Afirmación y escuela de la vida

La música despierta el tiempo | Crítica

Acantilado publica una colección de conferencias y artículos de Barenboim originales de la primera década del siglo

Daniel Barenboim en una de sus habituales visitas a España / Europa Press

La ficha

La música despierta el tiempo.

Daniel Barenboim. Trad. Francisco López Martín y Vicent Minguet.

Barcelona: Acantilado, 2023. 217 páginas. 22 €

“El simple hecho de producir sonidos es un acto de afirmación de la vida”, escribe Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) en uno de los ensayos de este volumen. Y la frase puede aplicarse bien a la actitud vital del maestro bonaerense, ahora que su salud empieza a condicionar seriamente su carrera. Afirmación de la vida de aquel niño prodigio que con diez años se trasladó de Argentina a Israel para convertirse en un cosmopolita (tiene las nacionalidades argentina, española, israelí y palestina y no sé si conserva la inglesa) que causó enorme impacto, primero como pianista y luego como director, en el universo musical de nuestro tiempo.

Este volumen se divide en dos partes: primero, se incluyen las seis conferencias que Barenboim leyó en el curso 2006-07 como titular de la cátedra Norton de la Universidad de Harvard. En ellas su visión del hecho musical, de las relaciones entre sonido y pensamiento, de la necesidad de la escucha concentrada, del equilibrio que en toda apreciación musical debería darse entre intelecto y emoción, entre lo objetivo y lo subjetivo, se mezcla con su labor de mediador político que supuso la creación de la Orquesta West-Eastern Diwan, cuyos primeros pasos se siguen hasta la histórica actuación del verano de 2005 en Ramala.

La música despierta el tiempo - Barenboim

La segunda parte es una miscelánea de diez piezas entre breves artículos y entrevistas, en las que también está presente el conflicto palestino-israelí y la WEDO, su amistad con Edward Said y diversas reflexiones acerca de la música de Bach, Schumann y Mozart. Además se incluye un artículo sobre Furtwängler, en el que no oculta la enorme admiración por su figura, y otro sobre su relación con la persona y la obra de Pierre Boulez. Al margen de su visión particular de la música (la del dominio de la armonía y de la polifonía, podría resumirse), los textos desvelan una visión del arte sonoro no sólo como afirmación, sino también como escuela de la vida.

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