La despedida de Nico Pareja La huella de la identidad

  • Pareja incide en las claves que reverdecieron los laureles del Sevilla: “Sacrificio, garra, lucha y no darse nunca por vencido”

  • Su legado debe calar en un equipo que lo arropó en su emotiva despedida

Pareja posa con sus compañeros ante las tres UEFA Europa Leagues que conquistó. Pareja posa con sus compañeros ante las tres UEFA Europa Leagues que conquistó.

Pareja posa con sus compañeros ante las tres UEFA Europa Leagues que conquistó. / Juan Carlos Vázquez

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Nico Pareja deja en el Sevilla una huella indeleble, una senda ejemplar que seguir en el nuevo proyecto de Pablo Machín. Su debut fue en una primera previa de la Liga Europa, el 1 de agosto de 2013, y su despedida en otra previa de la Liga Europa, el 2 de agosto de 2018. En el lustro que media entre su orto y su ocaso como jugador del Sevilla, Nico Pareja contribuyó y se contagió, en una sinergia que el club quiere recuperar ahora, de esos conceptos clave, de esos pilares casi telúricos que determinaron el reverdecer de los laureles blanquirrojos en este siglo XXI.

Tres Copas de la UEFA Europa League lustraron su emotiva despedida. Pero él se quedó con otro título, el de haber pertenecido a una familia en la que la entrega y implicación sin límites dieron forma a ese lema que glosó El Arrebato en su himno: dicen que nunca se rinde. La garra, el sacrificio, la identificación con los colores, la irreductibilidad y la capacidad de rebeldía. Es el legado del que han sido copartícipes algunos de sus compañeros, el que deben tomar como testigo los nuevos, incluido Pablo Machín.

El veterano central de 34 años recitó ayer, entre lágrimas que apenas podía contener, un emotivo adiós en el que intentó resumir su paso por un club que lo ha marcado de por vida. Que su huella, esa entrega innegociable, permanezca indeleble es lo que José Castro buscó cuando tiró de Joaquín Caparrós como recurso de emergencia en tiempos de desazón.

“Llegué a un Sevilla que jugaba dos previas de Europa League, no sólo entramos sino que ganamos esa copa, y atrás dos copas más”, dijo, recordando aquel partido del 1 de agosto de 2013 ante el Mladost Podgorica. “Llegaron récords y más finales, que los especialistas en números podrán decir cuáles fueron. También momentos duros como la lesión que me dejó apartado la temporada 2015-16. Pero nada se compara con haber formado parte de este grupo de jugadores, que ha dado una identidad a este club: sacrificio, garra y lucha y mucho amor por estos colores, para no darse nunca por vencidos”, dijo con palabras entrecortadas.

“Es lo que caracterizó a este equipo y lo que hemos tratado de transmitirle a nuestra gente para que puedan sentirse identificados con nosotros. A veces mejor y otras peor, tanto mis compañeros como yo hemos dejado siempre el alma por este escudo. Y a eso no hay título ni récord que se le pueda comparar”, añadió Pareja, quien tras rescindir el contrato que aún lo ligaba al Sevilla hasta 2019 iniciará una nueva aventura en México, en el Atlas de Guadalajara.

La pasión de los mexicanos por el fútbol quizá palie de algún modo la morriña de Nervión, cuya simbiosis con el equipo fue otra de las claves que quiso destacar el bonaerense. “Jugar en el Sánchez-Pizjuán no tiene precio ni comparación. Jugar y ganar derbis como el que se vive acá, tampoco. Y haber llegado a ser capitán de este equipo es uno de los orgullos más grandes de mi carrera”, dijo el último primer capitán de una plantilla que tuvo en su despedida una representación amplísima, desde veteranos a neófitos: Carriço, Jesús Navas, Escudero, Mercado, Banega, Sarabia, Franco Vázquez, Aleix Vidal, Ben Yedder, Roque Mesa, Andre Silva, Arana, Sergi Gómez, Nolito, Carlos Fernández, Juan Soriano, Borja Lasso...

Pareja, que reconoció que ayer concluía “la etapa más importante” de su carrera y de su vida, dio las gracias “a todas las personas” que lo ayudaron “a formar parte de la historia de este gran club”. Y tuvo su cuota de gratitud hacia la afición sevillista: “Y la afición, muchas gracias a la afición, gracias por hacerme vivir el ambiente del Sánchez-Pizjuán, algo único e irrepetible. Gracias por haberme impregnado de sevillismo y por ayudarme a salir de los momentos más duros y por demostrarme su cariño cada vez que salí a la calle”.

Cinco años y un día duraron su entrega al Sevilla, 121 partidos, pese a la grave lesión que sufrió en San Petersburgo en 2015 que lo privó de jugar un año: 85 partidos de Liga, 10 de Champions, 21 de Liga Europa, dos de Supercopa de Europa, tres de Copa... Hizo tres goles, pero sobre todo contribuyó a ese legado marmóreo que hizo campeón al Sevilla en Turín, en Basilea y en Varsovia, con la irreductibilidad como piedra angular.

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