Sueños esféricos
Juan Antonio Solís
Sí a todas las proposiciones indecentes
Real betis - Málaga · el otro partido
Pepe Mel cumplirá 50 años el próximo jueves, el Día de Andalucía. Y en sus tiempos mozos fue delantero centro. Jugó entre otros en el Betis y siempre supo agradecer la compañía. En su caso, de verdiblanco, se alineó con Valentín, con Loreto, con Kukleta y hasta con un imberbe Cuéllar. Quizá en ese inicio de los noventa, cercano él a la treintena, ya pensara ser entrenador algún día, aunque no colgase las botas hasta seis años después en el Angers. En la rivera del Maine, junto al Loira, su vocación ya era clara. Jugaba y pensaba como entrenador y en su cabeza no cabía otro sistema de juego que el 4-4-2. A él, como a todos los académicos del balompié, le gusta decir 1-4-4-2, pero yo no recuerdo que la WM llevase una I delante. ¡Y se jugaba con once!
Es su dibujo fetiche. Con él aterrizó en el Betis y sólo la irrupción futbolística de Beñat lo movió a abandonarlo. Incapaz de relegar a Iriney ni a Salva Sevilla, acostó al virgitano a una banda en pos de ese 4-4-2 asimétrico con el que ascendió. En la presente temporada, entre la escasez de extremos y la abundancia de centrocampistas, sí ha venido jugando un 4-3-3 más puro.
Pero el gran Betis de Mel siempre fue con dos delanteros. En la Copa en Getafe con Rubén Castro y Jorge Molina, esta temporada en San Mamés. A veces con Santa Cruz y el canario...
Por eso no le gustó que se le escapase el paraguayo a pocos días del cierre del mercado. Su sustituto, Pabón, arribó hace un mes y quién sabe si lo hubiera hecho de no ser por la habilidad del técnico para desembarazarse de Jonathan Pereira. A Pellegrini le sobra con Saviola y Santa Cruz. Sólo juega uno. Mel precisa de tres o cuatro porque le gusta jugar con dos. Y su cada día más profusa historia en verdiblanco demuestra que es como mejor ordena a sus futbolistas.
En la víspera, el foco de atención fue Rubén Castro. No se hablaba de otra cosa en Montecastillo. El canario alternó golf y fútbol y ante el riesgo de recaída se quedó en el banquillo. En el visitante moraba Santa Cruz, quien se libró de una buena pitada superior a la que oyó al bajarse del autocar en Heliópolis.
No hizo falta Rubén Castro. Jorge Molina tardó medio minuto en marcar. Pabón hizo un golazo para abrochar la mejor primera parte en casa en mucho tiempo. Al alcoyano incluso le escamotearon otro gol de penalti. Y pudo lograr un saco, aunque quizá ni así se fuese a escapar de la suplencia que posiblemente le espere en Anoeta.
Porque Mel sabe de delanteros. Y a Pabón, aunque de extremo y en la banda que menos rinde, lo puso a jugar con dos entrenamientos. Cuando un futbolista le entra por los ojos es así. En ataque detecta a los buenos. Y ante la Real Sociedad quizá estrene pareja atacante.
Jorge Molina, con sus siete goles, volverá a sacar su proverbial lectura del juego desde la suplencia, con espacios, a la contra. No marcaba como titular desde agosto, cuando le hizo dos al Athletic y uno al Rayo. El Betis no le ganaba al Málaga en casa desde que Alfonso salvase la cabeza de Víctor Fernández en la temporada 03-04. Lorenzo Serra tenía ese día preparado un billete de avión para volar hacia Sevilla. Y tardó cinco meses en llegar.
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