Elon Musk, SpaceX y el arte de cotizar en el momento preciso para lograr un récord
La compañía aeroespacial de Elon Musk prepara su desembarco en Wall Street con una operación de 50.000 millones de dólares que llegaría en medio de turbulencias para Tesla, polémicas en X y el anuncio de la megaconstelación satelital de Jeff Bezos.
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El momento que ha elegido SpaceX para anunciar (o filtrar) sus planes de salida a bolsa no es casual.
La compañía aeroespacial de Elon Musk aspira a captar hasta 50.000 millones de dólares en una oferta pública inicial prevista para junio de 2026, con una valoración aproximada de 1,5 billones de dólares que pulverizaría todos los récords conocidos.
Más allá de las cifras, lo llamativo es el contexto en el que emerge esta información: apenas días después del anuncio de Jeff Bezos sobre su megaconstelación de satélites con Blue Origin, horas antes de que Tesla publique unos resultados que se anticipan poco favorables, y en plena nueva polémica en torno a X.
¿Casualidad? En el universo de Musk, donde cada tuit puede mover mercados y las decisiones corporativas se tiñen de simbolismo personal, es poco probable.
El récord que borrará a Saudi Aramco del podio
Si SpaceX consigue levantar 50.000 millones de dólares en su debut bursátil, superará con holgura el récord que ostenta Saudi Aramco desde 2019, cuando la petrolera saudí recaudó cerca de 29.000 millones de dólares y alcanzó una capitalización de mercado de aproximadamente 1,7 billones de dólares. Es hasta ahora la única OPV completada que ha superado el umbral del billón de dólares de valoración.
SpaceX aspira ahora a destronar ese registro con una propuesta que sitúa a la compañía espacial en el selecto club de las corporaciones más valiosas del planeta, al nivel de los gigantes tecnológicos y energéticos que dominan los índices bursátiles.
La duda no es si SpaceX puede alcanzar esa valoración, sino si el mercado está dispuesto a pagar ese precio en un momento de incertidumbre económica y con un calendario que algunos analistas consideran precipitado.
La metamorfosis de un empresario reacio a los mercados públicos
Durante años, Musk se mostró categóricamente contrario a sacar SpaceX a bolsa. Sus declaraciones públicas insistían en que prefería mantener la compañía en el ámbito privado hasta haber establecido una presencia humana en Marte. Era coherente con su retórica antiestablishment y su desconfianza hacia las presiones de Wall Street, que han complicado en más de una ocasión su relación con los accionistas de Tesla (por eso sacó a Twitter de los mercados casi en cuanto la compró).
Sin embargo, la realidad empresarial ha terminado por imponerse a la épica marciana. Personas cercanas al entorno de Musk reconocen que su postura ha evolucionado a medida que SpaceX ha crecido en tamaño, ingresos y, sobre todo, ambición.
El desarrollo de Starlink ha sido determinante en esta transformación: la constelación de más de 9.400 satélites que proporciona internet desde el espacio se ha consolidado como una fuente de ingresos recurrentes que complementa y estabiliza el negocio tradicional de lanzamientos espaciales.
Entre conjunciones planetarias y cumpleaños: el factor Musk
Si algo caracteriza a Elon Musk es su capacidad para mezclar lo corporativo y lo personal. Según Financial Times, el empresario baraja hacer coincidir la OPV con una conjunción planetaria entre Júpiter y Venus prevista para los días 8 y 9 de junio, así como con su cumpleaños el 28 de ese mismo mes, cuando alcanzará 55 años. Es el tipo de detalle que en cualquier otra compañía resultaría anecdótico o directamente extravagante, pero que en el universo Musk es casi ritual.
Hay un claro precedente: en 2018, el empresario tuiteó sobre una hipotética privatización de Tesla a 420 dólares por acción (referencia apenas velada a la cultura del cannabis) que terminó con consecuencias regulatorias y un acuerdo con la SEC que le obligó a renunciar temporalmente a la presidencia del consejo de administración.
