Un costumbrista moderno
Conferencia-homenaje al pintor José García Ramos en el centenario de su fallecimiento.
Pocos son los homenajes realizados en el centenario de su muerte a José García Ramos, representante por excelencia del costumbrismo andaluz. Instituciones como el Ateneo de Sevilla ya rindieron su merecido tributo a esta figura de la pintura con una reciente exposición. Ayer, en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, otro erudito del pincel, en este caso contemporáneo, Juan Fernández Lacomba, impartió una conferencia que, como el propio académico destacó momentos antes de su intervención, trató de "aportar un repertorio de nuevas visiones de García Ramos; un pintor aún por colocar en su sitio, un moderno dentro del costumbrismo".
Bajo el título José García Ramos (1852-1912) pintor sevillano: de la invención costumbrista a la crónica moderna, Lacomba discurrió por la obra y época del artista que "nació en el 52 y murió en el 12, pero 60 años antes ya existía el costumbrismo, ya se había desarrollado con el romanticismo". Así, la figura de García Ramos queda camuflada en ocasiones por un costumbrismo que llegó a eclipsar el sentido de la realidad e incluso el sentido sociopolítico, de crítica social, de sus ilustraciones.
Un "moderno" dentro del regionalismo andaluz que bebió de otras tendencias europeas -"gran parte de su producción la realizó fuera de España"- que aportaron a su obra matices contemporáneos e innovadores. Esta actualización del costumbrismo también se aprecia en su interés por el mundo de la fotografía, la ilustración, la composición artística de libros o la elaboración de carteles de fiestas populares.
Fiestas, procesiones, bautizos, bodas y sus protagonistas (toreros, majas, gitanos...) reflejaron fielmente, pero con una visión distinta, el tiempo que le tocó vivir a García Ramos.
Hijo de un barbero, José García Ramos recibió una notable educación que le llevó a formarse con maestros como José Jiménez Aranda, con quien viajaría hasta Roma siguiendo la estela del catalán Mariano Fortuny. Regresó a España para, poco después, marcharse a París. Todas las influencias recibidas se reflejaron en su vuelta a Sevilla, desde donde colaboró con revistas y publicaciones. El 2 de abril de 1912 falleció en su casa de la calle Fernán Caballero. Testigos de su trabajo, sus obras, algunas de ellas expuestas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
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