TRENES
Reanudada la alta velocidad entre Sevilla y Madrid

Sevilla FC: Más corazón que calidad

Un Sevilla frágil en talento, limitado en muchas facetas y con groseros regalos, al menos conserva fe y garra

· Los de Almeyda han mostrado carácter y lo han demostrado en los dos últimos partidos

Del Nido Benavente y Fernández de Bobadilla llegan a un acuerdo para no ir a juicio

Los canteranos Kike Salas y Juanlu celebran el gol del empate ante el Girona. / Antonio Pizarro

El Sevilla de esta temporada convive con demasiadas grietas, tantas que explican su delicada situación clasificatoria. Es un equipo frágil, irregular y con evidentes carencias de calidad. Pero en medio de ese paisaje de dudas también hay rasgos que merecen ser subrayados, porque si algo ha demostrado este grupo es que posee capacidad de reacción y una fe competitiva que le permite rescatar puntos cuando el escenario parece condenado al fracaso.

A los de Nervión se les puede reprochar muchas cosas: falta de claridad, escasez de talento diferencial, desconexiones y regalos individuales, pero lo que no se les puede discutir es que juegan con coraje y corazón. Esta plantilla ha abrazado con naturalidad esa frase que acompaña al club desde su himno, la de que el Sevilla no se rinde hasta el final. Y más allá del discurso, lo está trasladado al césped compitiendo hasta el último segundo, aunque el fútbol y su calidad no siempre le alcance.

Talento

La calidad en la plantilla escasea y más con la salida de Lukebakio, su jugador diferencial

Porque el nivel global de la plantilla es bajo, probablemente uno de los más limitados de LaLiga, y aún más tras la marcha de futbolistas como Lukébakio —el jugador con mayor desequilibrio del pasado curso— o Loïc Badé. Sus sustitutos llegaron con experiencia en la maleta, pero la realidad es que están más en la enfermería que en el campo. Azpilicueta aterrizaba con la misión de liderar la defensa, de dotarla de jerarquía y orden; y cuando ha estado sano lo ha conseguido, pero los números lo dejan claro: doce partidos ausente por lesión.

El caso de Alexis Sánchez no es muy diferente, el chileno –en los últimos destellos de su carrera en Nervión– no ha ofrecido continuidad. Su actuación más determinante fue ante el Alavés, donde decidió el encuentro, además de un buen partido en el Ramón Sánchez-Pizjuán frente al Barça, coronado con un penalti transformado con jerarquía. Sin embargo, en este 2026 su protagonismo se ha diluido. Solo fue titular ante el Levante y en los dos últimos compromisos apenas ha participado: dieciséis frente al Girona, con una participación casi invisible, y se quedó en el banquillo en el último encuentro.

Lesiones

La baja de Rubén Vargas, el único jugador capaz de hacer algo diferente limita al equipo

Tampoco las lesiones han dado tregua a Matías Almeyda. Su futbolista diferencial, Rubén Vargas, el único capaz de filtrar el último pase o sacarse una jugada de la chistera donde no la hay, no levanta cabeza desde la lesión sufrida el 24 de noviembre. Tras casi dos meses fuera regresó ante el Celta de Vigo, pero apenas duró ocho minutos antes de resentirse del bíceps femoral izquierdo.

Caso parecido al de Tanguy Nianzou, permanentemente elogiado desde el club por su potencial. Incluso Antonio Cordón llegó a asegurar que sería su temporada, pero la realidad es parecida a las de las últimas temporadas; las lesiones le impiden encadenar continuidad.

Y es que la calidad escasea también en el centro del campo. Hay físico, hay despliegue, pero talento diferencial apenas el justo. Algún envío de Lucien Agoumé o Peque y poco más. El ejemplo más evidente fue el encuentro en Mendizorroza, donde el Sevilla careció de un futbolista capaz de dar un pase que permitiera al equipo en inferioridad ganar metros y respirar. Sólo Akor Adams lograba sostener el balón y ofrecer una referencia ofensiva.

Reponerse

El equipo sevillista es capaz de sortear los problemas con coraje y mucha personalidad

Sin embargo, lo que falta de calidad a este equipo lo compensa con carácter. Este Sevilla muy limitado en lo técnico lo equilibra con solidaridad y fe. Lo demostró en los dos últimos compromisos, sumando puntos de enorme valor no tanto por el resultado como por el contexto. Ante el Alavés, pese a quedarse con uno menos en el minuto 16, no se descompuso. Se reorganizó, se mantuvo compacto e incluso fue capaz de adelantarse en el marcador. En la segunda mitad resistió el empuje local con uñas y dientes, defendiendo el empate en un ejercicio colectivo de resilencia.

También ante el Girona volvió a tirar de fe y corazón. Encajó en el minuto uno y fue claramente superado en la primera mitad, pero resistió para seguir con vida. Ya en el tiempo de descuento, en medio de la tensión en el estadio, apareció el central Kike Salas desde el pico del área que encendió al equipo. Y cuando todo pendía de un hilo, Vlachodimos protagonizó el último acto de fe al detener un penalti a Stuani.

No son episodios aislados. Remontó en casa ante el Athletic, rescató un punto en el Martínez Valero tras ir 2-0, derrotó al Barça líder y sumó tres puntos en Vallecas en un partido gris.

Le falta talento y fútbol a este equipo, pero al menos le queda orgullo y corazón. A eso se agarra al sevillismo.

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