Tribuna

José García-Tapial

Atarazanas y museo de la ciudad

El autor destaca la idoneidad histórica y funcional de las Atarazanas para acoger el museo que se ha propuesto sobre los propios astilleros, el río, la navegación y la relación con América

Atarazanas y museo de la ciudad
Atarazanas y museo de la ciudad / M. G.

05 de septiembre 2023 - 05:00

El historiador Pacheco Morales-Padrón, en su documentado y sugerente artículo “Un museo para el río, América y la historia de la ciudad”, recientemente publicado en estas páginas de Diario de Sevilla (pulse aquí), ha tenido la gentileza de citarme a propósito de mi sugerencia de implantar un futuro museo de la ciudad en alguno de los edificios de la Casa de la Moneda. Agradezco sinceramente la cita porque, con ella, veo conseguido uno de los objetivos de aquella propuesta que no era otro que el de generar público debate de ideas sobre nuestro patrimonio histórico.

Al mismo tiempo sirve para comprobar cómo se va consolidando un consenso general sobre dos opciones muy positivas para el mismo: la necesidad de contar con un museo de la ciudad y la oportunidad de que este se localice en alguno de nuestros edificios históricos pendientes de rehabilitación, ya sea en la Casa de la Moneda, las Atarazanas o el Convento de Santa Clara. Un estudio pormenorizado de cada opción y de sus potencialidades reales deberá fundamentar la elección definitiva.

De lo que, personalmente, no me cabe la menor duda es de la idoneidad histórica y funcional del edificio de las Atarazanas para acoger el museo que se ha propuesto sobre los propios astilleros, el río, la navegación y la relación con América. Ningún otro edificio puede albergar, como este, una réplica de las galeras que aquí se realizaban para defender el Estrecho de las incursiones islámicas, o de las embarcaciones que se pertrechaban para la Carrera de Indias. Réplicas a exponer, lógicamente, en las naves que, tras su rehabilitación, van a recuperar la altura y escala originales. Recorrer estas naves es revivir varios siglos de nuestra mejor historia.

Por todo ello no he podido menos que sorprenderme, negativamente, cuando he conocido, a través de estas mismas páginas, la información relativa al cambio de opinión que la Consejería de Turismo, Deporte y Cultura pretende, sobre el destino de Atarazanas. El nuevo planteamiento sería convertir las Atarazanas en un Museo de Arte Contemporáneo, descartando la decisión de dedicarlo a la relación de Sevilla con América. Ante esta nueva intención creo necesario formular algunas consideraciones.

En primer lugar es muy dudoso calificar la iniciativa como “nueva”. En primer lugar porque el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla tiene ya más de 50 años de existencia, puesto que se fundó en 1970, siendo Víctor Pérez Escolano su primer director y su primera sede fue la iglesia de San Hermenegildo.

En 1972 pasó a la Antigua Cilla del Cabildo. Cuando, a mediados de los ochenta del pasado siglo, se accedió a la propiedad de las Atarazanas, la recién constituida Junta de Andalucía se planteó el traslado aquí del Museo, dado que la Cilla había quedado adscrita al Ministerio de Cultura del gobierno central, que había optado por dedicarlo a ampliación del vecino Archivo de Indias. Tras las obras de rehabilitación del Monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas, con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América, el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla pasó a integrarse en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo allí implantado desde 1997.

La mudanza que ahora se pretende supone erradicar una actividad y una institución plenamente consolidada en este emplazamiento, en el que dispone de una extensión superficial más que suficiente, con una ampliación actualmente en marcha y que cuenta, además, con espacios inmediatos para la celebración de eventos al aire libre, como son los conciertos y festivales que frecuentemente se celebran, actividades que, difícilmente, podrían mantenerse en las Atarazanas. Su desalojo provocaría un problema añadido al vaciar de contenidos un extenso recinto monumental, hoy plenamente recuperado y activo. Y al parecer, la única justificación que se aduce para ello es la de acercar el Museo a los más manidos y colapsados circuitos turísticos tradicionales.

Cuando todos los criterios sociales y urbanísticos aconsejan la descongestión y dispersión espacial de estos circuitos por todo el ámbito urbano, se pretende con esta propuesta volver a concentrarlos en el consabido triángulo Catedral-Alcázar-Archivo de Indias. Tal parece que en la Consejería de Turismo, Deporte y Cultura prevalece lo nominado en primer lugar sobre lo último.

Y todo ello sin olvidar que la Junta de Andalucía no tiene ya la plena disponibilidad sobre las Atarazanas, porque en 2009 las cedió a CaixaBank por un período de 75 años ¿esto significa que se va a denunciar aquel Convenio? ¿en qué condiciones?¿y esto supondrá algún tipo de indemnización a la entidad bancaria? Por cierto, si la obra tiene prevista su finalización en 2024 ¿se está redactando ya el proyecto de musealización correspondiente? ¿cuándo se podrá conocer públicamente?¿se están localizando y gestionando las piezas a exponer? Porque, desgraciadamente, no es la primera vez que se termina una obra de rehabilitación para, tras ella, permanecer luego un tiempo sin ocupar porque no se han previsto a tiempo los contenidos.

La improvisación y los cambios de criterio, tan frecuentes como indeseables, nos hacen temer lo peor. Una última consideración: un museo de arte contemporáneo podría implantarse en uno cualquiera de los muchos edificios históricos de nuestra ciudad, la Fábrica de Artillería, por ejemplo. Pero para acoger un museo sobre le río, la navegación y la vinculación con América solo hay una opción, las Reales Atarazanas.

Y volviendo al artículo citado del profesor Pacheco Morales-Padrón hay que destacar cuando, en su párrafo final enarbola, una especie de “banderín de enganche” cívico y pregunta ¿Quién más es como yo?, ante lo que no puedo menos que ofrecer, desde aquí, mi comprensión y apoyo.

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