EL TIEMPO
Regresa la lluvia a Sevilla

Las canciones que nunca se fueron

REVÓLVER | Crítica

Revólver celebró en Sevilla el aniversario de su disco esencial con un concierto elegante y contenido, donde las canciones sonaron más hondas, más serenas y plenamente vivas

El gran maestro y los teloneros

Carlos Goñi, líder de Revólver, en Cartuja Center CITE / Ángel Bernabéu

El Dorado llevaba treinta años aguardando este reencuentro, y Revólver lo muestra ahora sin polvo ni herrumbre; son canciones que nunca han abandonado el presente. La gira de once conciertos, que anoche recaló en el Cartuja Center CITE, con la que Carlos Goñi celebra su aniversario es una lectura madura de un disco que ha ganado profundidad con el tiempo; nada de excursiones nostálgicas, más bien una conversación serena con lo que se fue y con lo que aún permanece.

El concierto comenzó sin empezar del todo. Mientras por los altavoces sonaban apenas unas notas instrumentales de Dios en agosto está de vacaciones, la banda fue ocupando el escenario uno a uno: primero el batería, Miguel Giner; luego el teclista, David Samaniego; el bajista, Alfredo Lorente; el del saxo, Josvi Muñoz… y finalmente Goñi. Fue una entrada pausada, elegante, incluso ritual, que preparó el terreno emocional de lo que vendría después, que comenzó con Tú y yo abriendo el repertorio con intimidad y pulso sereno. La canción se sostuvo sobre un equilibrio delicado entre piano y bajo, con Goñi cantando desde una cercanía que marcaría el tono del concierto. A continuación, El Dorado se expandió de forma inesperada. Lo que debería ser una segunda canción se convertía en un clímax anticipado gracias a un largo y deslumbrante solo de guitarra de Carlos, con arreglos que estiraban el tema hasta hacerlo parecer un final de concierto. La banda se permitió crecer, respirar y dialogar, ensanchar el espacio y el tiempo, dejando claro desde muy pronto que esta noche no se iba a tocar en corto, que aquí había margen para el riesgo y la emoción.

Revólver / Ángel Bernabéu

Por un beso devolvió el pulso al terreno emocional, un paso atrás necesario tras el desbordamiento, con una interpretación sólida y elegante, mientras que No va más demostró su fortaleza incluso frente a lo imprevisto; un fallo en las luces dejó el escenario a oscuras durante los primeros compases, pero la canción resistió y se impuso, áspera y definitiva, sin perder intensidad. La oscuridad no restó nada, subrayó el momento. En El aire sabe a veneno llegó uno de los grandes momentos musicales de la noche. Samaniego se lució en un solo profundo y expresivo de su piano, que convirtió la canción en un espacio nocturno, casi suspendido, donde cada nota parecía caer con peso propio, dibujando sombras más que melodías. Esperando mi tren prolongó el clima introspectivo y recuperó el espíritu de tránsito eterno que siempre la definió, sonando como una confesión a medio camino entre la espera y la resignación.

Antes de Lisa y Fran, Goñi se detuvo para explicar que durante años fue una canción que nunca terminó de gustarle cómo sonaba con las bandas anteriores, y que por eso apenas la tocaba. Ahora, confesó, le entusiasma. Incluso llegó a decir que ojalá la hubiera grabado en su momento con estos músicos. La interpretación confirmó esa reconciliación; la canción sonó viva, equilibrada, con una serenidad nueva. La fortuna y Nacidos para la gloria encontraron en el saxo de Muñoz un aliado perfecto; entraba sin estridencias, aportaba brillo y emoción, y convertía determinados pasajes en algo casi físico; era un hilo cálido que envolvía las canciones sin apretarlas. Piezas que anoche sonaron menos urgentes, pero más hondas, menos impulsivas y más conscientes. Si es por ti cerró el bloque de El Dorado con una mezcla de intimidad y épica contenida, fue una despedida suave antes de cambiar de paisaje.

Revolver: Carlos Goñi y Josvi Muñoz / Ángel Bernabéu

El concierto entró entonces en su tramo más desnudo. Esclavo de tu amor y Faro de Lisboa fueron interpretadas en solitario, con Goñi y su guitarra acústica. En Esclavo de tu amor, Carlos casi no cantó, se limitó a acompañar. Fue el público, que llenaba totalmente el recinto, quien llevó la canción en volandas. Y ocurrió algo poco habitual, porque no fue un coro mayoritariamente femenino el que se impuso, sino un murmullo de voces masculinas, grave y emocionado; la mayoría de los hombres del público éramos ya talluditos y se notaba que la canción ha envejecido junto a quienes la cantaban. Faro de Lisboa mantuvo intacta su condición de himno crepuscular, cantado desde la calma conquistada.

Con Tu noche y la mía el concierto recuperó cuerpo y dinamismo, mientras que Mi rendición volvió a colocar la emoción en primer plano, sin aspavientos; Goñi no necesitaba exagerar para llegar a todos. El momento más hondo de la noche llegó después con Dentro de ti. Goñi la dedicó a los afectados por la Dana, especialmente a la gente mayor que lo perdió todo y que, por edad, ya no tendrá tiempo de volver a levantarlo. La escena se contrajo; salvo el pianista, que acompañó desde su sitio, el resto de la banda y los dos auxiliares de escenario se acercaron y se fundieron en un abrazo al borde del escenario. Solo se escuchó la voz de Carlos, el teclado y, de forma puntual, el saxofón. Hubo silencio, respeto y una emoción compartida, que rompió al final en el mayor aplauso de la noche, todos en pie.

Revolver recordando a los afectados por la Dana en su concierto de Sevilla / Ángel Bernabéu

Si no hubiera que correr sonó como una declaración vital, cantada desde un lugar donde ya no hay prisa, ni necesidad de llegar antes que nadie, y San Pedro recuperó la épica contenida que siempre ha definido a Revólver. Si es tan solo amor añadió el último matiz íntimo, antes de que El roce de tu piel cerrase la noche como lo que es desde hace décadas, una canción que ya no pertenece solo a quien la escribió, sino a todos los que la han ido llenando de vida con el paso de los años.

Sobre el escenario, Carlos Goñi lideró todo el concierto desde la sobriedad, apoyado en una banda precisa y cohesionada, que entiende que el verdadero brillo no está en el exceso, sino en el equilibrio. Esta gira confirma que El Dorado no ha vuelto, siempre ha seguido aquí, con canciones que siguen en pie porque nunca dejaron de estarlo. Lo vivido anoche fue la constatación de que hay discos que no necesitan ser rescatados porque nunca se fueron. Y Revólver lo demuestra tocándolo con respeto, con emoción y con esa rara virtud de quien sabe mirar atrás sin perder el presente de vista.

Revólver en Cartuja Center CITE / Ángel Bernabéu

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