desde el fénix

José Ramón Del Río

De nuevo el juez Serrano

EL juez Serrano, titular de un juzgado de familia, de Sevilla, adquirió notoriedad, a principios del año pasado, por sus críticas a la Ley de Violencia de Género, denunciando el diferente trato que establecía para las denuncias de las mujeres y las de los hombres y, sobre todo, por sus diferencias respecto a la punibilidad de las mismas conductas, dependiendo del sexo. Tuve ocasión de escribir sobre él y poner de manifiesto que, después de doce años a cargo de un Juzgado de Familia, su opinión era la de un profesional que merecía, por lo menos, el mismo respeto que la de los colectivos feministas, que le censuraban con tanta acritud. Un suceso acaecido en la Semana Santa de 2010 le ha vuelto a poner de actualidad, porque autorizó alterar el régimen de visitas de un niño sevillano de once años, de padres separados, para que pudiera salir, como paje, en una cofradía de la madrugada. Su resolución se dicta a instancias del abuelo del menor y después de haberse asegurado, por la declaración del propio menor, de que la madre no le dejaría salir en la procesión, "pero que él tenía muchas ganas y era importante para él".

Esta resolución, que se dicta en un asunto aparentemente intrascendente, como es prolongar por un día y medio el tiempo en que el niño permanecería al cuidado del padre, le ha originado las siguientes consecuencias: un juicio por prevaricación (que es un delito que consiste en dictar, a sabiendas, una resolución injusta) y la petición, por parte del letrado de la madre del niño, que ejerce la acusación, de una pena de veinte años de inhabilitación para ejercer como juez y una multa de 14.400 euros. Le pide además una indemnización de 60.000 euros para la madre del niño; 100.000 para el menor y 12.000 para otro hijo, hermano del niño. No sólo llama la atención la importancia de las penas, sino la elevada cuantía de las indemnizaciones, sobre todo la que se pide para el propio niño.

No conozco al juez Serrano, ni tengo ningún asunto profesional en su juzgado. Por mi afición cofrade puede parecerme más importante que a otros posibilitar que un niño salga en su cofradía, si éste es su deseo. Aquí acaba mi interés personal por el tema. La palabra fallo, según el diccionario, tiene diversas acepciones. La primera y principal es la de sentencia de un juez, pero también fallo significa error o equivocación. En algunas ocasiones, los fallos judiciales resuelven equivocadamente la cuestión. No voy a citar ejemplos de errores judiciales, muchos de los cuales habrán quedado impunes. Pero el juez Serrano podrá presumir de que su pretendido error es el que se pretende castigar más duramente en la historia del foro.

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