La búsqueda del Sur en las antípodas
Sevillanos sin fronteras
Después de conocer a Jeff, su marido australiano, en Londres, Mónica decidió poner rumbo a su vida en el continente oceánico, lejos de las tradiciones y la gastronomía sevillanas. La soleada Melbourne acoge a su familia desde hace ya casi trece años
ANTÍPODAS de Sevilla en toda la amplitud del término, Australia acogió a Mónica Alonso Morales hace trece años, adonde llegó con Jeff, su marido australiano -con el que se casó en la Capilla de la Virgen de los Reyes-, y sus dos hijos: Tom y Mónica. Sevillana de la avenida de la Cruz Roja, Mónica trabaja hoy en un instituto, que en realidad es una empresa en la que se asiste a personas mayores o incapacitadas que se resisten a dejar sus hogares para ingresar en una institución. Algo así como una ley de dependencia por lo privado. "El instituto proporciona, gratis, para nuestros empleados, el conocimiento, los títulos y requisitos para desempeñar este tipo de trabajo". Estilo anglosajón en suelo sureño y soleado. "La gente utiliza aquí mucho los espacios abiertos. Las barbacoas son muy comunes, tanto en las casas como en sitios públicos, hay barbacoas eléctricas instaladas en todos los parques. Y, para nuestro asombro, siempre limpias y bien cuidadas".
Las costumbres australianas están en las antípodas de las de Sevilla, insiste Mónica. "La vida es totalmente distinta a la de mi ciudad. Es más como la vida inglesa, especialmente en cuanto a horarios y relaciones familiares". Pero a las cinco de la tarde no es la hora del te, sino la cena en casa de Mónica y Jeff en Melburne. "Así damos dos horas para que los niños hagan la digestión antes de irse a la cama". Más notas sobre el lifestyle de nuestra vecina macarena en Oceanía: "Mi marido y yo hacemos lo que sea necesario en la casa y así acaba nuestro día. Y hasta el siguiente. Los fines de semana es cuando ves a los amigos y a la familia", apunta.
Esta sevillana asegura que lo español se ha puesto de moda en Australia. La gastronomía es la avanzadilla del país en las antípodas geográficas. "Los mediterráneos que inmigraron aquí hace treinta o cuarenta años, especialmente griegos o italianos, han hecho maravillas para introducir sus productos culinarios y su forma de vida natales", explica Mónica, que advierte con ironía que ya hay cafeterías con café de verdad por todos sitios. Algo aún inusitado por otros puntos del mundo anglófono. En cualquier caso, falta un trecho aún para que los australianos paladeen con normalidad los sabores ibéricos. "Ahora, mis hijos y yo vivimos con la esperanza de que traigan el jamón de pata negra, pero todo llegará".
Sevilla es materia de nostalgias para esta mujer pese al ambiente multicultural que caracteriza a la ciudad de Melbourne. "¿Si echo de menos mi ciudad natal? Aquí no hay bares en casi todas las esquinas donde se sirven tapitas; aquí nadie va a fiestas con guitarras para cantar y bailar sevillanas; las calles de los barrios, en invierno, están vacías a las cinco y media de la tarde. No hay Semana Santa -en este punto, la entrevistada recuerda que le gustaría que sus hijos salieran de nazarenos en la cofradía del Cristo de Burgos-. No hay Feria. En Navidad hace calor. No hay Reyes Magos. No hay Virgen de los Reyes. No hay tunos. En todo esto y más echo de menos a mi Sevilla de mi alma. Por supuesto ni que decir tiene que mi familia no está aquí".
Pero la balanza, como ella dice, está equilibrada gracias al peso de otras cosas que ha encontrado en el Sur. "Me ha costado llegar a sentirme en casa, pero lo he logrado gracias a otras cosas. Ahora me doy cuenta de que soy muy afortunada de poder experimentar dos culturas tan distintas y así poder elegir lo mejor de cada una".
Mónica tiene claro que su vida está en Australia y su contacto directo con Sevilla ha ido decreciendo paulatinamente. "Antes de tener a los niños mi marido y yo íbamos a Sevilla todos los años; pero desde entonces ha sido distinto con los trabajos y el colegio. En los últimos cuatro años sólo hemos ido dos veces". La conversación con Diario de Sevilla se remata con este colofón: "Sí, Sevilla y Melbourne son totalmente antípodas; lo único que yo encuentro que tienen en común es que en ambos sitios cualquier excusa es buena para echarse a la calle. Aunque aquí no hasta muy tarde. El clima lo permite en ambos sitios". Mónica concluye del todo con un deseo inmediato: "Si Dios quiere, el año que viene estaremos de vuelta para que mi hijo haga la Primera Comunión con sus primos en Sevilla".
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