Villanovense-Sevilla | Crónica

Con la torta en la Serena (0-0)

  • Los de Machín deberán decidir en Nervión tras un vulgar encuentro en el que no hizo aflorar jamás su superioridad

Un momento del partido ante el Villanovense Un momento del partido ante el Villanovense

Un momento del partido ante el Villanovense / Luis Trujillo

El fútbol es una verdad a medias. Y estos partidos son los que, a veces, lo demuestran. El Sevilla Fútbol Club, a la sazón subcampeón de Copa y cuya plantilla supera los 200 millones de valor de mercado, fue como un equipo más de los que cada domingo visitan el estadio del Villanovense. Vulgar, ramplón, mediocre, poco ambicioso, temoroso... como todos. O como muchos, porque hay honrosas excepciones y la Segunda División B merece todos los respetos posibles.

El equipo de Machín, como el Barcelona en 2015, se marchó de vacío de Villanueva de la Serena y tendrá que decidir su pase a octavos de final en el Ramón Sánchez-Pizjuán, donde si todo se desarrolla dentro de la normalidad los sevillistas deben imponer con más facilidad su superioridad a todos los niveles: técnico, físico, táctico y también cognitivo. Pero en el fútbol no se puede prever nada. Incluso con el marcador a favor en la ida, un 0-1, se jugó no hace mucho el Sevilla el pase en Nervión ante un equipo de Segunda B, el Racing de Santander, y acabó eliminado. Por eso, los cánones de todo esto dicen que un equipo que juega competición europea, que aspira a la Champions, a ganar la Copa y que hace nada era líder, lo más recomendable que puede hacer en estos casos es dejar solventada la eliminatoria en la ida.

Pero el Sevilla ni siquiera fue mejor que su rival. El Sevilla salió con la torta en Villanueva, donde los meritorios se quitaron del cartel ante lo desagradable que pintaba la tarde. Un césped blando que cada vez se hacía más resbaladizo, un rival que iba bien al cuerpo a cuerpo, una fiesta en las gradas supletorias y mucho imberbe en la alineación de un Pablo Machín que quiere uno pensar que no se esperaba una respuesta así de los suyos.

Porque no es que al Sevilla le costara mandar en el partido, es que acabó encerrado y pasándolo mal ante un rival más bullicioso que si no se llevó la victoria fue por un incomprensible fallo de Pajuelo bajo el mismo larguero de Juan Soriano cuando lo más difícil era sacar el balón de la portería y porque Iglesias Villanueva no señaló penalti en unas manos claras de Aleix Vidal dentro del área que en la Liga, con el VAR funcionando, hubiera tenido otro desenlace.

Apenas un tiro a puerta entre los tres palos (de Borja Lasso desde el exterior) y dos balones al exterior de la madera de Muriel y Promes pueden contarse como balance ofensivo de un equipo sin alma ninguna y con los hombres de calidad, los de ficha millonaria, escondiéndose descaradamente desde el minuto uno.

Con jugadores que daban la sensación de estar fuera de un entorno conocido, como si todos los campos de fútbol no fueran iguales, el Sevilla inició el duelo con cierto dominio de la posesión pero sin controlar el juego. Machín había dispuesto lo previsto, con dos jugadores fuera de sitio para completar un trío de centrales con Gnagnon –el mensaje mandado al club con Berrocal parece claro– y Javi Vázquez como novedad para no cansar a Arana.

Pero ese equipo, con Roque Mesa, Nolito y Borja Lasso con la obligación de llevar el peso, sobre todo los primeros, fue incapaz de generar una combinación potable en toda la primera parte, unos cuarenta y cinco minutos que transcurrieron entre voleones de Gnagnon y fútbol fácilmente controlable por el Villanovense.

Encima, atrás daba la sensación de no estar todo controlado, sobre todo en el flanco del francés y cuando entraba en juego un Juan Soriano que no recibía tampoco mucha ayuda. Un fallo suyo en una salida para borrarla del vídeo pudo ser el 1-0, pero Pajuelo la sacó de la raya en vez de meterla. Ahí quizá empezó a sentir Machín que la tarde podía torcerse bien. A Promes ni se le veía, Muriel no ayudaba en el repliegue ni en la presión tras las pérdidas propias, Nolito era Nolito, Aleix Vidal no desentonaba nada con los futbolistas de Segunda B y Roque Mesa sentía que el partido y el estado del césped no iba bien con su peinado.

El resultado fue un equipo de Primera retrocediendo cada vez más ante el que pasa apuros en Segunda B. El mundo al revés. Pero en uno sus futbolistas salieron con la torta en la Serena y en el otro a buscarse el pan para juntar su delicioso queso en el mundo del fútbol.

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