La trágica muerte que truncó la carrera de Ramos Castro, el autor de "Virgen de las Aguas"
Música
El autor falleció con tan solo 47 años y sin haber compuesto ninguna otra marcha
Virgen de las Aguas se gestó en Cádiz, ante el Océano Atlántico
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Es una imprescindible en cualquier repertorio alegre que se precie. Porque es más que una marcha: forma parte de la banda sonora de nuestras vidas y de la Semana Santa sevillana, más aún del género de la marcha procesional. Y aunque “solo” tiene setenta años recién cumplidos, Virgen de las Aguas, imperecedera y memorable, parece que lleva sonando toda una vida, siglos y siglos. Es el secreto, precisamente, de lo clásico: que jamás pasa de moda y siempre prevalece ante la inestabilidad de los “boom”.
Como otras tantas marchas de procesión, Virgen de las Aguas, dedicada a la dolorosa del Museo, encierra ciertos detalles que bien merecen ser divulgados por su singularidad o circunstancias, en este caso, lamentables. Su autor, Santiago Ramos Castro, pasará a la historia de la Semana Santa por legarnos una composición única, con un trío final clavado en la memoria colectiva de los cofrades. Hasta el propio rockero Silvio, en su Swing María, lo introduce para su canto universal a la Pura Concepción. Sin embargo, es poco conocido que se trata de la única marcha que compuso, puesto que un fatal accidente truncó su prometedora trayectoria. Quién sabe lo que nos hubiera legado…
Ramos Castro (1910) era extremeño. Nació en Berzocana, una pequeña localidad de apenas 400 habitantes de la provincia de Cáceres ubicada en las faldas de las Villuercas. Comenzó su andadura musical siendo músico de la Banda Municipal de la capital cacereña, pero posteriormente se trasladó a Algeciras, como apuntan los amigos de Patrimonio Musical, incansables investigadores. Por último, terminaría recalando en Sevilla, donde ingresaría en la banda del Regimiento de Soria 9, ocupando el puesto de subdirector. En aquel tiempo dirigía la banda ni más ni menos que don Pedro Gámez Laserna, por lo que estrecharon un notable vínculo profesional.
Sin embargo, en el año de 1957, cuando regresaba de tocar con la orquesta del Teatro San Fernando, sufrió un infarto que acabó con su vida de manera fulminante. Tenía tan solo cuarenta y siete años, y hacía cuatro que había compuesto su única marcha procesional: Virgen de las Aguas. Aunque la melodía caló en el público sevillano, jamás imaginó el alcance que, a la larga, obtendría.
Como curiosidades añadidas, podemos aportar que las primeras notas de Virgen de las Aguas, esas cornetas que todos conocemos de memoria, se escribieron durante el verano de 1953, cuando el autor se encontraba en la localidad de Cádiz en unas vacaciones. Fue el rumor milenario del oleaje atlántico, ante la playa de la Victoria, el principal motivo de inspiración de este autor. No es para menos…
Una marcha, Virgen de las Aguas que, como es sabido, no se estrenó tras la imagen a la que estaba dedicada, puesto que el Lunes Santo de 1954 llovió y la cofradía del Museo no salió a la calle. Terminaría estrenándose en el mes de mayo de aquel año, por circunstancias singularísimas, tras el paso de palio de la Concepción del Silencio, que salió en procesión extraordinaria por el centenario del Dogma de la Inmaculada, y aún con la antigua dolorosa que terminaría sustituyéndose en diciembre de aquel año. Habría que esperar a 1955 para que, por primera vez, el ingenio de un extremeño y la inspiración del mar de Cádiz se fusionaran para siempre con la malla grácil y los ojos infinitos de la Virgen de las Aguas.
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