Análisis

Carmen Pérez

Por una campaña económica

No sé ustedes, pero yo aún puedo sentir el dolor que nos produjo la pasada crisis. Por el goteo incesante de tantos dramas individuales de personas que iban engrosando las listas del paro o que se veían abocadas a cerrar su negocio. Y por la tragedia colectiva que suponía vivir en un país en el que todo se desbarataba. En estos últimos años nos hemos ido recuperando, aún las perspectivas son de crecimiento en los próximos años, pero los temores resurgen. Se han encendido luces amarillas en el cuadro de mando y numerosos riesgos externos amenazan con agravarlas. Dentro de dos meses elegimos -de nuevo- a los pilotos que tienen que llevar nuestra nave los cuatro próximos años. En la campaña deberían ocupar un lugar central las explicaciones de cómo piensan enfrentar el escenario de ralentización económica que nos acompaña.

A diario recibimos noticias del deterioro. Las previsiones sobre el crecimiento del PIB décima a décima se va rebajando; el Banco de España lo ha reducido del 2,4% al 2% y también ha corregido las estimaciones de los próximos años a la baja. El mercado de trabajo se enfría, la creación de empleo en septiembre ha sido la menor en este mes desde 2013. Escuchamos cómo China se ralentiza, que si el Brexit, que Alemania se ha parado, que Italia está estancada o los problemas que han empezado a surgir en EEUU, donde el miércoles el indicador de la actividad manufacturera se derrumbó hasta un nivel que no se daba desde hace diez años. Lo último es que Trump pretende imponer aranceles a España, y pueden perjudicar especialmente a los productos andaluces agrarios. La lista no para.

También hemos escuchado a Draghi expresando su escepticismo acerca de que sus estímulos monetarios puedan seguir impulsando el consumo y la inversión, y cómo en su última intervención apelaba directamente a los gobiernos para que actuaran. Pero la angustia es que la receta de estímulos fiscales tampoco está disponible para España: ¡carecemos de margen! La deuda pública sigue de récord en récord, ya alcanza los 1,21 billones de euros y continuará al alza. El déficit público, según comunicaba esta semana la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se sitúa ya en el 2,14% del PIB, esto es, el exceso de gastos sobre ingresos públicos rondará los 30.000 millones de euros este año. Y también está el toro de las pensiones.

Y ante tanto mal dato, las empresas descartan nuevas inversiones y el ciudadano cierra el bolsillo, deja de consumir y ahorra. Y si la demanda interna se debilita provoca a su vez que la caída sea más rápida. En estos momentos resulta fundamental la confianza y ésta se incrementará si percibimos que los que tendrán que tomar las decisiones están preocupados y ocupados en diseñar cómo enfrentar las actuales circunstancias, si encontramos que hay contenido en ese amor a España -o al "país", como dicen los que tienen alergia a su nombre- que tanto proclaman. Esperamos que todos coincidan en que hay que ser sumamente escrupulosos con la eficiencia en el gasto. Pero en otras soluciones las diferencias serán amplias. Nos merecemos que nos las den a conocer con detalle en la campaña para que antes de votar podamos valorarlas.

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