Más de cien vecinos de la barriada sevillana del Cerezo forman patrullas ciudadanas contra los 'gorrillas'
Los residentes en este barrio de la Macarena y otros colindantes llevan dos noches saliendo a expulsar a los aparcacoches ilegales
"Si no les pagamos, nos parten el coche y nos roban", denuncian
"Esta muerte era algo que se veía venir"
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Decenas de vecinos del Cerezo y otros barrios cercanos del distrito Macarena llevan dos días saliendo a la calle en forma de patrullas urbanas para expulsar a los gorrillas de sus calles. Estos aparcacoches ilegales, aseguran los vecinos, llevan años generando continuos problemas de inseguridad, suciedad e incivismo en toda la zona. En los últimos meses, la situación ha ido a peor. Muchos de los residentes aseguran haber sufrido daños en los vehículos cuando se han negado a pagar lo que denominan un "impuesto revolucionario" por aparcar en la vía pública. Otros han padecido robos. A ello se le une un grave problema social, con personas que acampan en las calles y se pasan el día bebiendo alcohol en los mismos espacios en los que luego juegan los niños, que se encuentran habitualmente orines, excrementos y restos de botellas de vidrio.
Hartos de esta situación, los residentes se han organizado a través de un grupo de WhatsApp en el que comparten información. La noche del lunes salieron unas veinte personas, pero se le fueron uniendo más a medida que otros los veían por el barrio. Iban en grupo a decirles a los gorillas que se marcharan del barrio, que no se podía pedir dinero por aparcar. Compartieron algunos vídeos por instagram y otras redes sociales y el seguimiento el día siguiente fue mayor. A las nueve de la noche, en la calle Doctor Jaime Marcos, punto de partida de la patrulla urbana, había ya unas cincuenta personas, vecinas no sólo del Cerezo sino de otros barrios colindantes como la Carrasca, las Avenidas, el Rocío o las Hermandades del Trabajo, entre otros. Una hora después, el grupo alcanzó las 116 personas, según contaron los organizadores.
"Llamamos a la Policía diariamente. Vienen cuando pueden. Pero en cuanto la Policía se va, aparecen de nuevo los gorrillas. ¿Qué puede hacer la Policía? Los paran, los identifican, los cachean, pero poco más. Ellos piden dinero y, si no se lo das, parten los coches y roban. A las mujeres las amenazan. O te hacen un mataleón y te roban. Ha habido tirones de cadenas. Hay mucha inseguridad", comenta una de las personas que forma parte de la patrulla. Este periódico acompañó al grupo la noche del martes. Muchos de los asistentes van encapuchados o con la cara tapada. Aseguran que lo hacen porque no quieren ser reconocidos luego por los gorrillas, para no tener problemas con ellos cuando se encuentren solos por la calle. "Vivimos aquí, nos pueden ver con nuestros hijos y tener un problema serio", se excusan.
"La obra no ayuda"
"Esta situación lleva tiempo así, pero ahora es demasiado. Hay un repunte", comenta otro de los vecinos. "La obra no ayuda. No hay tráfico fluido, hay menos aparcamiento y esto es una mina de oro para los gorrillas", dice, en referencia a la construcción de la Línea 1 del Metro, que mantiene cortada la avenida Doctor Fedriani y ha restado plazas de aparcamiento. Por eso, las que hay son más demandadas, dada la cercanía con el Hospital Macarena. "La gente del hospital les da dinero. Tampoco podemos decirle que no les den. Lo hacen por miedo, porque te arañan el coche".
Los vecinos invitan a cualquier sevillano a que se dé una vuelta por la zona y aparque allí. "Van a vivir lo que es esto. Hay problemas diarios. Cada vez que mueves el coche tienes que pagarles a los gorrillas". Todos coinciden en el hartazgo que les ha llevado a salir a la calle organizados en una patrulla urbana. "Esto no es cosa de un día, esto es a base de que les roben a nuestras madres, de que nos partan los coches. No se juntan cincuenta personas así como así, sin motivo".
