Sevilla FC A exprimir el jugo de una naranja que no era de zumo

  • El Sevilla vive una lúdica jornada antes del cierre con el Athletic, al que llega justo de fuerzas

  • Sin pilares claves, Caparrós debe levantar a una plantilla exhausta para apurar sus opciones

Las plantillas masculina y femenina posan en Isla Mágica, con Caparrós y Gabriel Ramos a la cabeza. Las plantillas masculina y femenina posan en Isla Mágica, con Caparrós y Gabriel Ramos a la cabeza.

Las plantillas masculina y femenina posan en Isla Mágica, con Caparrós y Gabriel Ramos a la cabeza. / José Ángel García

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Ahora que con los primeros calores termina la temporada de la naranja, cabe el símil cítrico a la hora de analizar los problemas de la plantilla del Sevilla y la situación en que llega a la última jornada clave. Para que el club de Nervión inscriba de nuevo su nombre en la élite de la Champions debe ocurrir un auténtico milagro: que el Valencia pierda en su visita a un Valladolid ya en chanclas tras amarrar su salvación y que también caiga el Getafe en su feudo ante otro equipo que ha anticipado las vacaciones, el Villarreal. Además, tiene que ganar al Athletic, un equipo que llega lanzado y en busca de la plaza directa para la Liga Europa, en la antípodas anímicas del Sevilla.

Sin pensar en que se dé el milagro lejos de Nervión, Joaquín Caparrós está obligado a exprimir el jugo de la Liga. Nadie quiere la séptima plaza por el inconveniente de las rondas previas de la Liga Europa que, a la postre, se ha demostrado que tanto daño ha hecho esta temporada a una plantilla que ha terminado exhausta, con bajas por una u otra circunstancias trascendentales, con la moral tocada después de haberse visto líder y, posteriormente, cómodamente asentada en el cuarto puesto, sin que peligrara la Champions. Pero otros sí hicieron los deberes al tiempo que al Sevilla le crecían los problemas. Quizá porque su plantilla no era precisamente una naranja de zumo que se pudiera exprimir tanto. Y no sólo por la calidad física de sus miembros, que también.

Para contrarrestar tanta negatividad, la plantilla, con Caparrós y el vicepresidente Gabriel Ramos a la cabeza, vivió ayer una jornada lúdica en Isla Mágica, adonde acudió junto a la plantilla femenina para participar en la fiesta final de Sácale más partido al cole. Antes que la magia o el milagro, el Sevilla necesita reencontrarse a sí mismo, algo que ha echado en falta en los últimos partidos, salvo ese tramo postrero en el Wanda en el que incluso pudo ganar.

El problema es que Caparrós tiene poco de donde tirar para configurar un once de garantías ante el fuerte y lanzado Athletic de Gaizka Garitano, que desde que relevó a Eduardo Berizzo a principios de diciembre ha sumado muchísimos más puntos que el Sevilla en ese mismo tramo de Liga. De la jornada 15 a la 37, el Athletic acumula en 23 partidos 42 puntos, siendo el cuarto mejor equipo de la Liga, mientras que el Sevilla ha hecho solamente 29. El equipo de Machín y Caparrós se ha dejado 40 puntos en esos 23 partidos, mientras que el de Garitano dejó de ganar 27. De ahí que la enorme ventaja que tenían los sevillistas se haya desvanecido hasta la situación actual.

A Machín se le fue cayendo el equipo en cuanto, tras el parón navideño, se concatenaron, negativamente además, las eliminatorias de Copa y de Liga Europa. El golpe anímico de Praga tuvo un repunte con Caparrós al principio, pero el utrerano se ha encontrado al cabo con similares problemas.

Banega se autoexcluyó en Gerona en una explosión de rabia e impotencia, después de haber liderado al equipo como futbolista de campo con más minutos. Reapareció Gonalons para reordenar el centro del campo y empezó a sufrir problemas musculares, algo lógico tras casi dos años sin jugar. Carriço reventó también, pues también jugó poco las dos campañas anteriores. Y Andre Silva, por el que la afición clamaba en otoño para que se pagara su cláusula, ha chocado frontalmente con Caparrós por un asunto físico o anímico.

Ninguno estará en la cita clave. Son cuatro ejemplos paradigmáticos, cuatro pilares de la estructura del equipo: el central y líder de la zaga, el líder del centro del campo, el hombre llamado a reestructurar la medular y el delantero que se complementaba con Ben Yedder. Todo se vino abajo con ellos, quizá porque fueron exprimidos demasiado. Quizá porque esta plantilla no era una naranja de zumo.

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