Un viaje a Ítaca desde Babilonia

Calle Rioja

Hoy se producirá el traslado de las imágenes de los Javieres desde la calle Feria a Jesús del Gran Poder

Una calle que ha cambiado mucho desde que se fueran en 1977

Entre Utrera y Arahal, entre Venecia y Lisboa

Bienvenida a los Javieres en un balcón de Jesús del Gran Poder con Padre Tarín.
Bienvenida a los Javieres en un balcón de Jesús del Gran Poder con Padre Tarín. / Juan Carlos Vázquez

No vuelven de ningún destierro en Babilonia, pero es como un regreso a Ítaca. Ha pasado casi medio siglo. Fue en 1977. Muchos de los hermanos de los Javieres ni habían nacido. Muchos feligreses de la iglesia de Ómnium Sanctórum se detenían estos días ante la capilla donde se ha encontrado el Cristo titular de la cofradía, a la izquierda conforme se entra en el templo, justo debajo de la zona donde se colocan los hermanos De la Peña para interpretar los salmos y cantigas.

El año que llegó los Javieres a Ómnium Sanctórum llegaba yo a Sevilla. El verano que murieron Elvis Presley, Groucho Marx y Buster Keaton, aunque la muerte que más estremeció al mundo cofrade fue la de Antonio Rodríguez Buzón, el pregonero de 1956 que marcó un antes y un después de esta poética de la devoción.

Como un palimpsesto de la cofradía, doce años después que el Cristo y su Madre, la Virgen de Gracia y Amparo, llegaba el cronista a la calle Feria, recién casado, que suena a versos de Juan Ramón Jiménez. Regresa los Javieres a una calle que en su alineación está prácticamente igual pero que ha cambiado muchísimo. Cuando dejan los Jesuitas, El Corte Inglés llevaba diez años abierto. Al otro extremo, la Capillita del Carmen de Nuestra Señora del Rodeo llevaba siglos abierta. Pronto volverá a abrir sus puertas San Hermenegildo, que fue sede del Parlamento de Andalucía y local de ensayo de compañías teatrales como La Cuadra de Salvador Távora.

El Alameda Multicines

En este tiempo, muchos negocios han causado baja en este obituario comercial que en bastantes casos va acompañado de la esquela de quienes los pusieron en marcha. El año que los Javieres llega a Ómnium Sanctórum, abre sus puertas el Alameda Multicines. Una fórmula revolucionaria, una suerte de drugstore a lo sevillano cuyo ambiente disfrutábamos las noches de verano del 82 cuando José Luis Ortiz Nuevo terminaba su programa Amiga Luna en Radio 16, estudios que estaban en la calle Martínez Montañés. A este cine llegó como una estrella Silvia Krystel, la universal Enmanuelle, cuando vino a la primera edición del festival de cine de Sevilla, la que dirigió Paco Millán. Allí podías comprar la prensa, cortarte el pelo con Melado o conseguir el más exótico de los bocadillos o el más tropical de los zumos naturales.

Es muy difícil atravesar la calle Jesús del Gran Poder sin cruzarte con alguno de los hermanos Gallardo, y eso que el primogénito, José Joaquín, se fue a vivir muy cerca de la Giralda. Miguel sigue teniendo su despacho de periodista, abogado y empresario en la calle Jesús del Gran Poder y Paco Gallardo publicó un Cuaderno de San Lorenzo que le presentamos sus tocayos Robles y servidor. Y el benjamín, Jesús, ha sido profesor en la paralela de la paralela, es decir, en el San Isidoro de Amor de Dios.

Ya no está la Corsetería Mónaco donde se encuentra La Azotea, el restaurante que abrió Juan Gómez. Ese local desde el que, con la lencería en los escaparates, vieron huir como alimañas a los dos etarras que la tarde del 16 de octubre de 2000 asesinaron en su consulta, mientras atendía a una paciente, al doctor Antonio Muñoz Cariñanos. La clínica Nuestra Señora de Aránzazu todavía no existía cuando los Javieres se van a la calle Feria. Además de los cines (se inauguraron con Asignatura Pendiente, de Garci), la corsetería Mónaco, el bar Porma de Diego Alonso, el Ideal, cine de verano y la Farmacia Militar, también echarán en falta la Papelería El Sol, en la esquina con Conde de Barajas. Tampoco están ya los Jesuitas, recuerdos de esos referentes de la compañía como Fernando García Gutiérrez o Fernando Rodríguez Izquierdo que, además de predicar el Evangelio, sabían japonés.

El gran Paneque

Casa Joaquín pasó de la esquina de Santa Ana a los bajos de la vivienda del pintor Manuel Salinas, que murió por los efectos del Covid. Era un transeúnte cotidiano de esta calle y los años duros en los que todavía hacía estragos la droga y la delincuencia fue uno de los que arroparon al gran Paneque, un policía jubilado que se convirtió en implacable perseguidor de malandrines. Joaquín Castro era tabernero-poeta y su hijo Javier, bibliófilo empedernido, tomó las riendas del bar y editó los poemas galaicos de su padre. Ahora es un reconocido camarero de El Rinconcillo.

Ya se han visto señales de bienvenida a los Javieres en Jesús del Gran Poder. Uno de ellos, encima de Puro Garbo, tienda de ropa en la esquina con Padre Tarín, establecimiento que preside un retrato de la actriz sueca. En la iglesia se mantiene el azulejo de Tarín, un cura valenciano de Godelleta, pueblo afectado por la dana, sacerdote que está pendiente de la causa que debe subirlo a los altares.

Los años de lluvia

Mi mujer es hermana de los Javieres, mi hija Carmen ha salido de nazarena y mi hijo Paco de monaguillo. Los tres primeros años creía que salir era eso, entrar en la iglesia por la puerta lateral de Peris Mencheta, y jugar con otro monaguillo del que se hizo gran amigo, David, hijo de mi amigo Antonio Bodoque, corresponsal en Sevilla de Caco Senante, Luis Alberto de Cuenca y otros ilustres. Creía que era eso porque fueron tres años seguidos de lluvia y no salía a la calle. Durante muchos años ha sido la única cofradía con una mujer al frente, Maruja Vilches. El regreso ha coincidido con el proceso electoral. Antonio Villalba ha sustituido a José Antonio Oliert, a quien le debo unas cuantas historias.

Ómnium Sanctórum ha acogido a tres hermandades, dos de penitencia, los Javieres y el Carmen Doloroso, y una de Gloria, la Reina de Todos los Santos. La relación ha sido muy cordial. Villalba fue rey mago en la furgo-cabalgata que cada 5 de enero, ya de madrugada, organiza la Reina, con maquillaje en la casa-hermandad de González Cuadrado. Gary Bedell, que llegó a Sevilla con el pabellón de Canadá de la Expo, fue costalero de los Javieres y mediador para que en 2002 cuatro bomberos de Nueva York acompañaran al Cristo por las calles de Sevilla. Entre los cuatro, el entonces párroco, Pedro Juan Álvarez, al que este regreso de los Javieres a los Jesuitas le coge de rector del Salvador. Lo ha sustituido Ginés González de la Barrera, vecino de la calle Feria que vino de párroco después de casi una veintena de años en Estepa. Muchos cambios en Ómnium Sanctórum. Pero el sol sale todos los días, según el Evangelio también para los malos, y todos los jueves hay Jueves en la calle Feria. Los Javieres vuelve a Jesús del Gran Poder (y Trajano). La exclusiva la tiene Peris Mencheta, que abrirá la portada de El Noticiero Sevillano. Con una colaboración de Manuel Jesús Roldán.

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