Tribuna

emeLINA FERNÁnDEZ

Presidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía

Diana Quer: relato indigno de un crimen machista

Periodistas y tertulianos dedicaron horas y horas a desprestigiar a la joven asesinada

Cuando una persona desaparece no desaparecen sus derechos, entre ellos, los que protegen su honor y su imagen. En el caso de la desaparición de Diana Quer, los medios no han respetado ninguno, y han pasado por alto las más elementales normas deontológicas de la profesión con tal de generar audiencia para sus programas informativos o de entretenimiento, o lectores en sus ediciones impresas y digitales.

El daño causado a la imagen de esta malograda joven, asesinada el mismo día de su desaparición, y a su familia, devastada por una pérdida semejante, quedará impune, tristemente impune. Y también quedará marcado como uno de los episodios más vergonzosos del periodismo en nuestro país que, por cierto, se ha revelado profundamente misógino.

El deber de protección de los derechos de las personas desaparecidas, derechos fundamentales, como el de la imagen y el honor, es una premisa obvia y sencilla, contenida en las recomendaciones elaboradas por Consejo Audiovisual de Andalucía en colaboración con la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas. Una guía que se elaboró justamente ante la deriva que estaba tomando el tratamiento informativo de este caso, que se ha caracterizado por una presencia mediática desmesurada a pesar de que los periodistas no contaban con datos fiables o útiles para su resolución.

La forma y el cómo se ha resuelto el caso ha dejado en evidencia a estos periodistas y tertulianos que sin escrúpulos dedicaron horas y horas a desprestigiar a la joven asesinada, culpabilizándola de su propio infortunio.

Un popular adagio periodístico atribuido al maestro Riszard Kapuscinski dice que cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante. Escribir Diana Quer en un titular garantizaba muchos clics, difundir su imagen en escenas privadas o desconocidas más allá de las fotos facilitadas por la familia aseguraba audiencia. Y así fue como, casi desde el principio, la verdad empezó a dar igual, lo importante era publicar algo, lo que fuera, sobre Diana Quer. Se publicaron titulares como: "Una chica que buscaba en los brazos de los hombres el cariño que no encontraba en su casa"; "El entorno 'problemático' de Diana Quer ¿causa de su desaparición?"; "Las fiestas con hombres de la madre de Diana enredan la desaparición de su hija"; "El consejo de la madre a Diana Quer: "tómate un orfi".

Uno de los periódicos más importantes de nuestro país, en una crónica titulada Las otras desapariciones de Diana Quer, se hizo eco del testimonio de su profesora y compañeros de estudios, que no se extrañan de su ausencia al pasar lista en clase, puesto que, argumentan, en el curso anterior sumó más de 100 faltas de asistencia y suspendió cinco asignaturas a pesar de estar repitiendo curso. La crónica incluye párrafos como este: "Era muy confiada, su entorno era muy cambiante, se fiaba de chicos que conocía por internet y luego se andaba quejando de que si la acosaban". Las televisiones corrieron a entrevistar a una amiga de la joven con el siguiente titular: "Me dijo que estaba en unas fiestas y que se lió con un chico que no conocía".

Mientras estas calumnias, rumores y suposiciones se publicaban, Diana ya había sido asesinada por un hombre que quiso violarla y su cuerpo había sido ocultado en un pozo. Pero ya se había trazado un relato que los medios fueron tejiendo: la propia Diana Quer se buscó lo que le pasó. Por ser joven, por ser guapa, por vestir como quería, por, aparentemente, relacionarse con quien le daba la gana. Ninguna de estas informaciones contribuyó a esclarecer el caso.

Las recomendaciones para el tratamiento informativo a las que me he referido al principio contemplan que cuando los periodistas informan de una desaparición están prestando un servicio público, pero ninguno de estos informadores tuvo en cuenta este aspecto tan esencial de su profesión, evitar difundir especulaciones que banalicen la situación o causar un daño innecesario a la familia, avergonzarles o angustiarles. Todas y cada una de estas recomendaciones recogidas en este documento, disponible en la página web del Consejo Audiovisual de Andalucía, fueron incumplidas de manera flagrante por casi todos los medios de comunicación.

Por fortuna, dentro del ámbito periodístico están surgiendo voces que piden hacer autocrítica y, sobre todo, evidenciar que la desaparición y el asesinato de Diana Quer ha sido un brutal caso de violencia de género. Fue asesinada tan solo por ser mujer, y mientras sigamos asumiendo con naturalidad esta situación, seguiremos viviendo en una sociedad enferma. Confío en que los editores de los medios de comunicación y los profesionales que ejercen el oficio a pie de calle aprendan de este caso para que una mujer violada y asesinada no vuelva a ser culpabilizada públicamente y de una forma tan indigna de su propia desdicha.

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