse llevar por la alegría.
El 5 de enero amaneció a las seis y media de la mañana en casa de Álvaro. Aún era de noche y bajó las escaleras gritando: “Esta tarde veo a Baltasar”. Y lo cumplió, doce horas después, le gritó con todas sus fuerzas todos y cada uno de los regalos a un rey que no paró de tirar caramelos durante todo el recorrido. Tampoco la pequeña Chantal y su amiga Carla desde la carroza del Juego de la Oca. Felipe es uno de los que ha pasado de coger caramelos a salir de voluntario en la carroza del rey Gaspar. Los niños crecen, pero la tarde de Reyes siempre permanece.
La magia del 5 de enero transforma la lonja de la Universidad en una exposición de vehículos de fantasía y recuerdos que son las carrozas. La renovación que el Ateneo está realizando del cortejo le está dando una acertada dimensión estética, que crece cuando llega la noche. Guiños históricos como la boda de Carlos V e Isabel de Portugal en el Real Alcázar, a los tebeos con Zipi y Zape, historias de siempre como la Cenicienta o El Principito, indios, todo un imaginario que une infancias de padres e hijos, de abuelos y nietos. Por eso la Cabalgata une, puso en práctica hace muchísimos años eso de ser intergeneracional.
Hasta los más serios se emocionan ante sus majestades. Los dos momentos más protocolarios de la salida son la foto del cortejo en el patio de la Universidad y la coronación en el balcón de la antigua Facultad de Ciencias. Por cierto, el de la coronación fue uno de los primeros actos de la recién nombrada rectora de la Universidad de Sevilla, Carmen Vargas, que como “dueña del castillo de Oriente en Sevilla” coronó al rey Melchor. En ambos actos los cantos de los beduinos, pidiendo que boten sus majestades o anunciando Qué viene, que viene son ya un clásico de la fiesta.
Hay muchas ganas de pasarlo bien en la antigua Fábrica de Tabacos. Queda poco para salir, las carrozas están listas, es el momento de la coronación y todas las miradas se dirigen al balcón. El presentador anuncia que sale la Estrella, de elegante blanco, “radiante luz que Ilumina caminos y senderos” y la cara de su abuelo Paco que mira sin perder un detalle a una Estrella que se llama Claudia Herrero Ruiz Mateos. Tras ella, el Gran Visir y el Mago de la Fantasía y Palas Atenea. Todos miran al balcón cuando llega el momento en que Carmen Vargas coronó a Melchor, muy parecido a Iván Bohórquez Domecq“el rey más sherry y conocedor de los campos de Andalucía” . Gaspar, el “rey de las hipotecas, pisos, euríbor menos 1,” y que recordaba bastante a Juan Ignacio Zafra, fue coronado por el arzobispo, que fue aclamado por el público.Y llegó el turno de Baltasar, “el rey Negro, que en realidad es moreno, el que nos ayuda, quiere y protege a nuestra tierra. Baltasar pórtate bien con nosotros”, señaló el presentador. Un rey Baltasar que tenía cierto aire a Juanma Moreno, el presidente de la Junta, al que impusieron la corona el alcalde de Sevilla y el presidente del Ateneo.
Las primeras gotas aparecieron pasadas las cuatro de la tarde y se convirtió en aguacero, localizado prácticamente entre el Prado de San Sebastián y la Puerta de la Carne en el momento en que la carroza de Baltasar enfiló la salida. Afortunadamente, la única nube que no se quiso perder la Cabalgata.
La capilla de Los Ángeles, la basílica de la Macarena, la capilla de la Virgen de la Estrella, abrieron sus puertas. Tanto la Estrella como los Magos y más de un beduino mostraron su respeto santiguándose.
Pero algo que no se puede perder de vista es que los Reyes Magos es la fiesta de los niños. Por eso, son ellos los que más chillan a los Reyes. Álvaro le reivindica este protagonismo a su prima Reyes, “cógeme en brazos, que Baltasar es mi favorito”. Dicho y hecho.
Los jóvenes se citan siempre en Asunción. Desde las seis de la tarde están esperando pero la animación no para. Eso sí, siempre con un especial cuidado por parte de la Policía para controlar el aforo. La cantante Laura Gallego sorprendió al público con una actuación improvisada desde un balcón, acompañada por un DJ, que fu sionó bases actuales con la copla convirtiendo la antesala del desfile en una auténtica fiesta. Globos gigantes de colores.
Cuando llegó la cabalgata a la calle Asunción, el protagonismo fue para el público, cantando Tenía tanto que darte, con la música de Virgen de los Reyes, Palillos y Panderos, La Morocha y el himno de España al paso del escuadrón a caballo de la Policía Nacional o Paquito el Chocolatero. De allí a Virgen de Luján para salir de los Remedios y emprender el camino de vuelta, casi ya al terminar, con un tramo silencioso por primera vez, desde la Glorieta de los Marineros Voluntarios hasta el Palacio de San Telmo.
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