ACCIDENTE
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El impresionante medallero del Fatiga

Un ejemplo de superación

Juan Manuel nació con parálisis cerebral y es campeón andaluz y nacional de boccia, deporte paralímpico

El polideportivo municipal de Bormujos llevará su nombre

Juan Manuel Moreno, El Fatiga, junto a su ordenador. Detrás, Juana y Antonio, sus padres. / Víctor Rodríguez

En los papeles consta como Manuela Acevedo Acevedo, pero todos en Bormujos le dicen Juana. Nació en plena guerra civil, el 24 de enero de 1938. A sus 81 años, Juana tiene el mismo problema que las madres de Messi o de Rafa Nadal: no sabe ya dónde colocar tantos trofeos y medallas como tiene su hijo. Juan Manuel Moreno Acevedo (Bormujos, 1977) suma casi una cuarentena de campeonatos individuales y por equipos de Boccia y Slalom. El primero, de origen griego, parecido a la petanca, es paralímpico desde 1984. El segundo consiste en ir sorteando una serie de obstáculos en la silla de ruedas.

Toda su vida ha sido una continua carrera de obstáculos. Juan Manuel nació mes y medio después de que Vicente Aleixandre, que da nombre a la calle principal más próxima a su casa, ganara el Nobel de Literatura. Vino como un verso libre, en la escurriura que dice la gente de pueblo. Juana se casó el 30 de agosto de 1964 con Antonio Moreno Moreno, nacido el 1 de mayo de 1936. Nueve meses después de la boda vinieron los mellizos: Francisco y Antonio. El primero murió hace casi tres años. El segundo tuvo como padrino de bautizo al actor Juan Diego, primo hermano de su padre. El 24 de enero de 1971, el día que Juana cumplía 33 años, nace Domingo, que como su hermano Antonio trabaja en la construcción. Seis años largos después se completaba la familia, póker de varones, con Juan Manuel. Dicen que por una negligencia médica nació con parálisis cerebral. Nada le arredró. Hace veinte años empezó a practicar la boccia y el slalom. Le dicen el Fatiga. El Ayuntamiento de Bormujos requería doscientas firmas para ponerle su nombre al polideportivo de este municipio del Aljarafe, al que siempre llamaron El Barrero. Al despacho del alcalde, el socialista Francisco Molina, llegaron dos mil firmas. Antes del 28-F, el primer 28-F del presidente Juan Manuel Moreno Bonilla, el pabellón de Bormujos pasará a llamarse Juan Manuel Moreno Acevedo.

En cada habitación de su casa, en la plaza del Tinahón, hay una silla de ruedas, todas adaptadas para las exigencias de su práctica deportiva. Ya quisiera Fernando Alonso tener un mecánico como el que tiene el Fatiga. Domingo Moreno, su hermano, cuando vuelve de sus trabajos de albañilería, le prepara toda la logística: que no le falte batería al ordenador aplicado a uno de los brazos de la silla de ruedas; ha ingeniado un tubo que Juan Manuel vio por youtube que guarda e impulsa las bolas de la boccia: seis azules, seis rojas y una blanca que hace las veces de diana. El pasillo de la casa sirve de pista de entrenamiento, donde entrena con sus sobrinas Lucía y Natalia.

Será el segundo deportista de Bormujos cuyo nombre se reconoce públicamente. Antonio Pérez Acevedo, campeón del mundo de taekwondo, tiene una calle en el municipio. Juana está muy orgullosa de su hijo, que tiene problemas para expresarse, pero su torrente de sentimientos sirve como traducción simultánea. Con su mano izquierda, la única que puede utilizar, abre el ordenador, imprime su currículum y muestra un video que le hicieron unos alumnos de Universidad. A varios jóvenes les muestran una fotografía en la que aparecen cinco deportistas, uno de ellos en silla de ruedas. Les preguntan por quién ha conseguido más trofeos. Nadie imagina que el campeón de los campeones es Juan Manuel Moreno Acevedo. El video se titula Un antes y un después y forma parte de la pedagogía de Aspace, Asociación de personas con Parálisis Cerebral, para visualizar que con ganas y apoyo se pueden alcanzar los sueños. “Yo entreno para competir, no para perder el tiempo”.

Su primer equipo se llamaba Desacuerdos y ahora compite con Los Infatigables, que lo tienen como señuelo y timonel. Todas las semanas va al cementerio para visitar la tumba donde descansa su hermano Francisco, “dice que tiene una estrella en el cielo”. Fue subcampeón del mundo en Connecticut, Estados Unidos, aprovechó ese viaje para subir a lo más alto del Empire State. Es el orgullo de sus padres, de sus tías (en la casa estaban Pepa y Antonia, hermanas de su madre), de sus cinco sobrinos (Alicia, Antonio, Ana, Lucía, Natalia), de los dos mil paisanos que han puesto su firma para que el pabellón lleve su nombre con la unanimidad de todos los grupos políticos.

Una imagen del Cristo de la Veracruz de Bormujos preside su dormitorio, escoltado por un reguero de placas y medallas, un mapa de España con paradas en Elche y Baracaldo, Irún y Vilanova y la Geltrú, Benidorm y Cáceres, Pinto y Ferrol, Campello y Sant Cugat del Vallés, el atlas de sus triunfos. Sobre el ordenador, una galería fotográfica con sus éxitos deportivos, fotos de sus sobrinos, y de Soraya, su chica, que vive en Vitoria y vendrá a Bormujos a la rotulación del pabellón. La conoció por facebook.

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