UEFA Europa League | Sevilla FC - Lazio Un toro astifino y muy bien lidiado (2-0)

  • El Sevilla resuelve con solvencia un partido, y una eliminatoria ante la Lazio, que tuvo riesgos de percance

  • Los goles de Ben Yedder y Sarabia le dan de nuevo el triunfo a los blancos

  • Franco Vázquez fue expulsado

El Sevilla FC-Lazio, en imágenes El Sevilla FC-Lazio, en imágenes

El Sevilla FC-Lazio, en imágenes / Antonio Pizarro

La bola del Sevilla estará en el bombo de los octavos de final de la Liga Europa. No podía ser de otra forma, cierto, en la competición en la que los nervionenses han rotulado su nombre hasta en cinco ocasiones en la peana de la copa que se le entrega al campeón, pero el cuadro sevillista tenía por delante un buen toro al que lidiar. La Lazio no es un rival cualquiera. Dentro de los posibles adversarios tal vez fuera uno de los mejores y la escuadra de Pablo Machín se vio obligada a realizar dos buenas faenas para conseguirlo. Incluso, para seguir con el símil taurino, tuvo verdaderos riesgos de cogida cuando se quedó con diez hombres por la segunda tarjeta amarilla de Franco Vázquez.

Es verdad que el Sevilla fue mucho mejor equipo que la Lazio en el global de los 190 minutos, si se suman los añadidos, que se habrán disputado en el breve espacio de seis días, pero esta devolución de visita, sobre todo, estaba cargada de riesgos para los pentacampeones. Primero, se daba la circunstancia de que todo debía haber quedado resuelto en la fría noche del Olímpico romano, cuando la ida se puso con todos los pronunciamientos a favor de la tropa blanquirroja para que se hubiera dado un resultado rotundo para dejar resuelta la eliminatoria; segundo, ese día vio tarjeta amarilla Banega y eso le impedía estar en el segundo asalto, con la trascendencia que tiene el metrónomo argentino para marcar los tiempos en este Sevilla; tercero, la cita por los imperativos del calendario estaba fijada para las seis de la tarde de un día laborable y eso podía restar presión popular desde la grada; cuarto, la Lazio recuperaba a algunos de sus mejores futbolistas, tales como Immobile y Milinkovic-Savic; quinto, no se sabía muy bien si el partido exigía una protección del cero a uno de partida ante el riesgo que se le presuponía al adversario o, por el contrario, el guión debía regirse por la valentía; y sexto, y último, las circunstancias del juego quisieron que los blancos se quedaran con un hombre menos, por la absurda expulsión de Franco Vázquez, cuando aún restaba media hora por delante y todo estaba, entonces, en un 1-0.

Unidos al irregular momento de juego y de confianza por el que atraviesa este Sevilla, eran demasiados ingredientes a echar en la coctelera para que el mejunje no tuviera un riesgo añadido de salir con un sabor demasiado agrio. Pero no fue así, a la hora de la verdad el cuadro blanquirrojo ofreció una imagen bastante sólida durante los 95 minutos que concedió el inglés Taylor y el peligro de la eliminatoria estuvo más en las sensaciones que en otra cosa, pues el gol de Ben Yedder ya era un colchón tranquilizador con apenas 20 minutos contabilizados en los cronómetros. Después los anfitriones siempre supieron manejarse para controlar las diferentes situaciones que se producen cada vez que echa a rodar un balón en una competición profesional con rivales más o menos equilibrados.

El Sevilla salió con cierta valentía desde la misma confección de su equipo inicial. Machín, con la salvedad del sancionado Banega y del más que probablemente lesionado Carriço, partió con lo que mejor que tiene en su plantilla, o al menos con lo que él estima como los elementos más fuertes. Ninguna concesión al descanso por aquello del cero a uno en la ida y por la cercanía del Barcelona en la Liga. En el césped se ponían todos los titulares, aunque pronto uno de ellos se iba a tener que ir a las duchas de manera precipitada por el enésimo problema muscular. Era Escudero a quien le tocaba de nuevo y la solución de emergencia del entrenador soriano le correspondió a Promes en un nuevo contratiempo.

Pero los locales no se descompusieron para nada y siguieron con el mismo plan de partida. Franco Vázquez acudía muchas veces a socorrer a Roque Mesa en el arranque de la construcción del juego y el Sevilla parecía valiente desde el mismo momento en el que Ben Yedder ya dio el primer aviso en el minuto 7. Pero existía un no sé qué, un temor, sobrevolando que dio la cara en el primer despiste, cuando Mercado, Jesús Navas y Vaclik no se entendieron sobre quién debía ir por el balón con decisión. La indecisión fue aprovechada por Lulic para provocar el runrún del graderío, aunque todo quedó en el susto. Susto gordo, eso sí.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que Ben Yedder aprovechó un mal pase de Milinkovic-Savic para montar una excelente jugada, en la que dejó la pelota en los pies de Sarabia al borde del área. La sociedad que mejores réditos le da a este Sevilla volvía a funcionar, pues el duro disparo del madrileño fue repelido por Strakosha y la pelota le cayó justo a Ben Yedder para empujarla.

Era un alivio, aunque más en la teoría que en la práctica, pues la Lazio seguía estando casi a la misma distancia de la clasificación que antes. Y eso, paradójicamente, provocó más dudas en un Sevilla que no sabía muy bien cómo iban a pasar más rápido los minutos, si protegiéndose o tomando más riesgos. Así se llegaría al intermedio, con escasas circunstancias dignas de reseñar.

Más o menos todo siguió desarrollándose igual tras el parón del intermedio, aunque las opciones más claras pertenecían al Sevilla hasta que Kjaer le dio un susto a Vaclik en un balón que el danés salvó casi de milagro y, sobre todo, una pelota que le cayó a Acerbi en un pase de Milinkovic-Savic se convertía en la parada de la tarde por parte de Vaclik. El checo había salvado a los suyos de la igualada y la cosa pudo ponerse un poco después bastante negra cuando Franco Vázquez vio su segunda cartulina amarilla en un claro error del inglés Taylor, pues la falta era tremendamente dudosa y encima no tenía mucho sentido que conllevara semejante castigo.

Lógicamente, todos los sevillistas, incluido Machín, vieron riesgo de que el edificio se desplomase con tanto tiempo por delante y así pudo haber sido de haber acertado Immobile en la que se le presentó, pero el balón, afortunadamente para los intereses sevillistas, se fue alto. Después ya llegó la jugada de la compensación con la expulsión directa de Marusic, también injusta, y el respiro fue generalizado.

El gol final de Sarabia, unido al debut oficial de Marko Rog con la camiseta blanca, fueron ya detalles secundarios después de que el Sevilla hubiera sabido lidiar con solvencia a un torito que era embolado y que se puso incluso peligroso tras la expulsión del Mudo. Pero el final, como suele ser habitual en este Liga Europa, fue feliz y la bola del Sevilla estará en el sorteo del viernes, algo tan normal ya como meritorio, por supuesto que sí.

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