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En la muerte de Rafael Amador

Obituario

Rafael Amador, centro, con Kiko Veneno, izquierda y Raimundo Amador en 2015. / Juan Carlos Muñoz

Rafael Amador Fernández (Sevilla, 1960) fue una de las dos patas del grupo Pata Negra. Nada menos. Pero fue también la tercera pata, con Raimundo Amador y Kiko Veneno, de Veneno, que publicaron un solo álbum (1977), homónimo, que en su momento fue ignorado por el público y la crítica pero que años más tarde ha sido considerado en diferentes clasificaciones como el mejor disco de música popular de la historia en España. Antes, los hermanos Amador, siendo adolescentes, ya habían hecho sus pinitos en el disco de debut (1976) del grupo Familia Montoya como guitarristas. La diferencia de Veneno respecto a otros proyectos de flamenco-rock, desde Sabicas a Las Grecas, es que el grupo hizo lo que le vino en gana en su disco, con una producción rudimentaria que conectaba, más que otros proyectos comerciales de flamenco rock del momento, con el espíritu punk que por entonces soplaba en el ámbito del pop. Y, por supuesto, con geniales composiciones de Kiko Veneno e interpretaciones del trío. Y la producción de Ricardo Pachón. Es un disco acústico, algo sorprendente en un álbum de pop de la época.

La escasa repercusión del disco de Veneno motivó la separación del grupo, momento en el que los hermanos Amador forman el grupo Pata Negra que sería fundamental en la evolución posterior del flamenco rock. Ya con las guitarras eléctricas como bandera. Ahí es donde Rafael da un paso al frente asumiendo la voz cantante del grupo, además de ejercer de consumado guitarrista, con su hermano Raimundo como estrella en esta faceta, para cantar éxitos como Los mánagers, que firma Kiko Veneno o el Blues de los niños, de composición propia. Es su primer disco, homónimo, de 1981, al que seguiría, en la misma línea Rock gitano (1983), con temas como El tardón y con la voz de su primo Juan José Amador para algunos de los temas. En 1986 se publicó el disco acústico Guitarras callejeras que había sido grabado en 1979 y que desde entonces permanecía en un cajón. En realidad, este fue el primer disco de Pata Negra, y por eso se parece más que los demás a Veneno, considerado por algunos, por eso, su obra maestra. Otros, sin embargo, consideran que la obra maestra del grupo es Blues de la frontera (1987) que sí consiguió conectar con el gran público, finalmente. El disco es un paso adelante en cuanto a producción, contando con un elenco notable de colaboradores, desde los textos de Carlos Lencero hasta las percusiones y el bajo eléctrico de Antonio Smash o el Tacita. El disco incluye éxitos como Yo me quedo en Sevilla o Camarón. En directo, el dúo seguía presentándose con una primera parte acústica con los hermanos en solitario y una segunda parte con el grupo electrificado al completo. Así recorrieron pabellones y plazas de toros de toda España. Pero fue el principio del fin del dúo. Raimundo emprendió su exitosa carrera en solitario y Rafael, que siempre había sido la voz cantante del grupo, publicaría un par de estupendos discos más con el nombre de Pata Negra, con la colaboración de Carlos Lencero en los textos y la producción de Ricardo Pachón. En 1989 aparece Rafael con su grupo en la película Bajarse al moro de Fernando Colomo, cuya banda sonora firma como Pata Negra. El mismo año que publicó Rafael en solitario el segundo de sus discos como Pata Negra apareció El directo (1994), una grabación con su hermano registrada en 1989. La última grabación de este músico fue un tema incluido en el recopilatorio Viejo patio (1999) donde firma como Rafael Amador. También lo podemos ver en la película Polígono Sur (2003) de Dominique Abel. En 2014 colabora en el maxisingle Flamenco experimental del grupo Nea Flamenco Experimental. En 2015 recibió un homenaje en Sevilla.

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