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Un engañoso consuelo

Dentro del valor del empate rescatado por Akor Adams en Elche, el Sevilla cerró la jornada más cerca del descenso que en la anterior · Con García Pimienta el equipo tenía a estas alturas 5 puntos más

La transformación de Akor Adams: 5 goles y 3 asistencias en poco más de un mes

Oso y Miguel Sierra protestan ante De Burgos Bengoetxea. / Pablo Miranzo

Matías Almeyda le dio el lunes un tremendo valor al punto sumado en el estadio Martínez Valero ante el Elche. Y lo tiene. En este Sevilla un punto es oro, pero cuidado con perder la perspectiva. El equipo que dirige el argentino sigue muy cogido con alfileres, entregado a sus rivales en muchas fases de los partidos y agarrado a las intervenciones salvadoras de Vlachodimos.

El entrenador sevillista repite una y otra vez que hay que tener tranquilidad y que la batalla va a durar hasta el final de Liga, por lo que no vale dejarse engañar y pensar que un punto rescatado ante el Elche –un recién ascendido, no lo olvidemos– en el último suspiro quiere decir que es ir por el camino correcto. Para empezar, porque los rivales ganan y el Sevilla no. Los de Almeyda estaban antes de la disputa de la última jornada tres puntos por encima del descenso. Ahora, después del punto sumado, está a dos.

Que supone una mejoría es evidente, que ha ayudado a tranquilizar las cosas en cuanto a las miradas que ya centraba Almeyda, está claro, pero no hay que olvidar que tampoco está de más relativizarlo todo. Igual que se hace necesario mantener la calma tras las derrotas, no se puede caer en un engañoso consuelo a la mínima de cambio.

El Sevilla en Elche dispuso de bastantes ocasiones de gol, muchas más que ante el Levante y el Celta en casa, pero sigue sin dominar las áreas, deja muchísimos espacios para que los rivales se planten delante de Vlachodimos sin apenas oposición y no deja de ofrecer malas sensaciones convirtiendo los partidos en correcalles que no puede manejar. En el último mes, el Sevilla de Almeyda ha sumado un solo punto en cuatro partidos de Liga y ha sido eliminado de la Copa del Rey.

Matías Almeyda. / DAvid Arjona

El equipo blanco tiene actualmente 5 puntos menos que con Xavier García Pimienta a estas alturas la pasada temporada. Hace un año, tras ganar en la vigésima jornada al Girona (1-2) con goles de Saúl Ñíguez y Lukébakio, el Sevilla estaba undécimo con 26 puntos (7 victorias, 5 empates y 8 derrotas). Hoy tiene 21 en la misma jornada y llegó a acumular cuatro derrotas consecutivas, circunstancia que en su día supuso la destitución del catalán, que nunca llegó a tener al Sevilla por debajo del decimocuarto puesto. A García Pimienta lo mandaron a su casa con 7 puntos por encima del descenso. Tras perder en Valencia tenía 36, cuando Las Palmas, decimoctavo, sumaba 29. Pero estaba a la misma distancia del séptimo, el Celta, a 7 puntos (43).

La situación del club, evidentemente ha cambiado. A nivel económico y a nivel deportivo. No está Víctor Orta, aunque al caso, pintaba poco en estas decisiones. En contra de la perspectiva general, Joaquín Caparrós lo que hizo fue claramente empeorar al equipo. Lo salvó, sí, pero acabó un punto por encima del descenso tras asumir el cargo con un colchón de 7 y con sólo 8 jornadas por disputarse. De hecho, no mejoró su clasificación. Fue dos jornadas decimoquinto, tres decimosexto y acabó decimoséptimo.

Pero todo eso es pasado. Ahora Almeyda, con un equipo peor y sin posibilidades reales de de reforzarse, debe mejorar más y no conformarse con salvar un punto con aires de heroicidad tras un 2-0 en Elche.

Akor e Isaac, juntos

Dentro de su modelo innegociable de duelos individuales, lo que abre enormemente el campo y deja muchísimos espacios a los rivales, en la segunda parte del Martínez Valero sí experimentó el argentino con la figura de hacer jugar juntos a Akor Adams e Isaac Romero, lo que además hace más eficaz la presión del equipo cuando el rival intenta salir desde atrás. Claro que, una vez superada esta primera línea, el equipo tiene una pieza menos para defender y para ejecutar esas persecuciones que son parte fundamental del ideario de Almeyda.

Sin preocupaciones y, como dice el entrenador, sin perder la tranquilidad, el Sevilla necesita mucha mejoría para llegar a donde quiere estar sin poder reforzarse como los rivales. Antonio Cordón, escondido desde aquella comparecencia nocturna y casi clandestina al final del último mercado, volvía a aparecer antes del partido ante el Elche para no decir nada, o mejor dicho, para volver a insistir en lo mismo, en que “el grupo es más importante que los refuerzos” y que el Sevilla lo va a tener crudo para fichar en lo que queda de enero. Si logra vender a un jugador, el extremeño explicó que “podremos utilizar una parte muy pequeña, por lo que hay que ver si interesa debilitar al equipo”. Es decir, que da por hecho que lo que venga será peor que lo que salga.

Así, el punto que rescató Akor tiene su valor, pero se antoja un consuelo insuficiente.

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