Análisis

Antonio Sempere

Candela Peña

Candela es mucha Candela Peña. Una actriz insobornable. Por eso, ahora que le ha llegado una oportunidad bombón para entrar al teatro por la puerta grande (Consentimiento, Teatro Valle Inclán), aprovechó la primera de las entrevistas promocionales de la función para, sin pelos en la lengua, reivindicar que los montajes del Centro Dramático Nacional viajen por toda España. Si dichas producciones son posibles gracias a los impuestos de todos, argumentó Peña, por qué no las pueden disfrutar los vecinos de Caravaca de la Cruz o Lora del Río.

El hermano de Candela trabaja en el Teatro de la Zarzuela y ocurre lo mismo. Pero en el caso del coliseo de la calle Jovellanos es una cuestión de sentido común. Los monumentales espectáculos que allí se disfrutan tienen que empezar y acabar a la fuerza en Madrid. No es este el caso de funciones como Consentimiento. La voluntariosa Candela Peña, dejando los divismos a un lado, lo pidió con claridad. Los siete actores del elenco no necesitan unas condiciones especiales para llevar a cabo su trabajo. La función se puede ofrecer en la plaza del pueblo o en cualquier tipo de escenario. Porque lo esencial son los actores y el conflicto que plantean.

Pero en definitiva lo que Candela, que necesita pagar el colegio de los niños y esas cosas tan prosaicas, hacía con estas declaraciones era lanzar un torpedo a la línea de flotación de la alambicada burocracia que preside la actuación de cualquier administración pública. Todo esto ocurrió el lunes por la noche en Late Motiv, a donde acudió junto a Jesús Noguero, y estuvo para comérsela. Incluso pareció molestarle el piropo de Andreu afirmando que su secuencia era lo mejor de la película de Santiago Segura. Ella estaba en el plató a otras cosas. A promocionar Consentimiento, que tiene mucha miga, y que como una falla, se quemará el último día de representación en el CDN de Madrid.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios