La joya arquitectónica a media hora de Sevilla con una majestuosidad y unas vidrieras que no dejan indiferente a nadie
La iglesia carmonense de Santa Maria es uno de los templos de mayor importancia del municipio, con vidrieras de gran tamaño y un órgano en su interior que lo hacen único
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A escasos 30 kilómetros de la capital hispalense, unos 30 minutos en coche, y en uno de los municipios más aclamados de la provincia por el turismo, como es Carmona, se levanta la iglesia de Santa María, una joya arquitectónica que comenzó a construirse a finales de la Edad Media y que causa gran impacto a quienes se adentran en ella cuando visitan este pueblo de la campiña sevillana. Lejos de tratarse de una iglesia convencional, la de Santa María capta la atención no solo por sus dimensiones sino porque en su interior hay elementos, como vidrieras de gran tamaño o un órgano, que la hacen única en la localidad.
Máximo exponente de la arquitectura religiosa carmonense, la actual iglesia de Santa María se levantó sobre el solar en el que estaba la antigua mezquita mayor, de tipo almohade, una operación frecuente en tiempos de la conquista cristiana. De la mezquita aún se conserva el patio de las abluciones, en el que posiblemente se llevaba a cabo el ritual de lavarse con agua para obtener pureza espiritual o física.
La construcción se inició a finales del siglo XV y comienzos del XVI, pero se ejecutaría a lo largo de varios periodos históricos posteriores. Las obras de la torre comenzarían en el siglo XVI y no finalizarían hasta XIX, cuando se llevan a cabo una serie de reformas que le dan la imagen actual a la iglesia. El capitel y el reloj se deben a una donación de Carlota Quintanilla.
La verdadera importancia del conjunto arquitectónico que se ve en la actualidad radica, no obstante, en el templo cristiano, concebido según los patrones formales y constructivos del gótico catedralicio sevillano.
Arquitectura de la iglesia
El templo presenta planta de salón, con tres naves y capillas situadas entre los contrafuertes laterales. La construcción se realizó en dos fases durante los siglos XV y XVI. En la primera se levantaron los tramos que van de los pies hasta el coro, usando un lenguaje y estéticas góticos; en la segunda fase desempeñó un papel importante Diego de Riaño, imprimiendo ya una estética claramente renacentista a los tramos que llegan hasta la cabecera.
De inspiración renacentista, el templo también conserva algunas partes del periodo barroco como la Puerta del Sol y la capilla Sacramental. Este presenta planta de salón, con tres naves y capillas situadas entre los contrafuertes laterales. Su sector más antiguo está formado por el Patio de los Naranjos, que se encuentra adosado a su muro izquierdo. El patio presenta una galería porticada en dos de sus frentes.
El segundo cuerpo de la nave central presenta ventanales apuntados góticos con vidrieras que aportan iluminación al interior del edificio y crean un espectáculo de luces en su interior digno de contemplar.
Además de la visita al propio templo de manera libre siempre que esté abierto, existen colecciones permanentes de pintura, bordados, orfebrería o esculturas, entre otras, de diferentes épocas y estilos que fueron dejando su huella en la parroquia de Santa María a lo largo de ocho siglos.
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