ACCIDENTE
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"La Sevilla del 68, con el muro de Torneo, parecía dos ciudades"

Los invisibles

Jorge Campos Dávila, en su consulta del centro de Especialidades Doctor Fleming.

06 de diciembre 2008 - 05:03

INVIRTIÓ el viaje de los peruleros y siguió la senda de Garcilaso el Inca. Jorge Campos Dávila (Cajamarca, Perú, 1946) vino a Sevilla para terminar Medicina y empezar muchas cosas.

-¿Por qué viene a Sevilla?

-Vine a estudiar la carrera de Medicina en Salamanca. Al acabar el tercer curso me vine a Sevilla.

-¿No podía con el frío?

-No fue por el frío. En Salamanca había mucho cachondeo, demasiado, y era imposible. Llegué a Sevilla en 1968.

-En lugar de irse a París, como recomienda su compatriota Bryce Echenique en El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz.

-No se me había perdido nada en París. Sevilla me recuerda mucho a Arequipa. Sus patios, sus celosías, sus casas blancas.

-¿Cómo era la Sevilla del 68?

-Una ciudad dividida por el muro de la calle Torneo. Es lo que más me impactó. Una mole tan rocosa que pensé que había dos ciudades, totalmente inhóspita. No me gustó esa separación tan drástica.

-¿Oculista u oftalmólogo?

-Es lo mismo. Soy oculista porque me catearon en Oftalmología. Fue una cuestión de amor propio. Se lo debo a don Diego Díaz, médico de Carmona, el catedrático que me suspendió, que cuando se fue no dio aprobado general como hacían todos.

-¿Cómo es Cajamarca?

-Es como Mérida para los romanos. Cajamarca Cutervo es la Mérida de los incas. Buena comida, buen clima y buenas mujeres.

-¿Qué le gusta al sevillano, ver o ser visto?

-Le gusta más ser visto, sin duda, llámese Semana Santa, Feria, Rocío o Maestranza. No es un defecto. Es una característica.

-Juan Belmonte se casó con una limeña.

-Lo sé, pero allí el torero por el que existe auténtica veneración es Antonio Ordóñez. El torero por excelencia del público peruano.

-¿Qué tal la temporada taurina?

-Ya acabó. Un poco pobre; cuatro tardes. La economía no da para más. Allí hay una plaza de toros muy parecida a la Maestranza, la de Acho. En vez de albero, arena. Las corridas son a las tres de la tarde y desde las doce de la mañana la gente polemiza en restaurantes de comida española. Uno lo regenta un español, el marqués de Valero de Palma, famoso comentarista taurino y chef.

-Es el médico más próximo a las setas de la Encarnación. ¿Cómo ve las setas el oculista?

-Lo que peor llevo es que ya no veo enfrente la torre de la iglesia de la Anunciación.

-El poeta Luis García Montero ha publicado una antología poética titulada Vista cansada...

-No es sólo una metáfora poética, es una realidad científica. La vista cansada es uno de los poquitos conceptos que en Medicina van de acuerdo con la edad. Con los cuarenta años, empieza el tema. La vista cansada no falla, no engaña. En el resto sabe Dios.

-¿Es verdad como dicen los neurólogos que se ve más con el cerebro que con los ojos?

-Por supuesto. Vemos con el cerebro, el ojo interpreta las imágenes. Hay una ceguera cerebral de infausto pronóstico.

-¿Cómo ve el voyeur?

-Con la retina, es donde impregna sus imágenes.

-¿Se vino solo?

-Mi hermano Alfredo vive en Dallas. Su novia se fue a Estados Unidos y lo llamó a capítulo. Empezó fregando platos, suelos, ilegal y sin idea de inglés. Terminó de gerente de una cadena de restaurantes. Lo que se llama el sueño americano.

-¿Usted vivió el sueño sevillano?

-Claro que sí. Son mis hijos.

-¿Le darán el Nobel a Vargas Llosa?

-No creo que se lo den, ni tampoco le hace falta. Como no le hacía falta ser presidente del Perú. Habríamos perdido un literato. Escribe, hace teatro, con 70 años está en plena forma. Sobre todo lo bien que habla, qué envidia.

-¿Es extranjero en tradiciones?

-De Semana Santa me gustan la Virgen del Museo y el Cristo de San Gonzalo. Lo veo tan pobre, tan modesto, tan de su barrio. Soy socio de una caseta de Feria hispano-peruana a la que van ecuatorianos y cubanos. Al Rocío no. Soy alérgico al polvo y los ácaros. Me invita la gente a Cuatrovitas y yo les digo que si voy se quedan sin oculista. Tienen que darme provisiones de suero y Urbason.

-¿Vio en su consulta ojos verdes?

-Claro que existen. El color de los ojos está en el iris. Ojos verdes la escuchaba de niño en Perú. Charo no entiende que me guste la copla. Me crié oyendo coplas de Marifé, Imperio Argentina, Lola Flores. El flamenco no lo entiendo.

-¿Cómo puede ser tan luminosa la poesía del ciego Borges?

-Si ha visto, conserva la luz interior.

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