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Andalucía

Griñán ciñe su agenda a lograr un pacto difuso mientras 'orienta' a Rubalcaba

  • El presidente de la Junta marca como gran reto del año un acuerdo global que presenta sin contenido, sin plazo y desestructurado, pero que propone como hoja de ruta nacional.

El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, compareció ayer tras la celebración del primer Consejo de Gobierno del año con una propuesta ya anunciada bajo el brazo y de la que no aportó más detalle salvo la primera fecha, el próximo lunes 14. Ese día se reunirá con el líder del único partido de la oposición, el popular Juan Ignacio Zoido, para estudiar la "metodología" del que se ha marcado como reto principal para el año que acaba de estrenarse y sobre el que pivotará la acción política (y mediática) de la Junta: un gran pacto económico y social del conjunto de la sociedad andaluza.

¿Y en qué consiste? Pues poco más clarificó Griñán, salvo que quiere un pacto global, con los partidos políticos y los agentes más representativos, para definir (a estas alturas) el modelo sobre el que construir la sociedad y salir de la crisis.

Así, dijo que el pacto "nacerá de abajo a arriba" con las aportaciones de entidades sociales (que no especificó) por ejemplo "para saber cómo organizar la sanidad, la educación, cómo es posible que el poder financiero aporte recursos al sistema económico, el desarrollo rural o cómo fijar la población al territorio". Como no quedaba claro el propósito, Griñán tuvo que explicar que el "gran pacto" pretende rubricar unos principios comunes, como "que la cobertura sanitaria sea universal, si se rechaza el euro por receta, que la educación sea pública o que el sistema financiero aporte a la economía, ya que se ha llevado recursos públicos. Un modelo que nos permita avanzar", dijo.

Como este pacto "es fundamentalmente de la sociedad y no de los partidos políticos", el desenlace final será llevarlo al Parlamento, que, por cierto, indicó que tendrá una agenda legislativa propia con la previsión de seis leyes (Transparencia, Ley del Mecenazgo, Plan Estadístico, Ley de Participación Ciudadana, la regulación del Banco de Tierras o la normativa para la lucha contra el fraude fiscal).

Y como a final de año se comprometió ante sindicatos y empresarios a renovar el acuerdo de concertación en enero o febrero, Griñán especificó que habrá un acuerdo económico que precederá al global, sobre el que no puso fecha debido a la "complejidad" de la tarea. En fin, una presentación deslavazada y de objetivos inconcretos para llenar el año.

Sí que aprovechó el presidente para, a preguntas de los periodistas, escaquearse del plan de IU, socio de gobierno, de convocar una gran manifestación, quizá el 28 de febrero, y dijo que este acuerdo ya es una gran movilización de por sí.

Griñán, que es más de ideas, comienza el año con un plan recurrente y que ya intentó sin éxito su antecesor, Manuel Chaves, que naufragó por la propia dinámica frentista de los partidos políticos, incapaces de llegar a mínimos acuerdos. En esta ocasión la elección del intermediador que debe alcanzar este consenso tampoco es buen vaticinio. El presidente delega la tarea en su hombre fuerte en el partido, el vicesecretario general del PSOE andaluz, Mario Jiménez, que se ha caracterizado por ser el azote de sus adversarios.

El propio presidente reconoció, incluso en esta etapa incipiente, el riesgo de volver a defraudar las expectativas que este acuerdo puede generar en la ciudadanía y reseñó que "habrá que buscar soluciones dentro de una línea". "Lo que queremos es señalar el camino para recorrerlo entre todos; la orientación es fundamental", señaló.

Según comentan en el entorno próximo a Griñán, la intención de este acuerdo es elevarlo a nivel nacional, que sea como una hoja de ruta y, de paso, empujar a Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, a una nueva estrategia. De hecho, pudo pasar algo desapercibido, pero al inicio de su intervención Griñán apeló a "dar un giro a la dialéctica política" de la que tan mala imagen perciben los ciudadanos. Así el presidente del PSOE llamó a abandonar el debate "estéril" de la "herencia recibida", en alusión al PP, y el de "las promesas incumplidas", uno de los principales sustentos en la oposición del PSOE de Pérez Rubalcaba.

Griñán, cada día más convencido de su influencia nacional, habla cada día más en esa clave. Con una mayoría cómoda gracias a una alianza con IU que le da menos quebraderos de cabeza de los previstos y un PP debatiéndose aún sobre la sucesión de Arenas, Griñán tiene tiempo y ganas, dejando la liga regional para cuando se pone interesante y juega Cataluña.

En esta línea fueron los otros mensajes del presidente. Primero, reclamó al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que se constituyan los grupos de trabajo acordados en la última Conferencia de Presidentes para abordar cuestiones como la distribución del déficit o la aplicación del modelo de financiación y reclamó una nueva convocatoria de la cumbre autonómica. Segundo, dejó en el aire su preocupación por la visita de Rajoy a Cataluña y afirmó que el modelo territorial no se puede construir a partir de diálogos bilaterales, sino del consenso.

El presidente andaluz hilvana el discurso contra las medidas del Gobierno y de la UE y reclama menos austeridad y más iniciativas de impulso económico. Por ello lamentó las "páginas" que durante este año se han dedicado al déficit, sobre el que aún está pendiente conocer si la Junta ha concluido el año con el cumplimiento del 1,5%.

¿Le preocupa?, le preguntaron a Griñán cuando se marchaba. "Me preocupa el déficit, pero el paro mucho más", contestó. Pero, ¿se cumplirá?. "Queremos", respondió a un metro del atril. Era día, el primero de este año, para hablar del Gran Pacto por Andalucía.

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