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Sevilla normaliza la maternidad a partir de los 40 años
El retraso del primer hijo, la precariedad laboral y el cambio de valores normalizan un giro demográfico en Sevilla: en 2025 dieron a luz 1.342 mujeres con más de 40 años y 1.265 con 25
"La sociedad tiende a percibir que es posible quedarse embarazada a cualquier edad"
Los últimos datos sobre nacimientos del Instituto Nacional de Estadística (INE) revelan una transformación estructural en la demografía de Sevilla. En la última década, la brecha entre las madres jóvenes (20-24 años) y las madres en edades maduras (40-44 años) se ha estrechado hasta casi desaparecer. Mientras que en 2015 las jóvenes superaban ampliamente a las mujeres de más de 40, la tendencia actual muestra un equilibrio que refleja el retraso generalizado de la edad para tener hijos.
La fotografía demográfica que dibuja el INE en su última actualización no es un simple ajuste estadístico. Es el reflejo de un cambio profundo en los tiempos vitales, en los proyectos personales y en las condiciones materiales que dificultan la decisión de ser madre. En la provincia de Sevilla, el año 2025 se cierra con un dato simbólico: 1.265 nacimientos de madres de entre 20 y 24 años frente a 1.218 de mujeres de entre 40 y 44. Dos curvas que durante décadas caminaron separadas hoy casi se tocan.
No se trata de que los 40 sean la edad mayoritaria para tener hijos –la franja de 30 a 34 años sigue liderando los nacimientos con 4.807 alumbramientos, seguida de 35 a 39 con 4.188–, pero el equilibrio entre los extremos jóvenes y maduros marca un hito en la cronología demográfica sevillana.
En 2015, 1.484 mujeres de entre 20 y 24 años dieron a luz en la provincia. Nueve años después, en 2024, esa cifra tocó mínimo histórico con 1.152 nacimientos. El ligero repunte estimado para 2025 (1.265) no compensa aún la caída acumulada.
La maternidad temprana, antaño habitual, hoy se contempla casi como una excepción. Cuando una mujer de 25 años anuncia un embarazo, la reacción social suele teñirse de sorpresa; hace medio siglo, la sorpresa habría sido la contraria.
Para la socióloga Julia Espinosa Fajardo, profesora en la Universidad de Sevilla, esta transformación no es coyuntural, sino estructural. "Estamos más tiempo dentro del sistema educativo. Las mujeres se gradúan más, hacen posgrados, acumulan formación. Y eso retrasa necesariamente la maternidad", explica. El nivel formativo, subraya, es un factor decisivo en la edad del primer hijo.
El último dato nacional sitúa la media del primer hijo en 32,6 años para las mujeres y 34,5 para los hombres. En España, el 40% de los nacimientos corresponde ya a mujeres de 35 o más años. Sevilla no es una excepción; es parte de una tendencia que atraviesa Europa.
Si hay un año que simboliza el cambio es 2018. Por primera vez, las madres de 40 a 44 años (1.458 nacimientos) superaron a las de 20 a 24 (1.187). Aquel cruce de líneas no fue anecdótico. Desde entonces, el grupo de 40-44 ha mostrado una estabilidad mayor que el de las más jóvenes.
En 2015, este segmento registraba 1.195 partos. Diez años después, mantiene 1.218. Mientras la maternidad juvenil desciende con oscilaciones más pronunciadas, la maternidad a los 40 se consolida.
Para Espinosa Fajardo, la explicación es múltiple. "Las personas deciden tener hijos cuando sienten cierta estabilidad profesional y vital. Esperan tener contrato, vivienda, una situación más o menos asentada. Y eso, en contextos de precariedad o de dificultad de acceso a la vivienda, se retrasa".
La crisis financiera de 2007-2008 dejó huella en toda una generación que postergó decisiones vitales. La pandemia de la Covid tampoco generó el "baby boom" que algunos pronosticaron. Al contrario: la incertidumbre volvió a aplazar proyectos. El pequeño repunte actual responde, en parte, a mujeres que retrasaron la maternidad y ahora la recuperan cuando perciben mayor estabilidad laboral.
Pero reducir la cuestión a la precariedad sería simplificarla. La socióloga apunta también a un cambio cultural profundo. "Avanza el proceso de individualización. El desarrollo profesional y los proyectos personales han ganado centralidad. Tener hijos ya no es un mandato social inapelable".
Hace cinco décadas, proyecto individual y proyecto familiar discurrían casi en paralelo. Hoy aparecen, en ocasiones, como caminos que compiten por el tiempo y la energía. A ello se suma una idea poderosa: la "eterna juventud". La percepción de que el margen biológico es amplio y que, gracias a la medicina reproductiva, siempre habrá una oportunidad más.
"Existe la creencia de que se puede esperar", señala Espinosa Fajardo. "Y socialmente se ha relajado la presión para tener hijos pronto. Ahora una mujer de 30 puede ser vista como joven para ser madre; hace 50 años, era casi tarde".
En paralelo, los modelos familiares se han diversificado. Las trayectorias sentimentales son más largas y complejas: rupturas, nuevas parejas, recomposiciones. Todo ello puede desplazar el calendario reproductivo.
Los datos de 2025 son elocuentes: 5.530 mujeres mayores de 35 años dieron a luz en la provincia, el 38,8% del total de 14.221 nacimientos. La maternidad sevillana tiene hoy un claro sesgo hacia edades maduras.
Y en los rangos más avanzados el crecimiento es notable. Entre 45 y 49 años, los nacimientos han pasado de 72 en 2015 a 117 en 2025, un aumento del 62,5%. El máximo se registró en 2022, con 134. Incluso en mayores de 50 años, aunque las cifras sean pequeñas, la presencia es constante: siete nacimientos estimados en 2025.
Sin los avances en reproducción asistida, este escenario sería impensable. Pero la tecnología no es neutral: amplía posibilidades y, al mismo tiempo, introduce nuevas complejidades.
¿Es reversible esta tendencia? La socióloga mantiene una esperanza prudente. Cree que mejores políticas de conciliación, apoyo a la vivienda y corresponsabilidad podrían adelantar ligeramente la edad de maternidad. Pero reconoce que los cambios culturales son profundos.
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