La aldaba
Carlos Navarro Antolín
No inventemos procesiones laicas
Suelen decir los cofrades más puristas que no hace falta anunciar la Semana Santa. Pues todo el mundo sabe cuando llega el momento. Y, sin embargo, cada año hay más carteles y más pregones. Tampoco eso es malo. No se sabe por qué, en Sevilla hay personas gruñonas a las que les molesta todo: que haya más carteles y que haya más pregones. Pero también que haya más nazarenos, que haya más cofradías en los barrios, que haya más vía crucis en las calles, que haya más hermanos en las protestaciones de fe, que haya más demanda de sillas y palcos, que haya más atención a las hermandades en los medios de comunicación, que haya más obras en las calles en Cuaresma... Esto último a todo el mundo le molesta, no sólo a los gruñones.
La Cuaresma tiene una importancia litúrgica. No sirve sólo para anunciar la Semana Santa, sino que es el tiempo de la conversión y la penitencia. Pero la parte de anunciar la Semana Santa, que es una forma de prepararnos, siempre ha existido. Lo importante es cómo se hace. Bien o mal. Hubo un intento de crear una escuela de pregoneros, que se tomó a guasa, con razón. Y todavía en las universidades no han organizado ningún máster en la materia.
Diferente es la polémica que rodea a los carteles, sobre todo desde que en los años 90 el Consejo se olvidó de las fotos y optó por una obra de pintura. Algunos añoran los carteles fotográficos, aunque los que vemos hoy no son como los de Luis Arenas. Algunos están muy retocados. Y ya cualquiera, con un móvil y la IA, te puede hacer maravillas, más falsas que Judas Iscariote. Si bien es verdad que no todos los pintores pintan, porque algunos utilizan apps y ciertos trucos. Pero aún quedan artistas del género.
Desde Salustiano, se han evitado las polémicas. El año pasado tuvimos un cartel de la Esperanza Macarena, pintada por Virginia Saldaña, que gustó. Coincidió con el que después presentó Luis Gordillo, que no es un pintor castizo. Este año tenemos un cartel de Antoine Cas, con el Cristo de las Misericordias muy bien pintado, y un fondo de rojo purgatorio que evoca a Dante. Y un cartel de las Fiestas de Primavera, pintado por Dani Franca, que recrea una escena infantil muy sevillana. Siendo sevillano, algunos lo han criticado; pero es un innegable acierto: se aparta de los tópicos, a la vez que encaja con las tradiciones.
También sirven de anuncio las exposiciones. La que se ha dedicado a Cayetano González, en la Fundación Cajasol, es la mejor de los últimos años. Es como un museo de la Semana Santa. Anunciar es bueno cuando se acierta.
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