Ya no salen trenes de Plaza de Armas
calle rioja
Repertorio. La obra gráfica de Atín Aya (fotografías entre 1982 y 2005) puede verse en la FNAC, exposición que coincide con el sexto aniversario de la muerte del fotógrafo sevillano.
EL día que murió Atín Aya (1955-2007) también perdimos en baloncesto. Aquel 16 de septiembre de 2007 frente a Rusia en la final del Europeo y ayer contra Italia en Eslovenia. El sexto aniversario de la muerte del fotógrafo sevillano de ascendencia navarra le ha cogido trabajando, como le gustaba a Picasso que le sorprendiera la inspiración.
Desde el 1 de septiembre se puede ver en la segunda planta de la FNAC una interesante retrospectiva del trabajo de Atín presentada bajo el título Repertorio. Todas las fotos pertenecen al libro que la colección PHotobolsillo dedicó a la memoria gráfica de quien estableció un canon de la mirada en su relación con la realidad circundante. Su amigo Diego Carrasco es el comisario de la muestra, con la colaboración de María Aya, hija del fotógrafo.
Aunque ya se puede visitar, la presentación formal tendrá lugar en este espacio el próximo jueves día 19. Las fotos de Atín Aya se mezclan en el calendario cultural de este centro con las actuaciones en directo de Revólver y Pastora Soler, un encuentro en torno al libro Adriático de Eva Díaz Pérez o el taller de Budismo y Meditación previsto para el día de hoy.
Quien se acerque a ver las fotografías de Atín Aya, pertenecientes a distintos trabajos de índole urbana y rural, se encontrará con una doble introducción. En la propia Avenida de la Constitución, colgadas en paneles junto al carril-bici y el raíl del tranvía, fotos de Héctor Garrido en las que se puede ver un conejo de Doñana, una caravana de tuaregs en el desierto mauritano o la noche de los rascacielos de Sidney. En la fachada de la Fnac, los personalísimos retratos de Aitor Lara, buen amigo de Diego Carrasco.
No se cansa uno de mirar la manera de mirar de Atín Aya. En la muestra han ampliado el tamaño del retrato de Manuel Méndez Chacón, colono del poblado Queipo de Llano. Por las mesas hay ejemplares del libro citado, en el que María Aya eligió para la portada a Concepción Martín Domínguez, una anciana de Linares de la Sierra, Huelva, con los mismos apellidos que el autor y el protagonista de la novela El anarquista que se llamaba como yo de la que su autor hablará en Sevilla (El Jueves, iniciativa de El Gusanito Lector) el mismo día 19 que se presenta la obra de Atín.
El catálogo de Fnac ha optado por otra fotografía para anunciar la exposición: las hermanas Isabel y Manuela Hueso Santos, jóvenes de Isla Mayor, en los dominios de la histórica foto de la tortilla. En Isla Menor el fotógrafo retrató a un José Manuel Lara que no es editor; se trata de un joven que con dos galgos se prepara para cazar liebres.
El trabajo abarca desde 1982 a 2005. Desde el año del Mundial y las elecciones que ganó Felipe hasta el año del relevo en el Vaticano. En 1982 conocí a Atín Aya en la delegación que Diario 16 Andalucía abrió en la calle Martínez Montañés antes de que el periódico se trasladara al Polígono Calonge. Son los años del Atín periodista, repartidos entre el citado rotativo y Abc. Ese mismo año 82 en el que se inicia mi relación profesional, de afecto, partidos de fútbol en San Benito y noches de jazz en el Be Bop, yo vivía en la calle Galera, en el corazón del Arenal, la misma calle donde tenía su taller Evaristo, un zapatero que es un trasunto de Alonso Quijano al que el fotógrafo retrató en 1984.
Está la fotografía de muchachas con mantilla en la Maestranza que ilustró el pregón taurino de Mario Vargas Llosa y espacios que han cambiado en su uso o su destino en la ciudad: el mercado de Triana en 1985, cuando era alcalde trianero Paco Arcas; o el mozo de estación de Plaza de Armas cuando todavía funcionaba como estación de ferrocarril por la que llegaron a la ciudad toreros, actrices, reyes e incluso este humilde cronista. La misma estación en la que un brillante colega de Atín Aya, Vittorio Storaro, fotógrafo con Oscar, buscó la luz adecuada cuando Carlos Saura la llenó de iconos del flamenco, esos artistas que vivieron el vértigo de los trenes de tercera a la alta velocidad.
Junto a las fotos de Atín Aya, en la sección de música, hay dos libros que son un puro ejercicio de necrofilia cultural: 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir y 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. El segundo empieza con Frank Sinatra: le sobran los otros mil. Hay más fotografía en la Fnac. El día 25 se presenta un taller de iniciación a la Fotografía Reflex. Magnífica ocasión para acercarse a ver el trabajo de Atín Aya, fotos que pueden verse hasta el próximo 31 de octubre junto al tranvía y a la Giralda que tantas veces fotografió.
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