Osasuna - Sevilla El remate le marca la frontera al Sevilla (1-1)

  • El equipo de Lopetegui, que jugó media hora ante diez, se deja dos puntos en Pamplona por los problemas en la definición que arrastra toda la Liga

  • Dabbur estrelló un balón en el poste a falta de un minuto

  • El Osasuna-Sevilla, minuto a minuto

Diego Carlos y Cardona, tumbados en el césped tras el brutal choque entre ambos. Diego Carlos y Cardona, tumbados en el césped tras el brutal choque entre ambos.

Diego Carlos y Cardona, tumbados en el césped tras el brutal choque entre ambos. / Jesús Diges (Efe)

Empate amargo el que el Sevilla se trae del patíbulo de El Sadar. Un punto raquítico para sus nobles aspiraciones teniendo en cuenta que Osasuna jugó con un jugador menos la última media hora. Ahí, en ese último tercio, afloró con crudeza el talón de Aquiles sevillista: la debilidad en la suerte suprema. En la estocada. Dabbur pudo reventar esa frustración si su tiro raso y cruzado, tras la pared con Chicharito, hubiera acabado con la pelota en las redes tras rebotar en la cepa del poste. Pero el cuero salió repelido hacia el terreno de juego. Era el minuto 89 y Osasuna estaba entregado. Pedía a gritos que el asedio acabara.

En una competición tan larga como es la Liga, los defectos acaban dando la cara tarde o temprano y fijan los límites. Y la frontera del muy competitivo Sevilla que ha ahormado Julen Lopetegui la fija su limitado remate. Da igual que juegue De Jong o lo haga Chicharito. La punta de lanza está desmochada. Y cuesta puntos.

Antes de ese balón al palo de Dabbur, cuya marginación por parte de Julen Lopetegui merece ya un vistazo por parte del Mossad, Chicharito dejó claro que no está afinado. En la única acción a la altura de su reputación, convirtió un gol difícil por el poco ángulo que tenía, pero el VAR confirmó que estaba en fuera de juego (35’). Ya en la segunda parte, Banega le sirvió medio gol pero entre su torpe control, lo que tardó en acomodarse el balón y su inocente remate, fácil para el portero Juan Pérez, malogró una oportunidad de las que un nueve de un aspirante a Champions no puede marrar (52’).

Esa ocasión sucedió cuando Osasuna aún jugaba con sus once futbolistas. Y dos minutos antes de la doble amarilla a Oier, que no midió en su dura entrada a Óliver Torres (62’), el mexicano prosiguió con su confusa noche. Reguilón le sirvió un tenso pase raso al corazón del área y el mexicano no acertó a impactar el balón con todo a favor. Ya en el 69, el VAR rectificó un penalti al ariete que pitó Estrada. Juan Pérez llegó una centésima de segundo antes al balón.

Ya cuando Osasuna dio el obligado paso atrás por su inferioridad numérica, Óliver Torres rompió la línea rojilla en una parábola de Fernando, optó por ceder a su derecha a un compañero de blanco en lugar de controlar y tirar, y un defensor, en su propósito de cortar el balón, desvió el balón a portería pero Juan Pérez sacó la pierna para evitar el autogol. Y el jovencísimo portero se erigió definitivamente en el salvador de su equipo al repeler un tiro del Mudo Vázquez en el segundo palo (80’).

Antes de que el partido se volcara hacia ese área de Juan Pérez con la doble amarilla a Oier, la cita fue como tantos Osasuna-Sevilla. Pierna dura, entradas al límite, ni medio metro para recibir o en su defecto maniobrar. Por algo el rodeo de El Sadar es tan complicado. Ni el Barça lo pudo tomar. Se ha extendido hasta el último rincón de esta Liga el mantra de que el Sevilla es el equipo con más poder físico. Como si Diego Carlos fuera una suerte de Mazinger Z que vale por diez humanos. Y tampoco es que sea un desfile de la Marvel: Jesús Navas y Reguilón en los laterales, Jordán o Banega en la medular, más Óliver Torres, Munir y Chicharito más arriba conformaron un grueso no tan grueso. Y que salió aterido por los cinco grados centígrados.

Sí, lo del imponente físico del Sevilla, que todos los entrenadores rivales cacarean en las ruedas de prensa previas, es una patraña más. Jagoba Arrasate también se apuntó a la moda para colmar de piropos a los sevillistas de puertas para fuera y, seguramente, avivar el ímpetu de los suyos de puertas para dentro. Y así fue desde el tañido inicial. Osasuna fue con la guadaña. Estrada Fernández fue permisivo y los rojillos lo captaron.

El arranque no auguraba nada bueno para el Sevilla, muy incómodo en la salida desde atrás, pero un balón que Chicharito prolongó de cabeza le quedó manso a Banega tras un rebote en el marcador del mexicano y el argentino sacó el tiralíneas, abrió a Munir y éste, con un primoroso control en su galopada en diagonal hacia la media luna, le ganó la partida a Estupiñán. Se frenó lo justo para ganar ángulo y acomodar el disparo. Como el portero Juan Pérez estaba algo adelantado, el combado y colocado zurdazo del madrileño acabó de ser letal. Golazo.

Osasuna siguió a lo suyo, Chimy hacía daño arriba con sus disputas y su picardía y un fallo de Jordán en un pase en el borde del área sevillista (22’) cambió el tablero de juego. Roberto Torres colgó al punto de penalti, donde Cardona fue emparedado por los centrales. La cabeza del osasunista impactó con el suelo y tuvo que ser evacuado en camilla. Entró Adrián. Y en otro balón dividido al que fue Jordán con tibieza, ya en el alargue de la primera mitad, el ex malaguista, ex deportivista, ex atlético, inventó un taconazo que pilló descolocado a Diego Carlos y enfrentó a Chimy con Vaclík, que no sacó la mano a tiempo ante su certero chutazo arriba.

Fue justo que Osasuna, que ya estrelló un cabezazo en el larguero a los cinco minutos, se fuera al descanso con tablas. No lo hubiera sido tanto que Rubén García hubiera hecho el 2-1 tras tragarse Koundé un bote. El balón lo repelió el poste como después ocurrió con la ocasión postrera de Dabbur. Pero entre un palo y otro, al Sevilla se le escurrieron dos puntos de las manos por su desmochada punta de lanza. Es la que marca su frontera en la Liga.

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