Betis-Valencia | La crónica La diferencia entre tocarla y golpearla (1-2)

  • El Betis se muestra incapaz de sacar adelante la trascendental cita contra el Valencia a pesar del arreón tras el penalti transformado por Lo Celso.

  • La posesión del balón sólo serviría con tiros a puerta y centros.

Dolorosa derrota de un Betis enrocado en el libreto de Quique Setién. Los verdiblancos cambiaron de apertura, siguiendo con el símil ajedrecístico al que invitaba su camiseta a cuadros, salieron con cuatro hombres atrás en lugar de los tres centrales y los dos carrileros, pero la filosofía fue la misma. Tocar, tocar y tocar, monopolizar la pelota, ganar la posesión con un diferencia tremenda, pero sin disparar a puerta casi nunca y tampoco arriesgar con centros laterales que pudieran incomodar al ordenado Valencia de Marcelino. Justo el camino contrario siguieron los visitantes, cada vez que se acercaron a Pau López golpearon duro y hallaron como premio los dos goles de Guedes.

No se trata de hacer un tratado filosófico sobre las ideas balompédicas, ni muchísimo menos, todas las propuestas son igual de válidas si están bien trabajadas y conducen al final a salir de los partidos con la cara de felicidad en más ocasiones que el contrario. Por tanto, los métodos de Quique Setién fueron ensalzados con razón en el anterior curso cuando los suyos eran una máquina de ganar en esta fase del año.

Pero ahora no es así, el Betis está atascado, y bien, desde que 2019 apareciera en todos los calendarios. Los verdiblancos siguen con su misma idea de manera casi obsesiva y da igual el dibujo táctico con que se pongan sobre el terreno de juego. Porque la tradicional defensa de tres centrales y dos carrileros fue permutada en esta ocasión por una zaga de cuatro en la que estaban Mandi y Júnior en los dos laterales, mientras que Joaquín y Tello ejercían de extremos por delante. Ante la ausencia de William Carvalho y Canales por sus lesiones, Guardado fue quien barrió por detrás de una línea de cuatro con Jesé como único punta.

El dibujo, por tanto, era completamente diferente y no se le puede negar, en este sentido, a Setién el deseo de agitar el árbol, de buscarle soluciones a ese irregular caminar que llevan los suyos en este año. Pero el resultado fue exactamente el mismo. Se exceptúa ese disparo de rosca protagonizado por Tello que se estrelló en el poste de Neto en el arranque de los hechos y los acercamientos de verdad hasta el guardameta valencianista fueron prácticamente nulos.

Que sí, que el cuadro de Marcelino se ordena de una manera casi irritante en ese 1-4-4-2 que llega a desesperar a la mayoría de sus adversarios, pero es imposible alterarlo siquiera si todas las jugadas acaban en un pase atrás de nuevo. Ése es tal vez el gran problema de este Betis, la obsesión por mantenerse ordenado, por no arriesgar a través de conservar el balón en su poder y no facilitar las contras del rival. Basta con comprobar el desarrollo de las jugadas y los ajedrezados llegaban con facilidad hasta el borde del área del Valencia, pero jamás se les ocurría intentar un disparo a puerta, aunque fuera malo, o lanzar un centro lateral que pudiera provocar algo de peligro, aunque fuera a través de un rebote.

Eso fue lo que sucedió durante los últimos diez minutos, los que siguieron al penalti transformado por Lo Celso, y entonces sí sufrió el Valencia y se rozó el empate en alguna ocasión. Porque el Betis, en esa fase, sí disparó a través de los mexicanos Diego Lainez y Guardado. Incluso, metió balones al área, además de las acciones a balón parado, y se produjeron algunos rechazos que estuvieron a punto de ser rematados.

Garay remanta una jugada de estrategia. Garay remanta una jugada de estrategia.

Garay remanta una jugada de estrategia. / Juan Carlos Vázquez

Claro que Gameiro también se escapó en una contra y que provocó la inquietud de Pau López con su disparo, faltaría más, pero hay veces en las que hay que apelar al caos propio, preferiblemente controlado, para tratar de que el contrincante también sufra y se llegue a desordenar de la misma manera. Es el único método para tratar de hincarle el diente a un rival que se defiende de la manera como lo hace este Valencia, siempre bien puesto y que no tiene el menor problema para rechazar los balones y alejarlos de su propia área, aunque éstos no tengan posibilidades de ser recibidos por sus hombres más avanzados.

Ése, pues, volvió a ser el principal mal de un Betis que despertó en el cuarto de hora final, cuando ya estaban en el campo Loren y Sergio León en punta, se había ido Mandi de la defensa y, por supuesto, cuando se había quedado con un hombre más sobre el campo por la expulsión de Rodrigo.

El problema es que el arreón llegó demasiado tarde. El Valencia, aparentemente cómodo en ese estilo defensivo, había golpeado con fuerza en los alrededores del intermedio. Fueron dos disparos desde fuera del área, una suerte igualmente válida que el toque por el toque, de Guedes que le hicieron mucho daño a un Pau López que no tuvo tampoco su mejor noche. Los hombres de Marcelino, desde ahí, dieron un paso atrás, tal y como suele ser habitual en ellos, pues siempre tratan de ganar con la ley del mínimo esfuerzo, y el Betis, entonces sí, llegó a ilusionarse con la posibilidad de arreglar la noche.

Primero fue un cabezazo de Júnior en una falta lanzada por Guardado y ya después del penalti transformado por Lo Celso llegarían más acercamientos a través de Tello, Lainez, Guardado y un par de ellos, ya al final, protagonizados por Sergio León. No fue suficiente para rescatar al menos un punto, pero sí podría ser que le sirvieran a su entrenador, a ese enrocado Quique Setién, para pensar que otras formas distintas también pueden ser igualmente válidas para llegar al fin principal del fútbol, que no es otro que el gol. Este juego es hermoso y es preferible tener la pelota, que de eso se trata, pero más bello es aún cuando se dispara a puerta, se remata de cabeza y se celebran los tantos al que viste diferente.

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