La primera acción de la patrulla es en la calle Doctor Jaime Marcos, el punto de partida. Allí ven a uno de los aparcacoches más peligrosos. Entre todos lo echan del barrio. Luego cruzan a la avenida de San Lázaro y dan una vuelta por la barriada del Rocío, donde consiguen que otro gorrilla se vaya. Hay cierta tensión. Algunos vecinos llaman a la calma, otros están algo más exaltados. "Fuera de aquí, hoy no se aparca, no se puede pedir dinero". El grupo impone y el aparcacoches se va, protestando. De vuelta al Cerezo encuentran a otro gorrilla que está bebiendo en la calle. Éste se enfrenta a los vecinos, hay algún roce y termina quitándose la ropa y quedándose con el torso desnudo. Golpea un contenedor. Luego volverá con un cúter y habrá un momento de tensión, sin que la situación llegue a mayores. Una patrulla de la Policía Local lo obligó a soltar el arma blanca y lo identificó, pero después volvió a protagonizar un enfrentamiento con los vecinos, hasta que se marchó en dirección a la barriada del Carmen.
La patrulla se dirige a la Carrasca, donde hay gente bebiendo litros de cerveza en un banco. "No se bebe en las calles, estamos cansados de levantarnos por las mañanas y ver litronas. Aquí juegan nuestros niños. A beber a casa, por favor". Los bebedores se marchan del lugar y el grupo habla con el responsable del establecimiento que les ha vendido las botellas. "No se puede beber en la calle", le recuerdan, y luego le insisten en que faltan unos minutos para las diez de la noche, hora límite para vender alcohol.
Tensión con un aparcacoches
La cabecera de la patrula avanza a un paso casi militar. "Van como la Legión", dice uno. Esto termina provocando que el grupo se rompa en algunos momentos y que haya gente que se quede sola. Es lo que le ocurre a un hombre que se vio cara a cara con el gorrilla del torso desnudo, el que llevaba el cúter. La aparición de la Policía Local fue clave para que nadie resultara herido, porque el tipo tiró el arma blanca. El vecino dice que no vive en El Cerezo, pero que viene porque allí se ha criado y allí sigue viviendo su madre.
"Me han reventado el coche dos veces por no pagar el impuesto revolucionario. Una vez la luna trasera y la otra el retrovisor. El otro día fue el juicio, pero el tío no se presentó, claro", cuenta uno de los miembros de la patrulla a una joven que le acompaña. "Tiene cojones que hayamos tenido que llegar a esto, pero qué maravilla. Parece Fuenteovejuna", explica otro vecino. La referencia a Lope de Vega es más que acertada. Todos a una en el Cerezo.
Este barrio, y toda la zona colindante, es la de mayor número de inmigrantes de Sevilla, lo que motiva tensiones con la comunidad extranjera. Los organizadores explican que no hay nada de racismo en su forma de proceder, aunque admiten que algunos de los que llegan la noche del martes pueden proferir algún comentario fuera de lugar. También las capuchas dan cierta semejanza con la estética ultra. Esperan que eso no desvirtúe su lucha. Y cierto es que en el grupo que sale a patrullar hay bastantes ciudadanos extranjeros, vecinos del barrio y afectados igual por los gorrillas.
Dicen que por las mañanas también están saliendo, pues no quieren que los aparcacoches se piensen que sólo habrá patrullas por la noche y por el día tendrán barra libre. "Hoy han tenido que salir algunos chavales de aquí por varios sitios, a mediodía dos o tres veces, para que vean que no sólo es por la noche. Todo el mundo está pendiente, con los móviles, con los que los vecinos vamos compartiendo información".
El barrio tiene más problemas, y de hecho hay una reunión vecinal convocada para dentro de unos días. Uno de ellos, que consideran también bastante grave, es la existencia de burdeles clandestinos en muchos de los pisos de la zona. "Esto termina provocando también problemas de convivencia, y tampoco los vecinos tienen por qué aguantar que en su bloque haya un negocio de este tipo". En un momento de la noche, los integrantes de la patrulla se hacen una foto de grupo, en una de las plazas del barrio. Quieren inmortalizar así la noche del 3 de marzo, fecha en la que echaron a los gorrillas.
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