Sevilla FC - Levante | La crónica El gran Sevilla de Machín sigue vivo (5-0)

  • El conjunto nervionense se reencuentra otra vez con sus señas de identidad contra el Levante, como en la primera vuelta

  • La voracidad de la segunda mitad fue espectacular y no es extraño el resultado de 5-0

Los futbolistas del Sevilla festejan uno de los goles al Levante. Los futbolistas del Sevilla festejan uno de los goles al Levante.

Los futbolistas del Sevilla festejan uno de los goles al Levante. / Joaquín Corchero

Dudas disipadas en un día cargado de incógnitas en el arranque. El gran Sevilla de Pablo Machín no se ha ido, sino todo lo contrario, sigue aún muy vivo a pesar de los numerosos problemas en forma de lesiones que lo están asaeteando. El conjunto nervionense se impuso con rotundidad al temido Levante en una segunda parte inmaculada. El gol inicial de Ben Yedder, que no llegó en el primer acto pero sí en el segundo, sirvió para sacar en estampida a un equipo que dejó a sus incondicionales esperanzados de nuevo con lo que están disfrutando a lo largo del presente ejercicio.

Existían muchos temores antes de que el balón echara a rodar en el Ramón Sánchez-Pizjuán y que alce la mano quien sienta la fe balompédica radicada en el sevillanísimo barrio de Nervión que no hubiera expresado su miedo a esta contienda contra el Levante. La cita llegaba emparedada entre los dos encuentros contra otros azulgranas que ahora centran la atención de manera principalísima y, además, los problemas se le acumulaban al entrenador soriano en forma de lesiones, algo que aún se agravó más durante el juego. Así que nadie podía ni imaginar siquiera el vendaval que se desataría tras el intermedio.

Porque la segunda mitad del Sevilla fue sencillamente espectacular. Ben Yedder abrió la lata en una jugada relativamente parecida a la que tuvo en el mismo minuto del primer periodo, aunque esta vez su fuerte disparo se metió entre las piernas de Oier y a partir de ahí todo fue diferente. Los miedos del cuadro local, y de sus fieles, se disiparon por completo y todo se convirtió en un verdadero placer desde ese momento.

Pese a no acabar en gol, el contragolpe de seis sevillistas contra uno fue un verdadero placer para los amantes del fútbol rápido

Porque nadie podrá negar que es una gozada para los ojos ver a un equipo salir al contragolpe como guepardos en busca de una gacela, con una ferocidad propia de la selva africana. Nada menos que seis futbolistas del Sevilla partieron en sprint sostenido después de un córner lanzado por el Levante para tratar de culminar una contra. Era algo rara vez visto en el fútbol, una acción de seis contra uno, como si se tratara de un partido en el recreo de un colegio con uno de los equipos ya derrotados, pero la resolución final no fue la correcta por los malos pases de sus protagonistas.

El Levante era un calco del sistema del Sevilla, hasta con futbolistas de perfiles similares

Dio igual, sin embargo, aquello se iba a convertir en una bella anécdota sin más, porque el Sevilla de ese momento ya era un animal dispuesto a devorar a un Levante que se había dado por vencido en ese intento por calcar el sistema de juego que está utilizando Machín con los suyos. Porque Paco López jugó exactamente igual, con futbolistas casi miméticamente reflejados en el otro lado. Campaña era Banega, Rochina era Franco Vázquez, Bardhi se parecía algo menos a Roque Mesa, los tres centrales se situaban exactamente igual y hasta la intención de los dos carrileros con los dos puntas arriba también ubicados de semejante manera.

Y con ese posicionamiento se pudo ver un primer periodo bastante equilibrado, con dos escuadras tratando de buscar las mismas cosas y con un fútbol que se interrumpía más de la cuenta, además de que parecía que el césped estaba poco regado y algo pastoso para restarle velocidad a la circulación de la pelota. El resultado era un atasco por el medio considerable y también escasas llegadas a las dos porterías. Eso sí, conviene precisar que todo podía haber cambiado de haber acertado Ben Yedder en el minuto 3, cuando Aleix Vidal le dio un pase perfecto y lo puso de gol en una de las mejores acciones del carrilero catalán desde su retorno al Sevilla, cacha previa a un rival incluida.

Pero el fútbol no entiende de posibilidades y sí de hechos concretos, así que el cero a cero perduró durante todo el primer acto con un Sevilla que trataba de hallar las espaldas del centro del campo levantinista sin demasiado éxito. Las pérdidas eran constantes y se echaba en falta el acierto de Franco Vázquez y Roque Mesa en las posiciones de interiores para tratar de conectar con Andre Silva y Ben Yedder.

Quien en el descanso hubiera pronosticado lo que sucedería después hubiera sido llevado con urgencia al antiguo recinto de Miraflores para que sus pensamientos fueran revisados por profesionales del ramo. Pero no, aquello se iba a convertir en una maravillosa locura para el goce de todos los sevillistas y para que éstos volvieran a ilusionarse con los suyos después de las últimas decepciones ligueras.

Bastó con que Ben Yedder provocara una superioridad en el costado derecho y que supiera conectar con Aleix Vidal y Roque Mesa para que el canario lo pusiera de gol y, esta vez sí, el menudo delantero pudiera hacer lo que mejor sabe, que es la definición, en este caso ante Oier. El Sevilla había conseguido ponerse por delante y desde ese momento ya nada sería igual que antes. La escuadra de Machín comenzó a tocar a un ritmo altísimo y empequeñeció tanto al Levante que el fiable cuadro granota pareció el peor de la categoría poco más o menos.

Para ello también fue importante, dicho sea de paso, la delicatessen de Banega en el pase que dio origen al segundo gol, pues el argentino le metió un balón medido a un Promes que ya se había ido a la derecha ante la nueva lesión muscular de Aleix Vidal. Andre Silva se encargó del resto y ya la fiesta fue plena hasta el final. Ni siquiera importó que ese maravilloso contragolpe de seis contra uno no llegara a contabilizarse como gol en el marcador, el Sevilla ya se había convertido en una máquina y, además, tenía la voracidad de un animal salvaje para sumar un gol detrás de otro. Está claro que el gran Sevilla de Machín no se había ido, está ahí y muy vivito por cierto en todos los frentes.

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