Los juegos de la escuela de verano motivan el desarrollo
Para los menores con una discapacidad intelectual el espacio supone una ruptura con las exigencias productivas de la escuela y los padres · La convergencia de niños con y sin discapacidad favorece la integración y normalización de todos
La escuela de verano es un espacio de actividad y entretenimiento para el menor permitiendo que los padres continúen con su rutina profesional. Pero además, en el caso de las escuelas de verano dirigidos a niños con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales posibilita el trabajo de la capacidad desde el ocio, la diversión y no tanto desde la responsabilidad que exige la escuela educativa.
Por lo general, los niños con síndrome de Down (afección congénita que aparece en uno de cada 800 bebés) pueden hacer la mayoría de las tareas que hace cualquier niño, como caminar, hablar, vestirse e ir solo al baño pero lo aprenden más tarde. No puede pronosticarse la edad exacta en la que alcanzarán estos puntos de su desarrollo. En consecuencia, y según Paulina del Barco, presidenta de Aspanri-Down, Asociación Síndrome de Down de Sevilla, "durante todo el año, los padres y profesionales estimulamos con actividades al menor, desde por la mañana a por la noche, intentando aprovechar cada instante y, aunque es positivo, a veces los niños están sobre saturados". En este sentido, la escuela de verano supone una ruptura necesaria para el menor que trabaja todas las áreas pero desde la diversión.
La escuela de verano interviene "sobre la capacidad motora, la afectivo cognitivo, la comunicación y el lenguaje con el juego. A los niños se les motiva sin que se den cuenta", dice Andrea Acosta, pedagoga. Cada año la escuela vespertina y el desarrollo de sus tareas gira en torno a una temática, este 2010, en Aspanri Sevilla el tema elegido es el de los piratas. "En el desarrollo de manualidades hemos hecho banderas, catalejos, e incluso estamos construyendo un barco. Además leemos cuentos para representarlos. E inculcamos el seguimiento de normas, como, por ejemplo, dar los buenos días, a través de un supuesto decálogo del buen pirata", describe Andrea. Isabel es madre de Elena, con síndrome de Down, y quien en la actualidad tiene 15 años. "Desde los 8 a los 11 años Elena estuvo yendo a una escuela de verano. En ella se divertía mucho, y no tenía el concepto de que fuera una escuela como tal si no un espacio donde reunirse con amigos y hacer tareas juntos. Además su asistencia a la escuela de verano me permitía hablar con ella de lo que había hecho", expone Isabel.
Según Mamen Soto, psicóloga y responsable del área de atención temprana en la asociación, "la escuela de verano permite trabajar en profundidad aspectos trabajados en una terapia individual. Por ejemplo la autonomía o las relaciones sociales". La actividad veraniega tiene una rutina de lunes a viernes de 9 a 14 horas, incluyendo el trabajo en mesa o el trabajo corporal en el espacio. Debido a que el servicio de psicología conoce las capacidades de cada niño por su trabajo durante el año, hace una valoración personalizada de los aspectos a reforzar por sus monitores en el taller veraniego.
Además, en este espacio convergen menores desde los 8 años a los 12, y tanto con síndrome de Down, como otras discapacidades intelectuales; inclusive, hermanos sin afección de alguno de los participantes. "El encuentro en un espacio lúdico de niños afectados y no, así como de distintas edades, es enriquecedor para todos pues favorece las habilidades sociales, así como la valoración del otro en un igual a igual", defiende Mamen.
Según Paulina, "nuestra máxima es la normalización e integración social de los menores y mayores afectados por lo que promovemos cualquier actividad que suponga el encuentro entre afectados y no afectados". En esta dirección, la presidenta anima a que los padres inscriban tanto a sus hijos con una discapacidad intelectual como a los que no la tengan porque favorece la comunicación de todos desde el entretenimiento.
Aspanri tiene actividades durante todo el ciclo vital de las personas con síndrome de Down u otra discapacidad intelectual. Su centro de Atención Temprana está formado por un equipo multidisciplinar (logopeda, pedagogo y fisioterapeuta) que trabaja en el menor de 6 meses a 3 años de vida. Con los mayores, el trabajo oscila en torno a las habilidades sociales, ocupacionales y la autonomía.
Las perspectivas para las personas con síndrome de Down son mucho más alentadoras de lo que solían ser. La mayoría de los problemas de salud asociados al trastorno (defectos cardíacos, intestinales, problemas de visión, pérdida de audición, infecciones o pérdida de memoria) pueden tratarse siendo la expectativa de vida de unos 55 años en la actualidad. A ello se suma, la educación entre los afectados de hábitos saludables.
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