"La sociedad tiende a percibir que es posible quedarse embarazada a cualquier edad"

Los riesgos de cesáreas, partos prematuros y complicaciones médicas aumentan en embarazos más tardíos, según expertos en reproducción asistida

Sevilla normaliza la maternidad a partir de los 40 años

Una madre da la mano a un niño mientras sujeta sus juguetes. / Juan Carlos Vázquez

La tendencia a esa maternidad tardía consolidada en Sevilla no está exenta de riesgos, según explica Victoria Rey, ginecóloga y directora de la clínica de reproducción asistida Victoria Rey. La especialista advierte que, al comparar mujeres embarazadas mayores de 40 años con aquellas menores de esa edad, se observa un aumento de complicaciones como hipertensión, preeclampsia, diabetes o problemas cardiovasculares. Estas patologías elevan la probabilidad de parto prematuro o cesárea, con las consecuencias que esto conlleva para la madre y el recién nacido, incluyendo estancias prolongadas en unidades de cuidados intensivos y efectos psicoemocionales significativos.

A pesar de estos riesgos, Rey observa que muchas mujeres retrasan la maternidad por motivos profesionales, familiares o personales, confiando en que la fertilidad asistida puede garantizar un embarazo seguro. "La sociedad tiende a percibir que es posible quedarse embarazada a cualquier edad y que todo irá igual de bien que a edades más jóvenes, pero no siempre es así", señala. Según la especialista, este fenómeno se ve reforzado por ejemplos mediáticos de mujeres famosas que han sido madres a edades avanzadas, lo que genera la ilusión de que los riesgos son mínimos.

El retraso en la maternidad se refleja en la demanda de tratamientos de reproducción asistida. "Antes la edad media de nuestras pacientes era de 37–38 años; ahora se sitúa en torno a 39 años", explica Rey. "Cuando la maternidad se retrasa por encima de los 35, y sobre todo después de los 40, la mayoría necesita asistencia médica. Muchas requieren donación de óvulos, y no todas aceptan esta opción, lo que hace que abandonen los intentos o no logren gestación", afirma. La especialista insiste en que "el éxito con óvulos propios después de los 45 años es prácticamente cero; las mujeres deben ser conscientes de que necesitarán donación de óvulos para lograr embarazo, y aún así existen riesgos mayores durante la gestación y el parto".

Rey también destaca la creciente práctica de la vitrificación de óvulos como estrategia para preservar la fertilidad en edades biológicamente óptimas, entre 20 y 30 años. "Si todas las mujeres pudieran congelar sus óvulos en ese periodo y recibieran educación sobre fertilidad, sería más fácil aconsejar que no pospongan el embarazo más allá de los 35 años", afirma. Sin embargo, muchas mujeres acuden a vitrificar sus óvulos a partir de los 35 ó 40, cuando la probabilidad de éxito disminuye considerablemente. "De los óvulos congelados entre los 35 y 40 años, aproximadamente solo un 30% podrá generar un embarazo evolutivo en el futuro", aclara.

El parto en mujeres mayores de 40 también presenta peculiaridades. "Lo más frecuente es que se realice mediante cesárea. El útero a esa edad rara vez alcanza las 40 semanas, y la dinámica del parto suele no funcionar de manera óptima. Afortunadamente, hoy en día la cesárea no tiene las complicaciones de décadas atrás, pero sigue siendo la vía más habitual", indica.

Sobre posibles medidas para facilitar la maternidad en edades más tempranas, Rey reconoce la dificultad de cambiar los patrones de vida actuales. "Se necesitaría un cambio profundo en el ciclo vital y en la estructura social para que las mujeres puedan compaginar maternidad con desarrollo profesional y proyectos personales. Actualmente, la prioridad de muchas es vivir experiencias, viajar o escalar profesionalmente, y la maternidad queda pospuesta. No es un problema económico, sino de prioridades y estilo de vida", profundiza.

Pese a las dificultades, la especialista considera que la combinación de educación reproductiva, acceso a la preservación de la fertilidad y concienciación sobre los riesgos reales podría mejorar la planificación de la maternidad. "La información, la planificación y la educación reproductiva son esenciales para que las decisiones sean conscientes y seguras", sentencia.

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