Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Zapatos en una panadería
Sevilla FC - FC Barcelona | Nombres propios
El Sevilla golpeó en la ida de las semifinales y lo que es más importante demostró que ahora mismo, sin tener a Messi, lógicamente, está al nivel de un buen Barcelona. Todos los focos se dirigieron a Koundé con toda la razón, pero también Bono y Joan Jordán hicieron merecimientos de sobra para acaparar los elogios de todos los sevillistas.
Como pasaba en los tiempos de Daniel como lateral del Sevilla, resulta ya complicado hallar piropos para semejante futbolista, pero tal vez el mejor de ellos sea constatar que es un jugador capaz de ejercer de defensa central y salvar un gol de De Jong igual que lo hace de extremo y, por supuesto, de delantero. Porque después de la cacha a Umtiti su definición fue perfecta.
El marroquí se ha convertido en un delantero de verdad y ha mejorado en la tranquilidad a la hora de mirar a la puerta contraria, pero en esta ocasión se excedió con su autoestima. Perdió un par de ocasiones claras por ello, pero sobre todo una en la que quiso ya lucirse ante Umtiti en lugar de tirar.
Le hizo tres paradones a Messi de los que conviene ponderar en su justa medida. En el minuto 11 su intervención con el pie fue increíble, digna de Gonzalo Pérez de Vargas y de los mejores del balonmano, pero no se quedó ahí. También una estirada en un balón colocado al poste y en una falta.
El centrocampista catalán es un futbolista como la copa de un pino y sólo le faltaba que se lo creyera de verdad, que fuera capaz de entender que está al nivel de los mejores. En los últimos partidos parece que lo ha entendido por fin y se atreve a regatear y después pasar. Así es imparable, un todocampista que corre, roba y juega.
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