La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Somos más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por eso, al conocer el borrador de la visita de León XIV a España, que probablemente se desarrollará en el mes de junio, parece decepcionante que no se incluya a Sevilla. Más aún si se considera que se esperaba la visita del papa Francisco para el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, tras ser invitado por el arzobispo de Sevilla y por el presidente de la Junta de Andalucía. Aunque se entendió y se disculpó su ausencia. El papa Francisco ya estaba bastante pachucho, y prefería viajar a las periferias, por ejemplo, a Mongolia, como cuenta Javier Cercas en su exitoso libro El loco de Dios en el fin del mundo. Y se le disculpó. A cambio, envió a una cualificada representación del Vaticano.
Algunos podrán decir: pues por eso no viene. En 2026 no hay ningún gran evento extraordinario en Sevilla. Tanto criticar las procesiones extraordinarias y resulta que cuando por fin viaja un Papa a España no se organiza nada a la altura de las circunstancias en Sevilla. Irá a Barcelona por el centenario de Gaudí y las eternas obras de la Sagrada Familia. Irá a Madrid porque es la capital centralista del Estado de las Autonomías. Irá a Canarias, no de turismo, sino porque se planteó desde los tiempos del papa Francisco, para ver cómo va la inmigración africana y los cayucos. Aunque a Cádiz y Ceuta también llegan, y el obispo administrador es de Osuna, como el de Canarias.
A Sevilla es una lástima que no venga el Papa. Podría canonizar y proclamar santo al beato Marcelo Spínola. Desde que se murió el arzobispo castrense Juan del Río, que era impulsor de la candidatura de Spínola, parece que lo tienen congelado, a diferencia de otros que son santos en un periquete. Juan Pablo II beatificó en Sevilla a Sor Ángela de la Cruz en 1982 y después la hizo santa en Madrid en 2003. Y motivos para venir a Sevilla siempre hay, además de sus beatos. No hay que buscar ninguna efeméride especial. Es la capital mundial de las hermandades, y es un referente universal para la piedad popular.
Según parece, el borrador del viaje lo plantearon el cardenal de Madrid, José Cobo, y el de Barcelona, Juan José Omella, y los que reparten se llevan la mejor parte. Tampoco irá a Santiago de Compostela, que es el camino de los caminos del cristianismo en España. Como todavía no es definitivo, según dicen, a ver si rectifican.
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