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Diego Urdiales: "La verdad está en la cara del toro"

ENTREVISTA

El diestro riojano, que afronta la temporada 2026 con nuevo apoderado, mantiene un idilio con la afición sevillana y fue el autor de uno de los trasteos más recordados de la pasada Feria

Diego Urdiales será apoderado por Israel Vicente

Una buena corrida de toros

El diestro riojano posa en los salones del Hotel Colón en la antesala de una temporada que le llevará de nuevo a la plaza de la Maestranza. / Juan Carlos Muñoz

La cita con el diestro riojano había sido en el hotel Colón, antes de que se avanzara su nombre en la cartelería sevillana. El tiempo inclemente, una jornada más, había impedido al torero cumplir con su calendario campero. Los tentaderos, el tacto de las embestidas invernales tenía que esperar aún a que escampara pero Diego Urdiales se sabe querido a la sombra de la Giralda y ha aprovechado esta inmersión hispalense para encontrarse con sus íntimos y pulsar el calor de una ciudad que hace ya tiempo supo adoptarlo como propio.

Pregunta.–¿Qué hace este riojano por su Sevilla?

Respuesta.–Estoy en el campo, me habían invitado a un acto… pero siempre me gusta pasar algunos días en Sevilla. Tengo muchos amigos aquí. Todo gira en torno a la vida y el toreo.

P.–Esa vida, el toreo, le han acercado mucho a esta ciudad que le recibe como suyo.

R.–Mi relación con Sevilla comenzó cuando era un niño. Rafael Guerrero, el maestro que me enseñó los primeros pasos en la profesión, es sevillano y ya me inculcó muchas de las cosas de aquí: desde el toreo hasta el flamenco. Cuando eres tan niño todo eso se te mete dentro pero es que yo ya sentía algo muy especial por esta tierra sin haber venido siquiera. Y después, todo lo que ha pasado…

P.–Eso nos lleva al vínculo definitivo, a esa especial simbiosis con la plaza de la Maestranza.

R.–Tenía el convencimiento de que podía pasar desde que empecé y gracias a Dios ha pasado. Antes que torero eres aficionado y sabes del gusto de la gente, pero también sé la clase de torero que soy. Ha habido un entendimiento. Torear aquí es un privilegio.

“Desde niño ya sentía algo muy especial por esta tierra sin haber venido siquiera”

P.–¿Con qué actuaciones se queda al pasar los años?

R.–Con las que he sentido, por encima de los trofeos. Recuerdo ahora una tanda de naturales con un toro de Domingo Hernández, ya acabada la faena. Era algo que nunca me había pasado: la gente aplaudiendo y puesta de pie al acabar el muletazo esperando el siguiente. Son cosas muy especiales… ahí está la faena del año pasado sin que arrancara la música. Parecía que no iba a pasar nada y de repente se conecta todo para vivir momentos increíbles, toreando muy despacio, en silencio...

P.–Ese día fue el que se eligió al nuevo Papa. Sonaron las campanas de la Giralda.

R.–Fue una tarde muy especial por muchas cosas. No sonó la música pero repicaron las campanas…

Urdiales reflexiona sobre el tiempo, la vida y el toreo. / Juan Carlos Muñoz

P.–Deja atrás una larguísima relación con Luis Miguel Villalpando, un amigo íntimo.

R.–Es una relación familiar. Luis Miguel y yo sentíamos que era el momento. Lo hablamos así. Había mucho desgaste por parte de ambos. Es que hemos hecho un esfuerzo tremendo, hemos luchado mucho. Villalpando siempre ha querido lo mejor para mí y siempre ha estado a la altura de las circunstancias. Sólo tengo palabras de agradecimiento. He tenido una persona a mi lado a la que quiero como a mi propia familia.

“Villalpando y yo habíamos hecho un esfuerzo tremendo;era el momento de dejarlo”

P.–Pero sigue apostando por la independencia decantándose por otra persona cercana: Israel Vicente.

R.–Es una forma de ver la vida, más allá del toreo. Para torear necesito estar rodeado de unas determinadas circunstancias. Son las que elijo.

P.–Entre esas circunstancias… ¿está el saber decir no?

R.–Decir que no en la vida es muy costoso pero también es muy necesario cuando uno siente que las cosas deben ser de una manera. Después se nota en la plaza.

P.–¿Eso conlleva un precio muy alto?

R.–Si lo llevas a los números, evidentemente sí. En todos los sentidos. Pero la vida es más que números y hay cosas que no se puede poner precio. Y se traducen vestido de luces. La verdad está delante del toro y se demuestra andando. Otra cosa es que seas capaz de llevar todo eso para adelante. Hay muchos sinsabores e injusticias evidentes (recalca el adjetivo). Puede haber cosas dadas a la interpretación de cada uno pero hay otras que se caen por su propio peso.

P.–Podemos recordar una de esas evidencias. El pasado año llegó a Bilbao y volvió a abrir su puerta grande. Pero había llegado por la vía de la sustitución…

R.–Ahora sí voy a tener que hablar de números. Mi currículum en Bilbao es el más importante de la última década. Es así. Y que tuviera que acudir en esa situación dice mucho de las carencias que tiene el toreo. Pero allí estuve, salió ese toro y pude enseñar la única manera en la que yo sé hablar. Las palabras se pueden interpretar pero lo que no es interpretable es lo que pasa en la plaza delante del toro.

