¡Oh, Fabio!
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Ahora que se valoran tanto las "experiencias" en materia de turismo, cabría reflexionar sobre cuánto vale pasear por una calle y recibir un soplo de incienso por la repentina apertura de un postiguillo. Abrimos la puerta y descubrimos un altar espléndido, un crucificado nimbado y el transcurso de una celebración con toda su liturgia. ¿Cuánto vale eso? ¿Dónde se compran las entradas? Hay hitos que no se pueden tasar, experiencias que no aparecen en ningún catálogo, y altares y estéticas que vemos normales, pero son auténticas maravillas sin tasar porque nunca hemos necesitado de tasación. El sevillano les pone precio en su corazón. Las agencias y sus operadores no se enteran, no las consideran. Son sitios, momentos y "experiencias" que solo se pueden valorar de la mano de un sevillano.
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