La hostelería y el turismo rural salvan de la extinción a los cortijos andaluces

Con los adelantos tecnológicos, las haciendas de la comunidad dejaron de ser rentables hasta que el turismo encontró para ellas una función primordial que ha permitido su supervivencia en el sector rural

La hostelería y el turismo rural salvan de la extinción a los cortijos andaluces
Adelaida De La Peña / Sevilla

29 de abril 2009 - 05:02

Las haciendas y los cortijos forman parte del paisaje y la historia de Andalucía, pero con la mecanización del campo dejaron de ser rentables como explotaciones agrícolas y ganaderas y el sector turístico salvó de la extinción a estas históricas construcciones dándoles una nueva utilidad.

Se trata de edificios llenos de belleza e historia, perfectos para ser convertidos en lugares de celebración de eventos, alojamientos rurales, restaurantes e incluso museos. Los empresarios andaluces, especialmente los dedicados al sector rural, vieron en los cortijos la posibilidad de compatibilizar la explotación agraria y ganadera con la turística para rentabilizarlas.

"Los cortijos y las haciendas andaluzas ya no están en peligro de extinción, pero lo han estado. En Sevilla, por ejemplo, había alrededor de 300 haciendas de las que sólo quedan 125", explica a este periódico César Pimienta, gerente de la Asociación de Haciendas y Cortijos de Andalucía.

Pimienta afirma que no está muy clara la "rentabilidad del turismo rural y menos en este tipo de edificios, que tienen pocas habitaciones, son muy costosos de mantener y de restaurar y además están expuestos a la estacionalidad del mercado".

"Estas construcciones deben estar bien restauradas y ser fieles a la estructura original; por eso es tan costoso y por eso es imprescindible la ayuda de las instituciones, que ya recibimos, pero siempre es necesario algo más de apoyo", opina Pimienta, quien explica orgulloso la contribución que ha hecho la asociación a la conservación de este importante patrimonio andaluz.

Pero el destino de los cortijos no es siempre tan idílico como el de la Hacienda del Agua en Alcalá de los Gazules (Cádiz), que ofrece a sus visitantes el auténtico lujo natural. Ubicada en el Parque Natural de los Alcornocales, posee un huerto ecológico, techos árabes, observatorio de aves, un embarcadero y playas fluviales, todo ello caracterizado por su cuidado por el medio ambiente.

El caso del propietario de la Hacienda del Agua no es el más común. "Muchas haciendas acaban abandonadas, son herencias que no se sabía cómo repartir, dueños que se desentienden de la propiedad o simplemente pertenecen a gente que no puede permitirse la rehabilitación y mantenimiento", explica Pimienta.

Además hay haciendas dedicadas a la explotación ecuestre o vinícola, a la cría de toros y a actividades lúdicas y medioambientales. Algunas incluso son museos.

Pero hoy por hoy no corren peligro, al menos no más que cualquier otro negocio en época de crisis, porque estos lugares con encanto han sabido mantener su lugar en el paisaje tradicional andaluz y buscar un hueco en el panorama económico actual.

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