EL frente soberanista liderado por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y tutelado por Esquerra Republicana de Cataluña, que persigue la independencia de este territorio y la ruptura de España, dio el jueves un paso más en un proceso de disgregación y secesión al hacer aprobar en el Parlamento catalán una iniciativa que sabe condenada de antemano al fracaso. Se trata de la petición al Congreso de los Diputados de que le sea transferida a la Generalitat la capacidad de convocar un referéndum para que los ciudadanos de Cataluña se pronuncien sobre si quieren un Estado catalán separado de España. La propuesta se acoge a un artículo de la Constitución que hace posible la delegación de la competencia estatal para convocar referendos, pero elude el hecho de que el referéndum pretendido vulnera completamente el ordenamiento constitucional: la unidad de España es intocable mientras la Constitución esté vigente y, además, la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, sin que puedan pronunciarse sobre ella los habitantes de un territorio en solitario. Más claro y más terminante no puede ser el mandato. Por eso hablamos de fracaso inevitable de esta iniciativa: cuando se debata en el Congreso de los Diputados, tres grupos parlamentarios que representan más del 80% de los miembros de la Cámara (PP, PSOE y UPyD, como mínimo) la rechazarán en defensa de la legalidad democrática, según han anunciado reiteradamente. De este modo, Artur Mas se cierra todas las puertas a una posible solución negociada a los conflictos que presenta actualmente el encaje de Cataluña en el Estado español. No le importa: en su hoja de ruta ya figura la futura convocatoria de una consulta con una legislación catalana que habrá de improvisar y, como el Tribunal Constitucional también la prohibirá por las mismas razones que hacen imposible la iniciativa del jueves, convocará elecciones autonómicas anticipadas para confrontar la ley de la democracia española con una presunta mayoría de la población de Cataluña en favor de la independencia. La mayoría está por ver. Por lo pronto, el Partido Socialista de Cataluña ya ha abandonado la deriva independentista -a costa de perder algunos diputados y militantes-, mientras que el partido que gobierna con Mas, Uniò Democrática de Catalunya, se declara opuesto a la secesión, lo mismo que amplios sectores económicos y sociales catalanes, que han comprendido que el proceso, si condujera a la segregación, supondría la ruina de Cataluña. Empezando por su salida de la Unión Europea, como ayer avisó, una vez más, el presidente de la Comisión, Durao Barroso. Mas se encamina hacia la derrota. Y no sólo suya.

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