Tribuna de Opinión
Antonio Silva
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Antonio de Quintanilla está considerado como el último gobernador español en América del Sur. Era el representante del rey en la isla de Chiloé, donde hace unos días se le rindió un homenaje y se inauguró un busto en su honor, coincidiendo con los dos siglos que se cumplen del Tratado de Tantauco, que puso fin a la guerra de la independencia chilena el 19 de enero de 1826. Quintanilla ya era el único héroe de la España colonial que contaba con un monumento en América, pues tenía un medallón esculpido en un obelisco erigido hace cien años, en 1926, en el fuerte de San Antonio, en Ancud. Ahora se ha inaugurado una estatua, en un acto que contó con la presencia de un trastataranieto del gobernador, el sevillano Guillermo Alonso Morales de Quintanilla, quien a su vez fuera durante muchos años portavoz de la Guardia Civil de Sevilla.
"Nos reunimos hoy no para reabrir heridas ni para juzgar con ojos del presente los dilemas del pasado, sino para reconocer la dimensión humana, histórica y moral de un hombre que, en circunstancias extraordinarias, actuó con rectitud, con valentía y con un profundo sentido del deber", dijo Alonso en su discurso ante las autoridades y vecinos de Ancud, que inició con una referencia a las víctimas del accidente de los trenes en Adamuz. Quintanilla llegó a Chiloé en 1818, tras "una vida marcada por el esfuerzo, la austeridad y la fidelidad a sus principios". "Encontró un archipiélago pobre, con sus arcas vacías, con viudas y huérfanos que habían pagado un precio altísimo en las guerras del continente. Y, sin embargo, lejos de buscar su propio beneficio, lejos de aprovecharse de su cargo, Quintanilla eligió servir".
Contó el descendiente que su tatarabuelo quemó la goleta que su antecesor había preparado para huir y declaró ante los chilotes que jamás los abandonaría. "Reorganizó la hacienda, mejoró caminos, impulsó la educación básica, reconstruyó el ejército provincial y defendió estas tierras con una mezcla admirable de firmeza y humanidad. Su honradez fue tal que, pudiendo enriquecerse fácilmente, respondió: 'Yo no he venido aquí a hacer caudal, sólo tengo dos camisas y mi equipaje es tan pobre como el del soldado más infeliz". Ese espíritu tan poco común en cualquier época explica por qué su figura sigue viva en la memoria de Chiloé.
Lleguemos al 19 de enero de 1826. "Tras años de resistencia, sin recursos, sin refuerzos y con una población exhausta, Quintanilla comprendió que la guerra sólo traería más sufrimiento. Y eligió la vía más difícil para un militar: la rendición honrosa, la que preserva vidas, la que permite un futuro". El Tratado de Tantauco, dice Guillermo Alonso, fue "justo, digno y respetuoso" y consintió que los chilotes conservaran sus bienes. Chiloé se integró en la naciente República de Chile "sin un derramamiento de sangre innecesario".
En una carta previa, Quintanilla escribió una frase reveladora: "Disuada Vd. a todo el que piense en indepenencia sin sujeción a Chile de esta provincia". Con ello dejó claro que, si el archipiélago debía de dejar de ser español, su destino natural era Chile. "No buscó privilegios, no buscó ventajas personales, buscó lo mejor para los chilotes". Por eso hoy, dos siglos después, "no celebramos ni una victoria ni una derrota, sino la madurez histórica, la capacidad de dos adversarios para reconocerse mutuamente y para poner la vida de las personas por encima de la ambición política".
En los actos también estuvo presente un descendiente de Ramón Freire, general que combatía en el otro bando y que fue presidente de Chile al año siguiente. Además de participar en la inauguración del busto, Guillermo Alonso pronunció una conferencia en Ancud glosando la figura de su trastatarabuelo. Alonso agradeció la invitación a la Asociación de Hispanistas de Chile y a su presidente, Patricio Fuenzalida. Quintanilla nació en Pámanes (Cantabria) en 1787 y, al regresar de Chile, ocupó distintos cargos en España hasta su muerte en Almería en 1863. Su descendiente hizo un repaso de sus heroicas acciones en los años anteriores a la firma del tratado de Tantauco.
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