“La vida es más que números y hay cosas a las que no se le pueden poner un precio”

P.–El camino ya es largo, ¿qué le queda por conseguir?

R.–No, no tengo ningún tipo de objetivo concreto. El único es ser capaz de seguir evolucionando porque eso es lo que me da la felicidad. Esa vuelta de tuerca temporada tras temporada es lo que me llena y poder conseguirlo delante de un toro y en una plaza como Sevilla es impagable. Nos vamos a ir del toreo, de esta vida… y lo que nos queda de verdad dentro no son los números que tengas en la cuenta; es lo que tú has vivido, lo que has sentido con tu familia, con tus hijos, con tus padres, con tus hermanos, con tu mujer… Eso es lo que queda de verdad y cuando nos vamos de este mundo o nos acercamos a esa raya si echa uno cuentas debe ser muy jodido tener alguna pendiente.

P.–La de 2025 fue una temporada corta en números pero en la que ha sabido mantener esa trascendencia

R.–Cuando las cosas en la plaza son importantes siempre dejan huella y marcan, hacen pensar a la gente… Eso es lo bonito, siendo una temporada en la que no toreé mucho sí lo hice en plazas importantes y como me sentí delante del toro fue algo increíble a estas alturas de mi vida. Mantener el nivel, con esa regularidad, pisando ese sitio y poder expresarme es casi milagroso por eso la temporada del año pasado la recordaré siempre. La disfruté muchísimo.

Urdiales en el objetivo de Juan Carlos Muñoz. / Juan Carlos Muñoz

P.–¿Se considera un torero de culto?

R.–Sería muy pretencioso por mi parte; no quiero adularme a mí mismo. Que lo digan los demás. Eso sí: tengo una forma de torear diferente.

P.–No sé si es válida la comparación. Es un torero acústico, unplugged…

R.–Es una forma de expresarlo (risas).

P.–Mantiene un vínculo especial con Curro Romero, que le señaló con el dedo. ¿Qué importancia tuvo ese gesto?

R.–Supuso un antes y un después en mi vida. Muchos me habían visto; algunos lo habían dicho y otros no se atrevían o no eran capaces de decirlo. “Este sabe torear y a mí me emociona”. Que alguien tan grande, un mito del toreo, hable de mí de la forma que lo hizo y muestre su admiración dice mucho de su grandeza. ¡De un torero de La Rioja!

P.–Más allá de la mitificación de su figura se encuentra un ser humano muy rico.

R.–Si como torero es inexplicable como persona más. Tiene esa magia, el don de pararte el corazón, de parar los toros, de llevar el arte a esa dimensión… no me atrevo a decir si es más grande como torero o como persona pero si puedo asegurar que es de las personas más grandes que he conocido en mi vida por su bondad, por su verdad… Es una persona que transmite energía con solo una mirada. Me quedo con esa calidad humana, su humildad… ¡tanta humildad en un ser tan grande¡ Por eso es más grande todavía.

P.–No nos podemos resistir a hablar de Morante... No queda nada mal el nombre de Urdiales con el del genio de La Puebla en un cartel.

R.–Hemos toreado muchas tardes juntos y cuando lo hemos hecho se crea un ambiente muy especial, de un público que va a la plaza predispuesto a que pasen cosas diferentes. Siempre es un orgullo torear con él. Ojalá podamos compartir muchas más tardes.

“Cuando muere la ilusión nace el miedo. Será el momento de dejar de torear”

P.–Precisamente viene de La Puebla, de esa celebración de San Sebastián que ha inspirado el propio Morante. Pero la cuestión es otra, hay que ver la cantidad de chavales sin caballos que están andando bien.

R.–Es muy bonito ver a los novilleros que empiezan con esa inocencia que todos hemos tenido, la que tanto deseamos luego volver a sentir. Nos gustaría volver a sentir ese niño, a torear desde lo más puro de tu ser. Esa labor que se está haciendo en La Puebla es muy importante como la que se lleva haciendo hace mucho tiempo en Arnedo, mi pueblo, donde se ha apoyado a los novilleros desde hace cincuenta años con el Zapato de Oro y después con el Zapato de Plata. Ahí nace el modelo.

P.–¿Le da miedo que un día sepa a ciencia cierta que hay que poner el punto final?

R.–Lo veo ya más próximo que lejano. Pero no me da miedo. Llevo en esto toda la vida, queriendo ser torero desde que era un niño, levantándome por la mañana para prepararme, toreando de salón, esperando el día de ponerme delante… La vida te cambia y me cambiará. Psicológicamente hay muchas formas de aceptarlo o no aceptarlo; el tiempo lo dirá. Pero lo que te mantiene es la ilusión por conseguir algo. Eso es lo que te da valor, fuerza y energía para seguir. Cuando esa ilusión se vaya no tendré fuerzas para torear. Como dice Luis Miguel Villalpando, mi íntimo amigo y anterior apoderado, cuando muere la ilusión nace el miedo. Será el momento de dejarlo.

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