Facturas de autor

Un propietario de dos hoteles del centro pone en marcha con motivo de San Valentín una iniciativa para que sea el propio cliente el que determine el importe del alojamiento

Bertrand García, en una de las habitaciones de su hotel Un Patio al Sur.
Francisco Correal

15 de febrero 2009 - 05:03

Todos los clientes son obsequiados por la mañana con un café. Y para los días de lluvia tienen a su disposición un paraguas. Pero a partir de ayer son otras las prestaciones de estos dos hoteles, Un Patio en el Sur y Un Patio en Santa Cruz, que pasarán a los anales del sector. Bertrand García, su director, ha aprovechado la doble corriente de la crisis y del amor para poner en marcha con ocasión de la festividad de San Valentín una novedosísima iniciativa: será el cliente el que le ponga precio a su alojamiento.

"Le damos una factura virgen con su nombre, sus datos y el número de la habitación, y el huésped pone el precio valorando la comodidad, el servicio, la situación del hotel". Ayer la puso en marcha. "Estoy lleno. Ha sido un éxito", dice. Admite que "de momento nadie ha pagado por encima de la tarifa convencional (80 euros la doble habitación)". Bertrand García es el pequeño de tres hermanos. Los dos mayores regentan sendos hoteles, Marc en la Playa de los Ingleses de Las Palmas, Gilles en el suroeste francés.

Llegó a Sevilla desde Madagascar, penúltima escala de una trayectoria de viajero incansable, de inquilino de hoteles de todos los formatos. "En los años setenta y ochenta a la gente le gustaba alojarse en hoteles grandes, de lujo. Ahora lo que busca son hoteles con alma, donde primen los detalles pequeños". Llegó a Sevilla de turismo hace siete años y decidió ponerle alma y reformas a dos casas abandonadas, una en la calle Fernán Caballero, entre la comercial San Eloy y la monacal Monsalves, otra en el barrio de Santa Cruz. Casas con patio, con balcones, macetas y cuadros, la mayoría adquiridos a los pintores domingueros de la plaza del Museo.

Bertrand se reencontró en Sevilla con García. Ha hecho de puente entre dos generaciones: sus abuelos granadinos, de Almuñécar, que en los años treinta cruzaron los Pirineos sin hablar una palabra de francés, y su padre, empleado de banca que pese a apellidarse García Ligero nunca vivió en España y no habla una palabra del idioma en el que su hijo se faja sin problemas. Su padre se casó en Cahors, famosa por sus vinos, con Yolande Rodolosse, con nombre de personaje de Ameliè.

No conoce ninguna iniciativa similar. "En Madagascar existe lo que ahora llaman negocio ético, campesinos que trabajan para empresas por salarios justos, equilibrados. La crisis nos va a obligar a ponerle el adjetivo ético a muchas cosas que hagamos".

Desde la terraza del hotel Un Patio del Sur se divisan la cúpula de la iglesia de la Magdalena y las azoteas del remozado hotel Colón, que es como un edificio matriz de esta zona de fondas y pensiones. No cree que en ese hotel matriz le copien la idea. "Quería hacer algo original, provocativo sin mal rollo, para que la gente sepa que existimos. Yo trabajo principalmente con clientes extranjeros. Esta iniciativa se dirige sobre todo al cliente nacional. Acabo de recibir a una huésped de La Coruña que por el boca a boca se ha enterado de la iniciativa".

No cree que el cliente se vea en un compromiso, en un aprieto por tener que decidir el precio de su estancia. "No tienen nada que perder". "Igual yo me arrepiento", bromea, "y tengo que escribir un libro sobre la mala experiencia". El hotel del barrio de Santa Cruz tiene trece habitaciones y el de la calle Fernán Caballero once. Veinticuatro hipotéticos beneficiarios de este sistema revolucionario ideado por un hotelero nacido dos mayos antes del mayo francés. "En el gremio decimos que el cliente siempre tiene razón. Es la mejor manera de demostrarlo con hechos".

Ha pensado también en clientes de Sevilla que se atrevan a salir de su rutina doméstica para aprovechar esta promoción. "No es un regalo ni una oferta. Está claro que no somos una ONG, pero no descarto la llegada de ese turismo sevillano. Conozco muchos sitios, y hay pocas ciudades en las que a la gente le guste tanto la suya como Sevilla". En una parte modesta, argumenta, gracias a aquellos viajeros franceses de mediados del XIX de los que se considera un humilde discípulo.

La calle Fernán Caballero debe su nombre a que en una de sus casas, en los pares frente al hotel, murió Cecilia Böhl de Faber, la escritora que se refugió en ese topónimo para poder escribir ocultando su condición femenina. Todo hotel también tiene algo de refugio, de escondite, de pseudónimo. En la misma casa donde murió la escritora también falleció el pintor García y Ramos, autor de uno de los más hermosos carteles de la Feria de abril.

Los enamorados tienen la palabra. Y ellos le ponen el precio.

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