El Jueves también tiene Tendido de Sombra
calle rioja
Tradición. A una hora de playa, a un siglo de tradición, el mercadillo más antiguo de Europa. Es un privilegio encontrarse en la calle Feria con la antropóloga Cristina Cruces. El laboratorio es perfecto
El jueves fue san Pantaleón y ahí siguen sus Visitadoras, donde el tiempo se detiene. El día jueves está tan lejos y tan cerca del lunes como del domingo. Paso del ecuador de la Semana, igual que el Jueves, el mercadillo, une la Macarena con las entrañas de la ciudad. Último jueves de un julio electoral que se lleva las festividades de los Estados Unidos, de Navarra, de Francia y de los marineros.
Llevo un año queriendo dejarle a Alfredo Valenzuela los dos libros de José María Pemán que me prestó. Ya saben los dos tipos de tontos: el que presta el libro y el que lo devuelve. Yo hice el tonto dejando un libro de Luis Landero, El balcón en invierno, y quien sea no quiere hacer el tonto devolviéndolo. Me dice Rodrigo, una institución libresca del Jueves en la esquina de Feria con Conde de Torrejón, que Valenzuela está en su pueblo, Lopera, en la provincia de Jaén. Una chica se lleva un libro de recetas con el título Sin Sal. La provincia de Jaén nos remite a Juan Eslava Galán, hijo de Arjona. “Cuando vivía en Sevilla, pasaba mucho por el Jueves. Pero no era de comprar libros. Prefería comprar aperos de labranza”, dice Rodrigo.
El sol aprieta. En los pares de Feria da la sombra; en los impares se impone el rey de los astros. Sale por la Cruz Verde Manolo Pedraz. Convirtió en un clásico su programa de libros en la radio, que es como llevar el agua a un desierto. Va con los cascos y no se entera. Es cordobés del pueblo de Matías Prats, el padre y abuelo de periodistas que cantó el gol de Zarra a Inglaterra en Maracaná. Villa del Río, no confundir con el Villar del Río donde Berlanga filmó Bienvenido, mr. Marshall. Pedraz y yo compartimos una fotografía con los colegas Javier de Pablo (no olvido la paliza que me pegó jugando al tenis) y Alejandro Hernández en la que en una habitación del hotel Alfonso XIII escoltamos a la actriz Bo Derek en presencia de su entonces marido, John Derek. Había venido a rodar una película llamada Bolero en la que trabajaba Ana Obregón.
Un hueco en el Vizcaíno. Una raya en el agua. A falta de cines de verano, ha incorporado la selecta nevería. El mostrador es el atrezzo perfecto. Si el Jueves da para un curso de antropología, en Casa Vizcaíno ha entrado la persona indicada. Cristina Cruces, antropóloga, medalla de la ciudad en 2022. Su madre, Esperanza, vivía en la calle Escoberos, en un adarve que se llamó el callejón de la muerte. Todas las semanas le pide a su hija que le dé una vuelta por el Jueves. Se piden un vermut casero. Hablamos de un viaje a Grazalema con Pitt-Rivers, del magisterio de Isidoro Moreno, el catedrático de los Negritos y de los Blanquitos (por sevillista) y de Salvador Rodríguez Becerra. Le alabo el gusto a la madre de la antropóloga de ir todas las semanas al Jueves. Recorrerlo con Cristina Cruces tiene que ser un privilegio. Como lo recorre la pareja de policías locales, chico y chica, como Luz de Luna o la pareja de las novelas de Lorenzo Silva.
La ubicuidad de Antonio Molina Flores es sorprendente. Me lo encuentro departiendo con dos personas en la esquina de Castellar, donde se corta el acceso al tráfico por el mercadillo, y al momento está por Montesión, camino de casa Vizcaíno. Ya preparan el próximo viaje literario y pictórico de Cuadernos de Roldán, que irá a algún lugar de la Sierra Norte de Sevilla. También está leyendo a Gioconda Belli, la escritora nicaragüense que participó en la revolución de los sandinistas contra Somoza y que como tantos otros ha sido expulsada de Nicaragua por el sátrapa Daniel Ortega. Molina Flores compartirá con ella un coloquio en el cierre de la feria del Libro de Puerto Real.
En los impares recogen antes los puestos porque el sol rezuma inclemencia. Rodrigo vende libros bajo palio. El rostro de Carmen Sevilla en un libro con la firma de Carlos Herrera. Los pares tienen más suerte. El tendido de sombra. Donde la calle se estrecha a la altura del Archivo de Protocolos abundan los carteles taurinos de antaño. Los extranjeros consultan y compran, pero lo que más les gusta es hacer fotografías de los puestos y sus moradores. Pura antropología para un estudio de Cristina Cruces en el que resuene el rock de la calle Feria del libro de Paco Gallardo. El próximo jueves ya será de agosto. Volverá la Liga porque la quiniela todavía es del campeonato sueco y del Mundial de Fútbol femenino, desde un Panamá-Jamaica, Ruben Blades contra Bob Marley, a un Costa Rica-Zambia. El pleno al 15 es Japón-España.
En esta reserva antropológica de la rareza y la baratija hay un compendio de museo de artes y costumbres populares, arte sacro y primicias de filatelia y numismática. Hay que escrutar con pericia entre la antigüedad y la antigualla. La playa está a una hora y la costumbre a un siglo. La que mantiene incunables, exvotos, querencias, fragancias del pasado. Como la vida misma, lo excelso convive con lo cutre, el alarde con la chapuza, lo rancio con lo exótico. En esta Feria montan y desmontan la portada cada semana. Desde la muralla almohade al parasol germano. Sevilla Fortaleza y Mercado, como rezaba aquel libro de don Ramón Carande, que tango gustaba de perderse por estos vericuetos, costumbre que mantuvo su hijo Bernardo Víctor, humanista, granjero, agricultor, filósofo, fotógrafo taurino, cuya semblanza biográfica era muy similar a la del personaje de la novela de Evelyn Waugh ¡Noticia bomba!. Si ven este libro en el puesto de Rodrigo, no regateen. Y si lo compran no lo presten. Y si se lo prestan, no lo devuelvan. Fui al Jueves a devolverle a Alfredo Valenzuela los dos libros de Pemán y me volví con ellos a casa. Menos mal que en el camino me traje los mejillones a los que me invitó la antropóloga Cristina Cruces antes de que pidiera una segunda convidá de vermú casero en Vizcaíno. Donde todos los Protocolos se archivan y las rubias son de lúpulo.
Justo en la mitad del lunes al domingo. De la Resolana a Regina. De los armaos al bar la Centuria. El Jueves es la denominación de origen de la ciudad, lo que un cursi llamaría un intangible. El aula abierta de la universidad de la calle donde se vive el tránsito de julio a agosto, los dos únicos meses completamente veraniegos. De César a Augusto en la Nova Roma. El jueves de Jueves fue san Pantaleón y salieron en procesión las Visitadoras.
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