Sevilla FC | Renovación de Banega y Sarabia La clave del factor humano

  • La capacidad de convicción de Caparrós y la positiva influencia de Machín en el grupo deben pesar para que Sarabia y Banega no rompan la baraja a mitad de curso

Banega bromea con Roque Mesa ante varios compañeros, con Sarabia detrás. Banega bromea con Roque Mesa ante varios compañeros, con Sarabia detrás.

Banega bromea con Roque Mesa ante varios compañeros, con Sarabia detrás. / José Ángel García

En el fútbol de hogaño el dinero manda sobre todas las cosas de una forma desmesurada. Pero el factor humano también tiene su peso. En el Sevilla, en el sevillismo, hay una fundada incertidumbre sobre el futuro inmediato de dos de sus principales figuras, Banega y Sarabia. Ambos cumplen contrato en 2020, tienen cláusulas de rescisión muy accesibles para cualquier club de peso y sus renovaciones no terminan de plasmarse por escrito. Entretanto, desde fuera llegan cantos de sirena que acentúan esa inquietud. El anuncio por el Daily Star de que el Arsenal va a por Banega, por ejemplo.

Desde Madrid también ha llegado, en muy menor medida, alguna noticia referente al presunto interés del club de Florentino Pérez en repescar a Sarabia, su otrora perla de la cantera. Pero mientras los dos futbolistas, ahora de vacaciones, no sólo han demostrado su implicación con su fútbol y su talento, sino que dejan entrever buena sintonía en un grupo entregado a muerte con Pablo Machín. Su discurso tras el partido en Butarque es muy ilustrativo de esto.

La influencia positiva del entrenador soriano en el vestuario es parte de ese factor humano que no da el dinero y que, por ejemplo, convenció a Banega a volver a Sevilla porque su familia está mucho más adaptada al cálido ambiente hispalense que al frío glamuroso de Milán.

En ese contexto, es hasta comprensible que Banega pidiera permiso en forma de quinta tarjeta para adelantar sus vacaciones y asistir en Argentina a la boda de su hermano, como publicó él mismo en Instagram. Sí se mostró contrariado Machín, en cambio, con la quinta amarilla que vio Sarabia, y que no tenía un motivo tan fraternal, dado que el jugador estuvo en Leganés con el equipo –también con su familia– como uno más, y podría haber jugado de no mediar aquella inoportuna y absurda amonestación por perder tiempo ante el Girona.

Lo que está consiguiendo Machín con el Sevilla, dando prioridad siempre al concepto de equipo, tiene mucho que ver con su capacidad de gestión para que Banega y Sarabia se hayan hecho con los galones. El primero, como único medio centro. El segundo, como interior en lugar de mediapunta. Y ese sobreesfuerzo constante es lo que debe premiar ahora Caparrós. Cuanto antes, mejor, para evitar que esos cantos de sirena se conviertan en sonido ensordecedor.

El factor humano también implica la capacidad de convicción de Joaquín Caparrós sobre ambos. De hacerles ver su importancia. Y de convencerlos de que plasmen de una vez sus firmas en sus renovaciones por encima de los deseos, muchas veces egoístas, de sus agentes de dilatar el asunto.

La pelota está en el tejado de los futbolistas. Lo que están logrando en el Sevilla, su preponderancia en el césped y en el vestuario, su protagonismo y capacidad de liderazgo son factores a favor de su continuidad. Y el club debe apoyar económicamente ese esfuerzo, siempre dentro de unos límites. Porque el dinero manda, pero no debe serlo todo.

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