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"Huele a azahar y soldadito de pavía"

El ex hermano mayor de los Gitanos evocó la cofradía de los toreros en su 'pregón' de Relator

Su tío Manolo Caracol no pudo ser padrino de bautizo: en el 36 estaba en zona roja

01 de abril 2017 - 02:34

La vuelta a los orígenes. Juan Miguel Muñoz Ezpeleta regresó a la Alameda donde nació su tío Manolo Caracol, que no pudo ser su padrino de bautizo porque el ex hermano mayor de los Gitanos nació el 5 de septiembre de 1936 "y Caracol estaba en la zona roja". En la expectativa del domingo de Pregón, este hombre fue llamado para dar un pregón íntimo, sensible, emotivo. El escenario, un teatro de las vivencias, el local que Francisco García Chaparro tiene en la calle Relator para enseñar los misterios del barro y de la cerámica.

Para pasar las páginas inéditas de la charla, el cante del saetero Ángel Díaz, de la escuela de saetas de Pepe Perejil. "La saeta", dice Ortega, "es una flecha muy rápida que va directamente al pueblo al que se dirige con una velocidad tremenda. Es la oración hecha cante". Este joven octogenario, hijo del 36, se encuentra "en un tiempo raro, un tiempo extraño. Como dijo San Pablo, cuando era joven iba donde yo quería y ahora que soy mayor me llevan donde no quería ir".

Hay una generación, la del siglo XXI, que no ha visto salir a los Gitanos de San Román. Para acercarlos a ese tiempo y a ese espacio, Ortega Ezpeleta, el sobrino del cantaor, recuerda una mañana inefable de Viernes Santo, una saeta desde un balcón de San Román. Los jóvenes la ven salir desde el santuario del Valle, junto a los jardines con el bellísimo soneto de Aquilino Duque.

El barrio es un universo, sobre todo en Semana Santa. En el que se encuentra este pregonero de interiores empieza en San Juan de la Palma y acaba en San Gil, "la casa de la Esperanza". Un barrio que es un fortín de sentimientos y devociones, "Desde el puente de Triana hasta el Arco, ¿cuántas cofradías?, ¿cuántas iglesias? Como cuentas del rosario". La palabra Esperanza que en Sevilla hay que leer "en el diccionario del espíritu, no el de la Real Academia". "El ser humano que no tiene esperanza cae en una profunda depresión".

Triana celebraba su hermandad dentro del barrio "porque no había puentes. La O llegó a venir a Sevilla pasando en esas barcas". Traza el pregonero espontáneo la intrahistoria de la Hermandad de los Gitanos. Su primera piedra devocional en los Padres Agustinos del antiguo Pópulo, que fue cárcel y es mercado. Pasó por San Esteban, "todo el mundo que pasaba hacia Carmona decía: 'Señor, Salud y buen viaje", por San Nicolás, gérmenes de futuras hermandades.

En 1880 llega a San Román, de donde sale por los desmanes incendiarios del 36, el año que Caracol no pudo venir a Sevilla a bautizar a su sobrino. Pasan a Santa Catalina, que vivió su particular sanromán, y regresan en 1950 a la plaza donde desembocan Sol y Enladrillada.

El pregonero se adentra en territorios de la sociología. "Las hermandades eran antiguamente de barrio, eran gremiales. Hoy la mayoría de los nazarenos vienen de otra zona, el barrio se ha perdido. Los que están en el barrio son foráneos". Una fuerza centrífuga que despobló Triana, San Bernardo, San Marcos. El barrio era un tiempo proustianamente perdido. "Se encalaban los balcones, se pintaban las puertas con aceite de linaza, se ponía una hoja de periódico: ojo que pinta".

Triana podría hacer una Semana Santa para ella sola, con su patrimonio y sus querencias. "Desde el puente de Triana hasta el Arco de la Macarena hay una Esperanza que todo lo llena y las dos salen en la Madrugada". Todo el mundo "la espera y la quiere ver", dice de la Hermandad de San Gonzalo, del barrio León, la que renovó el cortejo trianero.

Sevilla, España "y el mundo entero" han cambiado, "yo espero que las cosas vuelvan a su ser, a su trigal". Estampa infantil. Un recorrido parecido. "Cuando veníamos a ver a Caracol en la calle Feria mi madre siempre se paraba a rezarle al Cristo de las manos atadas en la ventanita de San Juan de la Palma". El conde de Barajas desecó la laguna de la Alameda, pionero del cambio climático la libró de aguas secas y putrefactas. Con el recuerdo del hermano mayor "la Malena y la Sorda hacen compás, vemos bailar a Antonio y la academia Realito enseña a los nuevos artistas".

La Alameda de la Niña de los Peines y de Tomás Pavón. La de los toreros José y Rafael, también emparentados con el invitado de la calle Relator. "Cuando volvían de la plaza todo el mundo los esperaba; eran como otra cofradía. Joselito saltaba la baranda de la casa, un hombre atleta, y la señora Gabriela esperando". En la exposición de la Alameda se ve el gentío acompañando al ataúd con el joven torero muerto en la plaza de Talavera de la Reina.

La Semana Santa reedita la dualidad de Sevilla, "tan novelera, tan graciosa". Las dos mitades del río, del toreo, de las Esperanzas. Ciudad dual por única en cuyo retrato sepia Ortega ve los cables del tranvía con los que tropezaban las imágenes, los calcetines blancos de estreno devorados por los zapatos tiburoneros, la Feria donde las familias llevaban "tortillas y filetes empanados en cajas de zapatos".

"Hoy no hay hermandad, sólo hay cofradía. Nada más que hay polémica de las bandas y gente que se perpetúa en los cargos". El diagnóstico de la versión cofrade de esta decadencia casi viscontiniana. "Antes salías del cabildo y nadie sacaba la llave del coche como hoy. El párroco era el cronista, porque era el que sabía leer además del cabo de la Guardia Civil y el farmacéutico". El tiempo pasa y con él las generaciones. "Ya no tenemos padre ni tenemos madre. Tenemos nuestro Cristo y nuestra Virgen. Falta cariño, falta amistad y diálogo. Hoy todo el mundo coge el perrito. Se ha muerto el mío hace poco, que me lo regaló Cayetana de Alba". La duquesa que todos los Viernes salía a ver al Cristo de la Salud y la Virgen de las Angustias a su paso por el palacio de Dueñas donde nació el poeta que le regaló a Serrat un poema que el Noi devolvió hecho saeta.

El sobrino de Manolo Caracol hace una levantá de antaño, seria, sentida, la compara con una levantá actual, rayana con lo mediático. Detrás, el cortejo "con los altos mandos de la Rusia imperial". Ortega invita a soñar. "Vamos a situarnos en un lugar de la Sevilla imaginaria. Huele a azahar y a soldadito de Pavía...".

Retahílas

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