No obstante, algunos banqueros e inversores consultados por el diario británico consideran que un estreno bursátil en junio podría resultar prematuro. SpaceX aún debe presentar el formulario S-1 ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, el documento que notifica oficialmente al regulador la intención de cotizar, además de organizar la habitual gira internacional de presentación a inversores. Son trámites, sí, pero pasos esenciales que requieren tiempo y una preparación meticulosa.
La sombra de Bezos y el duelo de los multimillonarios espaciales
El anuncio de SpaceX llega unos días después de que Jeff Bezos, el fundador de Amazon y eterno rival de Musk en la carrera espacial, presentase planes para una megaconstelación de satélites con Blue Origin. Es el último episodio de una pugna que ha adquirido tintes casi épicos entre dos de los hombres más ricos del planeta.
Blue Origin ha avanzado con paso más cauto que SpaceX, privilegiando el desarrollo tecnológico sobre la velocidad de despliegue. Pero el anuncio de Bezos es un desafío directo al dominio de Starlink en el mercado de internet satelital, un sector que se perfila como estratégico tanto para las telecomunicaciones como para la infraestructura de datos que alimentará la próxima generación de servicios digitales y de inteligencia artificial.
En este contexto, el timing de la filtración sobre la OPV de SpaceX adquiere una nueva dimensión: es un recordatorio de que Musk sigue marcando el ritmo de la industria espacial, y que tiene los recursos (y la audacia) para mantener esa posición.
Tesla, X y la gestión del caos controlado
El calendario tampoco es inocente en otro sentido. Tesla publicará sus resultados trimestrales este miércoles, y los analistas anticipan cifras poco favorables.
Paralelamente, X (la red social que Musk adquirió por 44.000 millones de dólares y reconvirtió desde Twitter) atraviesa un momento delicado por la moderación de contenidos, las políticas de verificación y la reciente polémica por los deepfakes sexuales creados con su herramienta de inteligencia artificial Grok.
Las críticas de anunciantes y usuarios se acumulan, y la plataforma ha perdido relevancia y valor desde su adquisición. Para un empresario que gestiona simultáneamente varias compañías de alta complejidad, la filtración sobre SpaceX funciona también como una maniobra de distracción.
Es una táctica que Musk ha perfeccionado con los años: la gestión del caos controlado, donde cada anuncio, cada tuit, cada filtración cumple una función en un tablero más amplio que raramente es visible para los observadores externos.
Un mercado que se recupera, pero con cautela
El contexto macroeconómico, al menos, parece propicio. Tras varios años de escasa actividad, el mercado de OPV en Estados Unidos comenzó a recuperarse en 2025, después de un periodo marcado por la volatilidad financiera, las tensiones geopolíticas y unos tipos de interés elevados que enfriaron el apetito inversor.
Los analistas esperan que 2026 sea un año de grandes estrenos bursátiles, con compañías tecnológicas y de inteligencia artificial como Anthropic u OpenAI trabajando ya en posibles salidas a bolsa.
Centros de datos en órbita: la apuesta por la IA espacial
Más allá de reforzar su balance, la salida a bolsa permitiría a SpaceX financiar proyectos como la construcción de centros de datos en el espacio conectados a la constelación de Starlink, una infraestructura que Musk considera clave para competir en el terreno de la inteligencia artificial con Google u OpenAI.
Según fuentes citadas por The Wall Street Journal, esta estrategia también podría beneficiar a xAI, la empresa de inteligencia artificial del propio Musk, en un momento en el que la carrera por la capacidad de cómputo se ha convertido en un factor crítico para el desarrollo de modelos de IA avanzados.
La idea de procesar datos en órbita, aprovechando la refrigeración natural del espacio y la conexión directa con miles de satélites, encaja en su visión de un ecosistema integrado donde SpaceX, Starlink, xAI y el resto de sus empresas funcionan en simbiosis.
Es una estrategia que recuerda a la de los grandes conglomerados tecnológicos chinos, donde las distintas divisiones de negocio se alimentan mutuamente y crean barreras de entrada formidables para la competencia.
Pero también plantea posibles conflictos de interés y dudas sobre hasta qué punto los inversores estarán dispuestos a financiar proyectos que benefician a otras empresas del ecosistema Musk.
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