La tragedia de Adamuz intimida a los usuarios del tren en Santa Justa: “Un poco de miedo hay”
Pasajeros que frecuentan Santa Justa admiten que el drama de Córdoba ha mermado la confianza en el tren como medio de transporte
“Se nota que la gente se está yendo al autobús”, resalta una joven de Huelva
El temor a viajar se extiende a los tripulantes de AVE y Larga Distancia
La tragedia de Adamuz eleva los viajeros del avión en más de 27.000 y los del autobús en 5.000
El tren, que en los últimos años había experimentado un auge fantástico, ya no inspira la misma confianza que antes de lo que ocurrió hace dos semanas Adamuz. Las tragedias marcan y los viajeros, como seres humanos que son, han reaccionado con empatía hacia las víctimas pero también con recelo hacia el ferrocarril. “La vida sigue y no hay más remedio que coger el tren”, como apunta algún pasajero, pero la inquietud y, por qué no decirlo, el miedo han pasado a ser sentimientos inevitables entre quienes siguen moviéndose de esta manera pese a todo. Y es lógico, porque un accidente que acaba con 46 vidas no deja indiferente a nadie.
Que la situación es anómala se percibe con una simple ojeada a Santa Justa, habitualmente repleta de pasajeros casi a cualquier hora de cualquier día y ahora bastante más despejada. Pero no es sólo una impresión visual. Las propias estadísticas ya confirman que muchísimos usuarios recelan de viajar en tren y se han pasado al avión o al autobús. Según los datos de Iberia, volar ha ganado 27.300 viajeros desde el día siguiente del siniestro. Según los de Socibus, sus autocares han transportado a 5.000 pasajeros más en el mismo periodo.
A pie de vestíbulo, varios viajeros certifican con sus propias experiencias que ese desasosiego es real. No hay mejor análisis, porque además se realiza sin sesgo partidista ni contaminación política, que se agradece viendo lo que está saliendo por la boca de más de uno y más de dos. Desde esa neutralidad, la sevillana Mariángeles coincide en que “un poco de miedo sí que hay”. “Al final hay que normalizarlo, esto suele pasar por desgracia una vez cada mucho tiempo y no hay más remedio que intentar seguir para delante”, indica mientras espera su tren.
Para esta pasajera que viaja “bastante por trabajo”, esa impresión no es sólo subjetiva y resulta fácilmente comprobable. “Se nota que hay un poco de miedo porque la estación está bastante vacía, más de lo normal”, constata en primer lugar. Y preguntada por si de verdad cree que el accidente de Adamuz está condicionando a la clientela, responde que “muchísimo”. “Yo suelo coger el tren bastante y hoy no me ha costado trabajo aparcar, casi no había tráfico, así que sí que se ha notado”, reitera.
Virginia y Gabri son una pareja de Huelva. A amigos de unos amigos, apunta él, la tragedia les tocó de cerca. A ellos, “gracias a Dios”, no. Están a punto de coger el Media Distancia que conecta Sevilla con su ciudad. Gabri se monta “más a menudo”, mientras que ella está estudiando aquí y ahora le “viene mejor” ir en autobús.
“Yo cogí el tren el miércoles y un poquito asustado sí iba”, reconoce el joven. “Tú te montas en el tren y se tambalea mucho. Ya no va a la misma velocidad, pero un poquito de miedo sí que da a raíz de todo”, agrega. “Tampoco me frustro mucho, pero sí se nota. Además, hay mucha menos gente en el tren”, confirma.
“Yo voy tranquila”, replica Virginia, aunque Gabri hace un leve gesto de discrepancia al oírlo. “Es verdad que el trayecto Huelva-Sevilla siempre ha tenido muchos problemas, sobre todo cuando pasa San Juan”, admite. “Pero es lo que dice él, se nota el temblor y sí se nota mucho en el ambiente”, prosigue. E ilustra el cambio de situación con un ejemplo muy significativo: “Hace poco fui a coger un tren de Huelva a Sevilla y había muchos sitios disponibles, mientras que por ejemplo el autobús de Damas estaba lleno y no había ningún asiento libre”. “Se nota que la gente deja el tren por miedo y se está yendo al autobús”, sentencia.
Lucía y Lucía, estudiantes y amigas además de tocayas, también aguardan a que en el panel de Salidas aparezca el número de andén desde el que saldrá su tren. “Algo más de miedo puede que haya, pero no mucho”, opina una de ellas. Eso sí, “yo les he dicho a mis amigas en qué convoy voy, por si acaso”, matiza. “Pero prefiero coger el tren y que me recoja mi padre a tener que conducir yo el coche”, añade esta joven que confirma que “el Media Distancia ahora no va tan rápido como antes”.
La segunda Lucía tampoco parece demasiado nerviosa, pero quizás sea más por fuera que por dentro. “Yo voy más inquieta por mi hermano que por mí, porque él coge el Alvia a Valencia”, reconoce.
Carmen ha empezado a frecuentar el tren hace poco tiempo por motivos laborales. De lunes a viernes amanece en El Puerto de Santa María, así que todas las mañanas coge el Media Distancia desde allí a Santa Justa y todas las tardes recorre el camino inverso. Y no las tiene todas consigo. “Claro que se coge con más respeto. Yo el primer día que me monté después del accidente oía cualquier ruido y me sobresaltaba, por no decirlo de otra forma”, confiesa.
“Encima ha coincidido que fue el accidente y justo después ha venido el temporal de viento y lluvia. Eso tampoco ayuda precisamente a viajar más tranquilos”, continúa esta joven sevillana, que coincide con la impresión generalizada de que el accidente del Iryo y el Alvia todavía está en la mente de todos los pasajeros. “La gente creo que sí sigue afectada, de hecho se ve bastante sitio libre en los vagones”, finaliza.
Juan, un vecino de Fuente de Cantos (Badajoz), también cuenta su impresión después de bajarse del AVE que lo ha traído desde Madrid, con parada en Villanueva de Córdoba para coger un autobús hasta Córdoba y desde allí retomar el tren hasta llegar a Sevilla. “Se nota en el ambiente, la gente está un poco moquicaída [alicaída], con el sentimiento de lo que ha ocurrido”, explica. Él no detecta miedo “sino respeto, sobre todo por las personas fallecidas”. Pero “no ya por el tren, porque la vida hay que continuarla y no hay más remedio que viajar si existe esa necesidad”, matiza. Además, “se ve mucho que se han movido en estos días porque en las vías se ven las vigas nuevas en los laterales”. Y a eso hay que sumar que “la velocidad ha aminorado un poco” en la que aún se llama alta velocidad.
A juicio de Juan, por ser positivos, el drama de Adamuz ha provocado que el personal de los trenes ofrezca un mejor servicio a los usuarios. “Es la primera vez que veo una organización concordante con el movimiento que hay”, dice el pasajero, que elogia la “atención exquisita” que recibe durante un trayecto que ahora alterna las vías con la autovía y el tren con el bus.
“De aquí para atrás era un desastre total. Se conoce que estamos en un país en el que si no hay desgracias, no tomamos ningún tipo de medida, aunque se estén viviendo a diario. Ya que nos hemos quedado sin 46 seres humanos, considero que al menos sí va a servir para algo”, lamenta al mismo tiempo que se felicita este pasajero.
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